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Crisis en los océanos: ya no podemos seguir ignorando el cambio climático

por 28 marzo, 2019

Crisis en los océanos: ya no podemos seguir ignorando el cambio climático
Nuestro país debe hacer todos los esfuerzos que encuentre a su alcance para entender y anteponerse a los efectos del cambio climático en nuestras costas y océano, porque las consecuencias pueden ser desastrosas, considerando que nos enfrentamos a este proceso con la mayor parte de nuestras pesquerías sobreexplotadas. No se deben escatimar esfuerzos en investigación para entender cómo se afectarán los ecosistemas marinos y se deben aplicar todas las herramientas disponibles –el principio precautorio y el enfoque ecosistémico– para evitar tanto decisiones inadecuadas como consecuencias aun peores sobre nuestros océanos.
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El efecto del cambio climático es, en estos días, una de las temáticas que más preocupación concentra y no es casualidad: sus consecuencias para los ecosistemas y las formas de vida en el planeta podrían cambiar drásticamente.

Entre los efectos producto del cambio climático hay algunos menos conocidos, como, por ejemplo, la forma en que el calentamiento global y el exceso de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera afectará los océanos, considerando que estos absorben cerca de un 30% del dióxido de carbono de la atmósfera en su función de regulador climático.

Al existir un aumento de emisiones de este gas, los océanos absorben más dióxido de carbono, lo que tiene como resultado una disminución del pH de las aguas. En otras palabras, los océanos se vuelven más ácidos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha reconocido que este fenómeno, conocido como acidificación, podría producir graves impactos en los ecosistemas marinos.

Alrededor del mundo se han empezado a realizar investigaciones para entender cómo este fenómeno afectaría las diferentes especies marinas, entre los que se encuentran estudios sobre las que desarrollan concha, en los cuales se ha determinado que algunos moluscos tendrían dificultades para desarrollar estas estructuras en etapas tempranas. Especies de equinodermos (erizos) también presentarían problemas en la formación de su endoesqueleto y los crustáceos en la formación de su exoesqueleto.

Es importante mencionar que todas estas especies son parte del plancton animal o zooplancton en sus primeros estadios de vida y que es en este donde se desarrollan las etapas tempranas de muchos organismos marinos, por ende, es el que sostiene gran parte de la cadena trófica de los océanos.

De acuerdo a un estudio hecho por Fundación Terram, denominado “La regulación pesquera a través de la historia: la génesis de un colapso”, el estado actual de nuestras principales pesquerías obedece a un proceso que involucró décadas y muchos factores que convergieron como explotación más allá de los niveles soportables por el ecosistema, problemas de administración, leyes que fomentaban la pesca, exceso de esfuerzo, deficiencias en investigación y fiscalización, entre otros. Pero existe un denominador común, que se presentó durante las principales crisis pesqueras que afectaron a especies como la anchoveta, jurel y merluza común: sobreexplotación sumada a un fenómeno climático (El Niño).

Otros estudios desarrollados en peces, han identificado que una mayor acidez en el ambiente puede llevar a problemas en olfato, vista y audición en estos, produciendo –entre otras cosas– dificultad para que encuentren su alimento y comportamientos temerarios frente a depredadores.

Las repercusiones y los alcances de una mayor acidez en los océanos es todavía insospechada, pero sin duda afectará a todas las especies marinas y a todos quienes dependen del mar como fuente de alimento y subsistencia.

Actualmente en nuestro país y, según el último Estado de Situación de las Principales Pesquerías en Chile (Subpesca 2018), ocho pesquerías se encuentran agotadas, otras ocho están sobreexplotadas, el mismo número está en plena explotación, hay una subexplotada y otra de la cual no fue posible establecer su estatus.

De acuerdo a un estudio hecho por Fundación Terram, denominado “La regulación pesquera a través de la historia: la génesis de un colapso”, el estado actual de nuestras principales pesquerías obedece a un proceso que involucró décadas y muchos factores que convergieron como explotación más allá de los niveles soportables por el ecosistema, problemas de administración, leyes que fomentaban la pesca, exceso de esfuerzo, deficiencias en investigación y fiscalización, entre otros. Pero existe un denominador común, que se presentó durante las principales crisis pesqueras que afectaron a especies como la anchoveta, jurel y merluza común: sobreexplotación sumada a un fenómeno climático (El Niño).

Considerando que el cambio climático es un fenómeno a nivel planetario sin precedentes, que plantea un escenario de incertidumbre, se vuelve indispensable considerar los alcances de sus impactos sobre los océanos. Todas las regulaciones pesqueras que se están tramitando en la actualidad y las que se tramiten en el futuro, deben incorporar el cambio climático y sus impactos como un factor a considerar.

De igual modo, resulta imprescindible incluir los ecosistemas marinos y costeros dentro del proyecto de ley marco de Cambio Climático, que la actual administración se encuentra elaborando y que presentará durante este año.

Nuestro país debe hacer todos los esfuerzos que encuentre a su alcance para entender y anteponerse a los efectos del cambio climático en nuestras costas y océano, porque las consecuencias pueden ser desastrosas, considerando que nos enfrentamos a este proceso con la mayor parte de nuestras pesquerías sobreexplotadas. No se deben escatimar esfuerzos en investigación para entender cómo se afectarán los ecosistemas marinos y se deben aplicar todas las herramientas disponibles –el principio precautorio y el enfoque ecosistémico–para evitar tanto decisiones inadecuadas como consecuencias aun peores sobre nuestros océanos, del cual dependen las especies.

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