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La derecha incontrolable, el eterno problema de Piñera

por 28 diciembre, 2018

La derecha incontrolable, el eterno problema de Piñera
Los mensajes desde el oficialismo, que van desde el congelamiento hasta amenazas veladas a quienes apoyen a José Antonio Kast, han provocado el efecto contrario. Aumentan en la base de derecha dura las simpatías por JAK, quien tiene una habilidad comunicacional no comparable con ningún otro personero de derecha, con la excepción de Lavín. En el año que viene, con un Gobierno debilitado y una presencia mayor en los medios de la llamada “derecha honesta” –como suelen llamarse a sí mismos los partidarios de Kast–, va a ser un peligro incontrolable.
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Cuando todo parecía calmo en las aguas de la derecha, viene José Antonio Kast, como el Krakatoa, a levantar tsunamis en el oficialismo chileno. El Presidente Sebastián Piñera, que sabe los peligros de tener díscolos en sus tropas, no la debe estar pasando muy bien. Un antiguo dicho de periodistas políticos recordaba que las guerras civiles en la derecha son mucho más sangrientas, recuerdan a El Padrino, donde se mandan a matar mientras están en sus matrimonios o celebrando misa.

El Presidente –previendo eso– había tratado de controlarlo todo en los partidos. Había logrado domesticar a la UDI, después de la caída en desgracia de Jovino Novoa, su principal contrincante. También RN, que en su Gobierno anterior tuvo a Carlos Larraín de francotirador, se había vuelto dócil y parecía que Mario Desbordes, ahora vuelto un furibundo piñerista, tenía todo pacificado.

También Piñera fue exitoso en calmar a Evópoli y darle los suficientes caramelos para que olvidara un rato sus ansias liberales y fuera muy disciplinado en cuadrarse en los difíciles momentos de la crisis por el homicidio de Camilo Catrillanca. Un gabinete además que equilibraba presencia de los partidos con lealtad presidencial ayudaba a la sensación de orden. Pero como ha hecho ver el sociólogo Ulrich Beck en sus textos sobre sociedad del riesgo, muchos intentos de tener todo bajo control hacen aumentar la incertidumbre y los peligros.

Para la Moneda es un laberinto sin solución. Si lo ataca buscando posicionarse como un Gobierno de centro, Kast crecerá más aún, pues al igual que Trump y Bolsonaro logra presencia en los medios en la medida en que los otros hablan de él. Pero si decide ignorarlo tendrá que enfrentarlo en cada proyecto donde busque acuerdos con la oposición. El discurso de Kast, de que gobierna para la izquierda, puede ser miel en los oídos para muchos parlamentarios de derecha. Increíblemente y sin merecerlo mucho todavía, para la oposición se abren las puertas del retorno al poder. El conflicto Kast-Piñera puede finalmente desangrar al Gobierno y con ello matar la ilusión de los ocho años en la Moneda, que por cierto ya nadie repite.

En este caso el causante fue José Antonio Kast, quien con la misma paciencia y muchos más recursos que los que tuvo en su tiempo Giorgio Jackson, construyó un movimiento que logró en primer lugar pautear al Gobierno y correrlo hacia la derecha, y ahora, post-Catrillanca, mermarle su base política creando un grupo de díscolos que ha llegado incluso a decir que el Presidente no es el jefe político de la coalición. JAK es un riesgo más difícil de manejar que los partidos en su primer Gobierno, donde Piñera tuvo que cambiar su diseño y colocarlos en el gabinete, por la sencilla razón de que al ex diputado no se le calma con cargos.

Los mensajes desde el oficialismo, que van desde el congelamiento hasta amenazas veladas a quienes lo apoyen, han provocado el efecto contrario. Aumentan en la base de derecha dura las simpatías por JAK, quien tiene una habilidad comunicacional no comparable con ningún otro personero de derecha, con la excepción de Lavín. En el año que viene, con un Gobierno debilitado y una presencia mayor en los medios de la llamada “derecha honesta” –como suelen llamarse a sí mismos los partidarios de Kast–, va a ser un peligro incontrolable.

JAK tiene además el deseo claro de ser candidato a Presidente sin necesidad de pasar por la primaria de Chile Vamos. Por tanto, podría enfrentarse en una primera vuelta con el candidato del piñerismo, lo que le quitaría sentido a la primaria. Bien sabe Kast que su porcentaje no le da para ganar en primera vuelta, pero sí para forzar una segunda, donde su contendor ideal sería alguien del Frente Amplio y así poder construir un clivaje similar a Chilezuela o al bolsonarismo en Brasil.

Por ello, demoler y apropiarse de la base de la derecha es su objetivo. Ni siquiera ha necesitado construir un partido nuevo, pues dentro de los propios de la derecha goza de simpatías y no es descartable que la reelecta Jacqueline Van Rysselberghe termine acercándose a sus territorios y así terminar con Lavín y lo que resta de los antiguos coroneles que manejaban su partido.

Para la Moneda es un laberinto sin solución. Si lo ataca buscando posicionarse como un Gobierno de centro, Kast crecerá más aún, pues al igual que Trump y Bolsonaro logra presencia en los medios en la medida en que los otros hablan de él. Pero si decide ignorarlo tendrá que enfrentarlo en cada proyecto donde busque acuerdos con la oposición. El discurso de Kast, de que gobierna para la izquierda, puede ser miel en los oídos para muchos parlamentarios de derecha. Increíblemente y sin merecerlo mucho todavía, para la oposición se abren las puertas del retorno al poder. El conflicto Kast-Piñera puede finalmente desangrar al Gobierno y con ello matar la ilusión de los ocho años en la Moneda, que por cierto ya nadie repite.

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