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La falta de densidad de una oposición anónima

por 20 marzo, 2019

La falta de densidad de una oposición anónima
La vergüenza del episodio Silber instaló la tesis respecto a qué nivel ha llegado la oposición, donde el ninguneo desde RD a la agenda de género de la ex Presidenta Bachelet, o la conversación sobre la etiqueta en la reunión con el Presidente de Brasil, suelen tomarse el espacio de los medios. Si se contaran estas pequeñas batallas comunicacionales, el Gobierno sigue ganando en el marcador. La lista puede ser muy larga y muestra finalmente la falta de densidad de la oposición. El tiempo corre y Joaquín Lavín, el candidato más competitivo que tiene la derecha, ya está leyendo correctamente los tiempos y ha entrado en serio en los temas de género y de inclusión social, mientras la oposición discute de alta política y un cupo más o un cupo menos.
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En el último minuto de la elección de presidente de la Cámara de Diputados, la oposición evitó lo que habría sido una vergüenza política, incluso mayor que aquella tarde en el comité central del PS, cuando en un crimen serial apuñalaron al ex Presidente Lagos, la posibilidad de una primaria y la propia elección presidencial. Si hubiese logrado el diputado Bellolio mantener la mayoría que cosechó en la primera vuelta, como piezas de dominós habrían caído los acuerdos en todas las comisiones del Congreso y, con ello, el oficialismo habría logrado el regalo inmerecido de encontrar vía libre para la ambiciosa agenda legislativa que tiene el Presidente en su cabeza.

Cabe hacer historia de este caso. Después de una trabajada negociación para mantener el acuerdo administrativo al que llegó la ex Nueva Mayoría con el Frente Amplio y hacer valer la mayoría de centroizquierda en la pasada elección parlamentaria, un anónimo que llegó a todos los diputados hizo tambalear aquello.

Dicho mail, sin un remitente conocido, acusaba al diputado Silber, sin identificar hechos ni aportar pruebas, de violencia intrafamiliar. Lo que cualquier persona con dos dedos de frente habría desechado, se convirtió en tema de la agenda e increíblemente logró que el diputado debiera declinar su postulación, en vez de generar una reacción solidaria ante tal ignominia.

Cosas increíbles pasaron en ese momento, como que el mismo analista político que defendió la presunción de la inocencia en el caso Frei, en un giro violento, instaló la sospecha sobre el diputado debido a la caída de su candidatura. Con esto la oposición instaló una era oscura, en la cual las figuras políticas pueden caer por acusaciones sin rostro. Las referencias a los tiempos que ha instalado el movimiento feminista es una falta de respeto. Es importante recordar que el episodio original de la acusación contra un profesor en la escuela de Derecho tuvo siempre un valiente rostro.

La vergüenza del episodio Silber instaló la tesis respecto a qué nivel ha llegado la oposición, donde el ninguneo desde RD a la agenda de género de la ex Presidenta Bachelet, o la conversación sobre la etiqueta en la reunión con el Presidente de Brasil, suelen tomarse el espacio de los medios, en vez de la discusión certera sobre la Reforma Tributaria, el cambio al sistema previsional, o al menos alguna contrapropuesta a los populares proyectos del Gobierno sobre cambio en el sistema de admisión escolar o más atribuciones a las policías en materia de control de identidad.

Uno de los puntos fuertes de la derecha cuando estaba en el otro lado era la existencia de think tanks con capacidad de generar propuestas y, sobre todo, de apoyar la labor fiscalizadora de los parlamentarios. Así lograron instalar dudas sobre la Reforma Tributaria de entonces, los cambios al modelo de educación e incluso sobre la propia ley que despenalizaba el aborto. Una estrategia que mezclaba ideas de comunicación política junto a contenidos bien pensados, tuvo en varias ocasiones al Gobierno de entonces en dificultades serias.

Nada de eso pasa hoy, los think tanks de oposición son extremadamente débiles y, salvo en el tema internacional, la necesaria mezcla entre comunicación y contenidos, no logra producirse. El sociólogo Manuel Castells plantea que la articulación de las redes del poder pasa por la comunicación, asunto bastante deficitario en la oposición.

Si se contaran las pequeñas batallas comunicacionales, el Gobierno sigue ganando en el marcador. Logró instalar en el verano que la ex Presidenta Bachelet tenía responsabilidad en la crisis de Venezuela. También en el proyecto de Admisión Justa, la ministra hizo una gira con mucho más impacto, mientras los ex ministros de Educación del Gobierno anterior guardaron silencio, y el único argumento que incomodó al Ejecutivo vino de una ex integrante del comando de Piñera.

Un ejemplo dramático de la decisión de la oposición de no jugar de verdad, fue la querella que presentó la diputada Camila Vallejo contra un comunicador radial que la involucró en hechos falsos. Dicha querella, anunciada con bombos y platillos, se cayó simplemente porque el abogado no fue capaz de presentar prueba alguna al titular. No hubo en el partido de la diputada un mínimo acto político de convocar a otros juristas de oposición que miraran el caso y que podría haberse convertido en la gran batalla contra las toneladas de posverdad que tienen varios en la derecha.

Otra historia similar fue el proyecto de migración del Gobierno. El pecado de no haber hecho nada pese a la promesa de la Presidenta de legislar al respecto, dejó el espacio abierto a Piñera para anotarse uno de sus logros más sonados en el año. La falta de una contrapuesta seria de la oposición llevó al descuelgue y, con ello, la aprobación de una política que debió haber sido de Estado e impulsada con anterioridad.

La lista puede ser muy larga y muestra finalmente la falta de densidad de la oposición. El tiempo corre y Joaquín Lavín, el candidato más competitivo que tiene la derecha, ya está leyendo correctamente los tiempos y ha entrado en serio en los temas de género y de inclusión social, mientras la oposición discute de alta política y un cupo más o un cupo menos.

Pese a tener una lista de candidatos posibles de larga trayectoria y buena disposición en la opinión pública, la insoportable levedad de no discutir el fondo y quedarse en el anónimo o el protocolo de vestimenta, puede condenar a la centroizquierda a repetir el curso y ser oposición de nuevo en el próximo período político.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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