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Piñera: ganando el día y perdiendo la temporada

por 31 marzo, 2019

Piñera: ganando el día y perdiendo la temporada
El Presidente será el principal ganador sólo, si el enfoque que se utilice es mediático, se concentra en el muy corto plazo y se prescinde del tema de los contenidos que se están discutiendo. Es decir, gana en la misma medida en la que dejamos que continúe el amplio predominio de esa banalidad que se está convirtiendo en una marca distintiva del tipo de política que se irradia desde La Moneda. El Mandatario volvió al área chica en solitario, con una acción cuyos efectos no domina y disminuyendo el rol de sus equipos de apoyo. Dando motivos para que la oposición tome la iniciativa. Muestra una gestión con mando trunco. No, no ganó.
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Se dice que quien ha ganado en las reuniones bilaterales sostenidas en La Moneda ha sido el Presidente, Sebastián Piñera, puesto que la medida del éxito estaba en que se respondiera a su convocatoria. Disiento de esta perspectiva.

Creo que Piñera será el principal ganador, sólo si el enfoque que se utilice es mediático, se concentra en el muy corto plazo y se prescinde del tema de los contenidos que se están discutiendo. Es decir, gana en la misma medida en la que dejamos que continúe ese amplio predominio de esa banalidad que se está convirtiendo en una marca distintiva del tipo de política que se irradia desde La Moneda.

Este episodio evaluará la calidad de la oposición que tenemos, puesto que lo único que permitiría que Piñera fuera el beneficiario exclusivo, sería la completa intrascendencia de lo que se dialogara. No creo, sin embargo, que los presidentes de partido de oposición hayan dejado escapar esta oportunidad sin proponerse alcanzar resultados concretos.

Transcurridas ya cuatro reuniones con los líderes de partido, está claro que nadie concurrió porque le encantara aparecer en fotos con Piñera. Lo que querían, era una interlocución real y obtener, al final de esta etapa del camino, avances verificables.

Reuniones de 20 minutos dan para encuentros protocolares, bilaterales de una hora permiten el intercambio de opiniones y conversaciones de más tiempo, sin duda, son de exploración de acuerdos en concreto. Y la prueba que se pudo llegar a este punto, ha sido el que los presidentes de partido han sido genéricos en explicar lo que conversaron, es decir, le están permitiendo al Mandatario evaluar, decidir y tomar la iniciativa.

Por lo que sabemos, hasta ahora lo que más merece destacarse es la gran sintonía que se aprecia en la perspectiva de fondo, que los cuatro primeros presidentes presentaron ante el Presidente.

En esta variante el Ejecutivo responde a la oposición pidiendo como gesto de buena voluntad que se apruebe la idea de legislar previamente, prometiendo genéricamente que sus puntos de vista serán consideramos. La oposición hace otra pregunta de lo más obvia: ¿para qué la ronda de consultas si se termina por proponer lo mismo que se había sostenido desde ante de estas reuniones?. Nuevamente, preguntar es fácil, responder es difícil. ¿Ha ganado Piñera en este episodio? No. Y la razón de fondo es que queda en evidencia un tipo de funcionamiento de la primera línea del oficialismo, que no permite la coherencia plena en la acción.

Tampoco se puede dejar de observar las diferencias de estilo y de énfasis que establecieron cada jefe de partido. Hubo desde actitudes más defensivas y reivindicatorias de un mejor trato (Álvaro Elizalde) o el pase a la propia bancada como instancia válida para concretar acuerdos (Carlos Maldonado). Otros, tomaron una actitud más proactiva y buscaron avanzar en acuerdos más flexibles (Heraldo Muñoz) o, quedaron a la espera de un cambio de conducta al acoger “algunos” de sus planteamientos (Fuad Chahin).

Sin duda, estas distintas actitudes se proyectarán en el tiempo y esto se relaciona con el trabajo conjunto que han desarrollado en el parlamento, tanto a nivel de bancadas como de equipos técnicos. En particular, eso es válido en materia tributaria y previsional.

