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¿ Y qué pasó con las responsabilidades políticas del más alto nivel?

por 27 noviembre, 2018

¿ Y qué pasó con las responsabilidades políticas del más alto nivel?
Moverse en escenarios de guerra y de violencia, no obliga a ser inculto, torpe o desinformado. Esos niveles en el desarrollo de la fuerza son responsabilidad del mando. El contingente es seleccionado y conducido por mandos concretos, con atribuciones sobre él, y responden a mandatos específicos de la autoridad política responsable. En este caso, nada de ello se cumplió. Pareciera que el creador de esta fuerza, o quien lanzó la idea de “cuerdas separadas”, era tan ignorante del escenario específico como los integrantes del comando.
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Cuando un comando SEAL fue enviado para capturar o eliminar, si se resistía, a Osama Bin Laden en Paquistán, el operativo en curso era seguido en tiempo real por el Presidente Obama y sus asesores desde la Casa Blanca. Dicho operativo pudo haber sido detenido en cualquier momento con una orden presidencial enviada en directo al comando. La imagen de Obama rodeado de sus asesores, mirando las acciones en una pantalla, es precisa, suficiente… y terrible.

Durante el proceso de planificación del operativo, los soldados recibieron, preferentemente, conferencias de expertos sobre las implicaciones políticas de la operación y la importancia altísima de cada uno de sus movimientos, más aún, porque se estaba actuando conspirativamente sin autorización del gobierno de Pakistán y el gobierno norteamericano tenía que responder directa e internacionalmente por lo que ocurriera.

Señalo esto como ejemplo y demostración de la alta preocupación por la responsabilidad política de las máximas autoridades, quienes habían dado la orden y entregado la responsabilidad operativa de la acción. Una postura seria, coherente.

La prédica permanente sobre el escenario en donde cursa el llamado conflicto mapuche, lo ha definido como difícil, complejo, delicado, de gran importancia política y no solo étnica. Por lo tanto, la creación de una fuerza especial a la cual se le da un alto rango de responsabilidad, incluso entrenándola en el extranjero, obligaba a proveerla de un entrenamiento muy prolijo respecto de la importancia y consecuencia de cualquiera de sus actos.

Por cierto, jamás el Presidente Piñera dirigirá en tiempo real una actividad de este o cualquier otro comando. Pero era esperable una selección prolija del personal que formaría parte de esas tropas, la necesidad de enseñarles, no solo como moverse en la selva fría, sino también alcanzar una profunda comprensión del escenario en que se moverían, el tipo de oponentes que deberían enfrentar, los efectos políticos de sus actos, el respeto a los derechos humanos, el apego irrestricto a las normas, protocolos y leyes.

Si ese personal fue capaz de eliminar las grabaciones del asesinato, ello indica que no hubo prolijidad en la selección ni en el entrenamiento. Ocultar las evidencias de los propios actos, indica que la calidad profesional del personal era menos que mediocre.

Moverse en escenarios de guerra y de violencia, no obliga a ser inculto, torpe o desinformado. Esos niveles en el desarrollo de la fuerza son responsabilidad del mando. El contingente es seleccionado y conducido por mandos concretos, con atribuciones sobre él, y responden a mandatos específicos de la autoridad política responsable. En este caso, nada de ello se cumplió. Pareciera que el creador de esta fuerza, o quien lanzó la idea de “cuerdas separadas”, era tan ignorante del escenario específico como los integrantes del comando.

Pensar que se puede desarrollar una política concreta en un escenario como lo hemos definido, desplegando operaciones de contraterrorismo y convocando mesas de encuentro y diálogo simultáneamente, sin evaluar los efectos de una en otra, es de una improvisación y un apresuramiento incomprensibles.

Luego del desastre vino el juego de las confusiones y tergiversaciones. Todo ello mostraba que las máximas autoridades no habían hecho el análisis prospectivo obligatorio para el caso de que ocurriera lo que ocurrió. No actuaron los organismos de inteligencia policiales y civiles proveyendo análisis para diseñar cursos de acción probables. No existió coordinación entre los organismos actuantes, tampoco intercambio de escenarios posibles.

El Comando Jungla empezó a disminuir de tamaño, de calidad, hasta no ser lo que se decía que era, ni haber actuado como se decía que lo había hecho, incluso, en medio de la confusión se convirtió en otra cosa que se denominó Gope. Si los integrantes de la fuerza mienten, las máximas autoridades quedan entrampadas en una situación imposible. Pero eso se resuelve antes, con diseños prolijos, con un sistema decisional informado, con previsiones certeras, con anticipación exhaustiva, delegando las acciones en una conducción de alto profesionalismo, funcionarios que no tengan que ser después dados de baja al haberlos lanzado a un escenario tergiversado.

Se creó la fuerza y eso le pareció suficiente a quien se puso al frente. Pareciera que solo se trataba de crear una imagen de eficacia, de reacción enérgica decisional, don de mando y disposición a enfrentar las contingencias ahora sí que con eficacia.

Si eso es lo que se deseaba mostrar, no se debió reclutar a ineptos mentirosos y dejarlos en manos de su propio criterio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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