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El general no tiene quien le escriba

por 10 diciembre, 2018

El general no tiene quien le escriba
A diferencia de Bachelet con Villalobos, Sebastián Piñera no dudará si debe tomar la decisión de sacar a Hermes Soto. El Presidente sabe que el giro que han tenido con Carabineros, desde el 14 de noviembre a la fecha, es una tabla de salvación para poder mantener a flote una de sus promesas de campaña que más sobreexpectativas creó en la región –ganó con un 62%– y el país: terminar con la violencia en La Araucanía. Y, claro, el magro resultado de 37% de aprobación en las encuestas CEP y Criteria, conocidas el viernes pasado, son un incentivo para tomar medidas que ayuden a mejorar la percepción pública, aunque para ello deba despedir a un general nombrado por él mismo hace unos pocos meses.  
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El 14 de noviembre quedará como esos días en los que se produce un punto de inflexión, en que la historia hace un giro, un momento, una fracción de tiempo que desnuda una realidad, que deja al descubierto las debilidades, inconsistencias y errores que, de otra forma, no podrían salir a la luz. Los disparos ejecutados por el sargento Carlos Alarcón no solo derrumbaron al Plan Impulso Araucanía –a dos meses de su estreno–, sino que además dejaron en evidencia la profundidad de la crisis de Carabineros. El fraude millonario llamado “Pacogate” y la Operación Huracán son los capítulos que antecedieron a esta suerte de tragedia para Carabineros. Su 14N.

Lo cierto es que la historia, que comenzó con un –ya a estas alturas– sospechoso robo de vehículos en una escuela ubicada en el centro de la zona de conflicto, ha tenido un giro que aún puede deparar mayores sorpresas. Solo recordemos que el propio general director se desplazó a la región dos días después y en su momento declaró que lo hacía para apoyar al personal policial del Comando Jungla. Además de lo confuso de la aseveración –había resultado muerto un comunero en manos de sus subordinados–, Hermes Soto olvidó señalar lo más relevante: que el ministro Chadwick lo había obligado a dirigirse hacia el lugar de los hechos. La cadena de errores, entrega de información falsa, cambios de testimonios y participación de altos oficiales en el episodio, supera la imaginación del equipo más creativo de Netflix.

Pero lo más grave es que aquí, al parecer, hubo una intervención directa, planificada y consciente de abogados, coroneles y generales para “instruir” a los sargentos involucrados, de manera de entregar una versión que disminuyera la gravedad de los acontecimientos y afectara lo menos posible la ya dañada imagen y reputación de Carabineros. ¿Cómo es posible que el ex general inspector de Orden y Seguridad, es decir, el segundo de a bordo en la institución llegara de madrugada al lugar en que estaban entregando declaraciones los inculpados y se reuniera con ellos entre interrogatorio e interrogatorio? ¿Es que acaso el mensaje entregado en un video por el ex sargento Alarcón, en que el señaló que los habían “obligado a mentir” fue una manera de protegerse y advertir al alto mando que podría entregar detalles de su afirmación al fiscal?

En esta cadena de intrigas, el general Hermes Soto ha quedado en la mira y con un daño severo a su imagen. El alto oficial se ha mostrado confuso, reactivo y enredado con el Gobierno. Luego de la frase “nos mintieron”, que pronunció junto al ministro Chadwick, y que se entendió como un respaldo irrestricto a su mandato, La Moneda ha tomado distancia y tratado a Soto como un estudiante que debe rendir exámenes a diario, al que se le dan instrucciones que debe cumplir sin cuestionamiento. De seguro, las sospechas de hasta dónde sabía los pormenores el general, generaron una desconfianza, que parece ir aumentando a medida que se han conocido detalles. ¿Es posible que el ex general Franzani no haya llamado a Hermes Soto para comentarle de su entrevista con los involucrados y oficiales a cargo en La Araucanía? ¿Los abogados de Carabineros, en un caso tan delicado, no informan al máximo oficial de su estrategia de defensa?

En esta cadena de intrigas, el general Hermes Soto ha quedado en la mira y con un daño severo a su imagen. El alto oficial se ha mostrado confuso, reactivo y enredado con el Gobierno. Luego de la frase “nos mintieron”, que pronunció junto al ministro Chadwick, y que se entendió como un respaldo irrestricto a su mandato, La Moneda ha tomado distancia y tratado a Soto como un estudiante que debe rendir exámenes a diario, al que se le dan instrucciones que debe cumplir sin cuestionamiento.

De seguro, las sospechas de hasta dónde sabía los pormenores el general, generaron una desconfianza, que parece ir aumentando a medida que se han conocido detalles. ¿Es posible que el ex general Franzani no haya llamado a Hermes Soto para comentarle de su entrevista con los involucrados y oficiales a cargo en La Araucanía? ¿Los abogados de Carabineros, en un caso tan delicado, no informan al máximo oficial de su estrategia de defensa? Curioso.

El trato recibido por el Ejecutivo en Carabineros, especialmente en la última semana, debe estar generando mucha inquietud entre la oficialidad. Mal que mal, que un Gobierno de derecha sea el que esté planteando una reestructuración profunda, cuestionándolos y tomando decisiones por ellos, de seguro ha despertado una sensación nostálgica de los gobiernos de centroizquierda. Bachelet apoyó a Villalobos hasta el último momento, pese a los dos escándalos que vivía la institución.

El sábado pasado, el Presidente Sebastián Piñera anunció el retiro del Gope de La Araucanía. Pese a la trascendencia de la decisión, esta vez no lo hizo acompañado del general director. Por el contrario, estaba escoltado por todo su equipo político. La señal fue clara, el Mandatario quiere darle conducción política a una crisis que necesita un giro, un cambio de rumbo con urgencia, antes que termine este mes, de lo contrario, el Plan Araucanía “pasará a marzo” y las probabilidades de que termine por muerte natural son altas.

Pero además del fin del famoso Comando Jungla, la autoridad informó que los policías deberán capacitarse en temas multiculturales, DDHH y que presentará un plan para reestructurar a Carabineros, proceso que tendrá la supervisión del subsecretario de Interior. En otras palabras, la institución policial quedó intervenida por La Moneda. Control político, direccionamientos y los cambios que vendrán, serán decididos por el Presidente y ministro del Interior y acatados por la policía. El general director, entonces, queda en una posición muy incómoda de aquí en adelante. La pregunta es si este proceso de cambios debe ser con o sin quien, por ahora, sigue siendo más parte del problema que de la solución. Y, claro, aún está por verse si al general “le mintieron” todos, es decir, sus subalternos desde el más alto nivel jerárquico hasta el sargento que mató a Catrillanca o terminamos por conocer que intervino en alguna parte de la cadena.

Bueno, y a diferencia de Bachelet con Villalobos, Sebastián Piñera no dudará si debe tomar la decisión de sacar a Hermes Soto. El Presidente sabe que el giro que han tenido con Carabineros, desde el 14 de noviembre a la fecha, es una tabla de salvación para poder mantener a flote una de sus promesas de campaña que más sobreexpectativas creó en la región –ganó con un 62%– y el país: terminar con la violencia en La Araucanía. Y, claro, el magro resultado de 37% de aprobación en las encuestas CEP y Criteria, conocidas el viernes pasado, son un incentivo para tomar medidas que ayuden a mejorar la percepción pública, aunque para ello deba despedir a un general nombrado por él mismo hace unos pocos meses.

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