Este episodio también evaluará la calidad del gobierno que tenemos. El problema que tiene Piñera es que todo aquello que avance con los presidentes de los partidos de la oposición, tendrá que consensuarlo posteriormente con los de su propia coalición. Y lo que todos le preguntarán es, porqué se encuentran todos ellos en tan extraña situación.

Al fin y al cabo, los partidos oficialistas tienen bancadas, los ministros están en el día a día del Parlamento y las opiniones de la oposición les son por completo conocidas. La idea de dar un paso hacia un mejor ambiente desde el deteriorado punto inicial, pudo tener otro formato menos expuesto, pero ya nadie puede echar pie atrás y lo hecho, hecho está.

El gobierno está en su derecho a dar inicio a las conversaciones del modo como le parezca más conveniente. Si el Mandatario invita a cada presidente de partido e inaugura un nuevo comienzo en las relaciones con la oposición, cualquier procedimiento es válido. Pero, lo que continúe después de este primer paso ya no tiene tantas variables abiertas. El paso siguiente depende de la evaluación que podemos hacer del primero. En realidad, quedan dos caminos disponibles.

La variante de la buena intención es la siguiente: Piñera se reúne con cada presidente de partido, pide apoyo para que se aprueben sus proyectos emblemáticos, a eso se le responde con las condiciones que dan viabilidad a su petición, el Mandatario queda de pensarlo y deja abierta la posibilidad de recibir una contestación rápida.

A esto le sigue una reunión con su comité político, la citación a reuniones de trabajo y la definición de un plazo para conseguir un resultado. Si todo va bien, siempre en la hipótesis de la buena intención, el tiempo fue empleado en evaluar las condiciones puestos por los líderes de la oposición, la aceptación de algunos de sus puntos de vista, la convocatoria a las mesas de las Cámaras y presidencias de bancada, la exhortación a una ratificación de los acuerdos conseguidos y un final feliz. Al menos, todo lo feliz que se puede llegar a ser en una negociación.

La variante de la intención no tan buena es la siguiente: el Presidente había convocado a las reuniones con la oposición sin una idea demasiado clara de lo que iba a proponer, pide apoyo y se le dan a conocer las propuestas opositoras, Piñera no se compromete a nada y queda de establecer contacto, lo pone en conocimiento de su comité político y de las bancadas oficialistas, un grupo importante de los consultados consideran que las peticiones opositoras son excesivas. Y aquí se enredan las cosas. Los partidos oficialistas hacen una pregunta bastante obvia: ¿para qué pregunta Piñera sobre las posibilidades de acuerdo, cuando todos los presentes tenían claro esas condiciones desde el principio?. Es fácil preguntar, es más difícil responder.

En esta variante el Ejecutivo responde a la oposición pidiendo como gesto de buena voluntad que se apruebe la idea de legislar previamente, prometiendo genéricamente que sus puntos de vista serán consideramos. La oposición hace otra pregunta de lo más obvia: ¿para qué la ronda de consultas si se termina por proponer lo mismo que se había sostenido desde ante de estas reuniones?. Nuevamente, preguntar es fácil, responder es difícil. ¿Ha ganado Piñera en este episodio? No. Y la razón de fondo es que queda en evidencia un tipo de funcionamiento de la primera línea del oficialismo, que no permite la coherencia plena en la acción.

Tiene un equipo de comunicaciones, que opera al alero del Mandatario desalineado con el funcionamiento del resto y, que sorprende a los demás con iniciativas centrado en la imagen y no en sus consecuencias. Se tiene un equipo político compuesto por un integrante y dos ayudantes, que no se hace cargo por completo de la coyuntura y de los conflictos. Uno, que tenía que reemplazar a Piñera en las negociaciones y que no lo hizo. Hay un equipo económico que habla mucho, prepara documentos, anticipa posibles soluciones y es superado cuando hay que decidir.

Piñera volvió al área chica en solitario. Con una acción cuyos efectos no domina. Disminuyendo el rol de sus equipos de apoyo. Dando motivos para que la oposición tome la iniciativa. Muestra una gestión con mando trunco. No, no ganó.

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