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Freddy Mamani, arquitecto neoandino: “Hemos recuperado esencias milenarias en la modernidad” CULTURA Imagen Instagram @freddy_mamani_silvestre

Freddy Mamani, arquitecto neoandino: “Hemos recuperado esencias milenarias en la modernidad”

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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El arquitecto e ingeniero boliviano Freddy Mamani, referente mundial de la llamada arquitectura Neoandina, estuvo en Santiago para ofrecer una charla magistral en la Universidad de Santiago de Chile como parte de la programación de la quinta edición del Festival Cultura Migrante.


Hace 20 años se inauguró en El Alto, Bolivia, un edificio con formas y colores que se diferenciaba del característico color ladrillo que marcaba el paisaje de la ciudad andina. La idea estaba detrás del ingeniero Freddy Mamani Silvestre, a través de su arquitectura, conocidas popularmente como “cholets”, emerge una explosión de color y geometría que desafía las convenciones arquitectónicas.

Su trabajo es una fusión de identidad cultural, funcionalidad económica y una provocación a las normas preestablecidas.

Mamani es un arquitecto boliviano con estudios de ingeniería, conocido por su trabajo en arquitectura neoandina con más de 60 proyectos construidos en la ciudad boliviana de El Alto.

 

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El arquitecto e ingeniero estuvo en Chile como parte de la quinta edición del Festival Cultura Migrante de la Universidad de Santiago, el que está dedicado a Bolivia. En conversación con El Mostrador Mamani explica que su singular estética surge de una “evolución según a mi vivencia, a lo que ha crecido El Alto, y según a lo que he ido aprendiendo en la universidad”.

Ruptura, raíces y color

El ingeniero relata que la ciudad de El Alto crecía sin una identidad arquitectónica propia, y fue precisamente esa ausencia lo que lo llevó a innovar y proponer una nueva tendencia. Para ello, decidió recuperar las líneas y trazos geométricos de Tiahuanaco, una arquitectura milenaria ubicada a pocos kilómetros de la ciudad. Al mismo tiempo, frente a un entorno urbano marcado por la monocromía, incorporó colores inspirados en los textiles ancestrales y contemporáneos andino-amazónicos de Bolivia, de esta manera, fusionó ambos elementos para dar forma a una propuesta arquitectónica que rescata iconografías milenarias y las reinterpreta a través de su obra.

Instagram @freddy_mamani_silvestre

Su visión nació de un deseo de romper con la “tendencia occidentalizada, que nosotros como estudiantes no podíamos romper esas reglas, esas normas” en la que las universidades “encuadrados, encajonados” a los estudiantes. Tras sus estudios, se propuso crear algo propio “que identifique a mi pueblo o a mi ciudad”.

El Alto, es una ciudad joven que sufrió un gran cambio por la inmigración campo-ciudad, ese crecimiento hizo que la identidad arquitectónica no fuese la prioridad, de modo que para Mamani reivindicar la identidad chola a través de la arquitectura era uno de sus objetivos principales.

“Hacer que los habitantes se identifiquen a través de la arquitectura, incluso los nuevos ricos aymaras, ha sido fundamental. Estas edificaciones son habitables, tienen su propia vida, son autosustentables económicamente en el tiempo. Para muchos propietarios se convierten en una fuente de seguro social, porque al envejecer pueden alquilar y les retribuye económicamente”, sostiene.

Instagram @freddy_mamani_silvestre

Más Allá de la Estética: Función Social y “Seguro Social”

Una de las características principales de los edificios de Mamani son habitables y tienen “una funcionalidad diferente, son más dinámicos, tienen su propio ajayu, quiere decir que tiene su propia vida, o sea, es autosustentable económicamente en el tiempo”.

Un aspecto fundamental es su función como “seguro social” para sus propietarios: “estos edificios hacen como su fuente de seguro social, porque en el tiempo, cuando ya son más ancianos, les retribuye, o sea, hasta el final de sus vidas, ellos pueden arrendar, alquilarlas, y les retribuye económicamente”.

A través de los años, la arquitectura de Mamani ha sido interpretada por historiadores, arquitectos y académicos como reflejo el de un cambio social y económico en El Alto, fenómeno que él matiza.

“No es tan verdad que aparecieron de pronto los ricos aymaras, ricos siempre ha habido desde antaño. Lo que no había era cómo identificarse con un edificio. Ahora, con estos cholets, la gente se agarra de esta arquitectura y se siente reconocida”, afirma.

Además agrega que su arquitectura “ha sido una provocación frente a la sociedad y para la academia local. Para mí es una reivindicación social, económica, cultural. Hemos recuperado esencias milenarias en la modernidad y eso es importante, hacer prevalecer que todavía existimos, no solo en el pasado, sino en el presente y para el futuro, porque somos una sociedad andina, amazónica, que en Latinoamérica existimos, no solo en Bolivia, sino en diferentes países”.

Actualmente, las construcciones de Freddy Mamani han comenzado a traspasar fronteras. Después de casi veinte años de trabajo en la ciudad de El Alto, su propuesta arquitectónica también se ha plasmado en Brasil, en Perú y, más recientemente, en París, en la Fundación Cartier. Para él, esta apertura internacional es fundamental, pues representa la posibilidad de mostrar al mundo una estética enraizada en Sudamérica.

Considera especialmente valioso que su obra esté siendo reconocida fuera de Bolivia, ya que su propósito principal es demostrar que en la región existen culturas con raíces propias capaces de dialogar con la modernidad.

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