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Las empresas tecnológicas chinas en América Latina y la nueva Guerra Fría

por 23 mayo, 2019

Las empresas tecnológicas chinas en América Latina y la nueva Guerra Fría
La guerra comercial entre Washington y Beijing se está dando en cuatro frentes: aranceles, automotores, espacio y la tecnología de las comunicaciones, la que es vital por el dominio del 5G, que implica conexiones más confiables, rápidas y baratas que las anteriores. Además, porque posibilitará la llamada Internet de las Cosas (IoT), que llevará a las redes hacia un fascinante plano de cotidianidad doméstica.
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Aunque la nueva Guerra Fría tiene como escenario el ciberespacio y se produce a escala global, hay una región del mundo que está empezando a sentir sus efectos y esa es América Latina.

Estados Unidos ha definido como “amenaza a la seguridad nacional” a un conjunto de grandes empresas tecnológicas chinas, entre las que destacan Huawei, ZTE, CETC, China Mobile, China Unicom, China Telecom, Wuxi, Alibaba, Tencent, BGI y Baidu. En contraposición, China las ve como símbolos de su auge pacífico global y, por extensión, de su penetración en América Latina.

La guerra comercial entre Washington y Beijing se está dando en cuatro frentes: aranceles, automotores, espacio y la tecnología de las comunicaciones, la que es vital por el dominio del 5G, que implica conexiones más confiables, rápidas y baratas que las anteriores. Además, porque posibilitará la llamada Internet de las Cosas (IoT), que llevará a las redes hacia un fascinante plano de cotidianidad doméstica.

La administración Trump ha realizado denodados esfuerzos por convencer acerca de que las empresas tecnológicas mencionadas son focos de peligro. Sin embargo, la recepción a tales advertencias ha sido acotada, incluso entre sus aliados como Reino Unido y Alemania. Los argumentos no parecen ser convincentes.

En América Latina, incluso, predomina la idea de mirar al costado. Los tres países más grandes –Brasil, México y Argentina– planean aceptar el mandato celestial e introducirse en el ansiado 5G de la mano de Beijing. Mientras Huawei está conectando con cable submarino a Baja California con el resto de México, Tencent tiene planes para bancarizar a vastos segmentos de la población argentina que aún permanecen fuera.

Un tercer supuesto relevante para tratar de entender la distancia latinoamericana de las advertencias estadounidenses, parece radicar en la importancia que adquirirá China en la segunda mitad de este año a propósito de la cumbre BRICS en Brasilia, los días 13 y 14 de noviembre, momento que numerosos mandatarios de la región aprovecharán para brindarle un kowtow a Xi, aquel gesto de inclinación profunda que antiguamente se hacía ante los emperadores chinos.

Pero lo más interesante es constatar que la retórica bolsonarista preelectoral no ha impedido que las autoridades brasileñas hayan mantenido a firme el compromiso con Huawei de montar un laboratorio de IoT y una planta de ensamblajes de celulares en Sao Paulo.

Además, el vicepresidente, Hamilton Mourao, ha asumido la tarea de mantener la relación con Beijing en un contexto de importante dinamismo y de ahí la centralidad de su viaje a la capital china. Quizás lo más relevante es que Brasil recibirá con pompa al gran timonel, Xi Jinping, en noviembre de este año.

No debería sorprender que la visita de Xi a Brasil se transforme en un gran hito político. Ocurrirá justo cuando la administración Trump comience a concentrar sus esfuerzos en un asunto doméstico muy relevante, como es la elección presidencial. Además, huelga subrayar que la experimentada diplomacia china no perderá la oportunidad de reiterar la invitación a toda América Latina para que participe en lo que es su joya de la corona: la Ruta de la Seda.

En efecto, así como la Ruta de la Seda es una iniciativa centrada en infraestructuras físicas, el Reino del Medio lo es en establecer una Ruta de la Seda digital y las torres y alfiles de tal despliegue son Huawei, ZTE y todas las otras empresas tecnológicas mencionadas. Esto es lo que da fundamento a una agudización de la Guerra Fría digital con fuertes ecos en América Latina. Xi avanzará en esa línea.

Aunque la escasa capacidad argumentativa de Washington es evidente, en general resulta difícil indagar acerca de las razones de la receptividad latinoamericana.

Un primer supuesto podría ser la flexibilidad que han mostrado las empresas tecnológicas chinas a la hora de penetrar mercados. Huawei ha sido el sponsor de numerosos equipos de fútbol en todo el mundo, como el Atlético de Madrid, Galatasaray, PSG, Ajax, Milan, Benfica, América de México y el Santa Fe de Colombia. Incluso, al Schalke 04 y Borussia Dortmund de Alemania les garantiza conexión gratuita en el estadio a todos sus fans. Parece razonable suponer que esta nítida predilección por la mercadotecnia masiva a través del fútbol podría generar muchas simpatías en esta parte del mundo.

Otro supuesto es la generosidad crediticia que acompaña a la pragmática política exterior china –"don't tell, don't ask"– y ello se ve en Venezuela, donde la ZTE asiste al régimen madurista en el control del país de manera sutil, a través de préstamos muy blandos, ayudándole a implementar el “carnet de la patria”, entre otros. Esta conducta le ha traído grandes dividendos a Beijing en África y en América Central.

Un tercer supuesto relevante para tratar de entender la distancia latinoamericana de las advertencias estadounidenses, parece radicar en la importancia que adquirirá China en la segunda mitad de este año a propósito de la cumbre BRICS en Brasilia, los días 13 y 14 de noviembre, momento que numerosos mandatarios de la región aprovecharán para brindarle un kowtow a Xi, aquel gesto de inclinación profunda que antiguamente se hacía ante los emperadores chinos.

Es obvio que las crisis argentina y venezolana estarán en el centro de las atenciones, por lo que varias cancillerías de países del Grupo de Lima han manifestado, desde ya, su deseo de convocar a una reunión de este mecanismo con el Presidente Xi. En este marco, cabe recordar que en los días de la cumbre BRICS se abrirá en Sao Paulo –con una muy generosa chequera– la oficina del Nuevo Banco del Desarrollo, propiedad de este grupo de países emergentes.

De la mano de Beijing, la nueva Guerra Fría –aquel concepto sugerido por G. Orwell pero popularizado por el gran columnista estadounidense W. Lippmann, para describir esa hostilidad frenética y la disputa de espacios de influencia entre dos superpotencias– comienza a adquirir contornos bastante visibles en América Latina.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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