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La gran discordancia entre lo que quieren los gobiernos y la emergencia real

por 26 junio, 2019

La gran discordancia entre lo que quieren los gobiernos y la emergencia real
El factor “atraso” de muchos países a la hora de poner fin a la quema de carbón para generar electricidad, sin duda, será un tema en la COP25, ya que pone en riesgo el cumplimiento del Acuerdo. Para cumplir, y hacerlo de la forma más eficaz desde el punto de vista económico, los miembros de la UE –al igual que los que forman parte de la OCDE, como es el caso de Chile– deben dejar de usar el carbón para producir electricidad en 2030. ¿Esto lo tiene claro el Gobierno de Chile? Porque Piñera anunció que en nuestro país se conseguiría en 2040. ¿Lo acatarán todos los gobiernos europeos del Este? Quién sabe. Para ser ecuánimes, señalemos que todos los países, tanto de la UE como los de la OCDE, no solo el nuestro, están muy lejos de ese objetivo, según el análisis elaborado por la Red Europea de Acción Climática (CAN por sus siglas en inglés), publicado en mayo de 2019.
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¿El Gobierno chileno estará dispuesto a comprometerse para asegurar el éxito de la 25.ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC)? ¿Adoptará un liderazgo similar al del Gobierno francés en 2015 para que se adoptase el Acuerdo de París? ¿Piñera se comprometerá como Hollande, Ribera como Fabius, quienes intervinieron personalmente en conducir las complejas negociaciones climáticas en la capital de Francia? Ojalá que sí.

Pero lo dudo. Lo que sí estoy seguro, es que existe una gran discordancia entre la deficiente situación medioambiental en el país y la imagen que nos quiere dar el Gobierno, limitándose a introducir arreglos cosméticos.

¿Por qué habrían de hacer más en la COP25? El mejor ejemplo lo vivimos cada invierno en Santiago, cuando se eleva la frecuencia de las emergencias ambientales, aumenta la contaminación atmosférica, enfermedades respiratorias y hay un elevado número de muertes, sobre todo ancianos. Considerando estas evidencias, que se repiten año tras año, no podemos creer que tengan una seria intención en aplicar cambios urgentes en la matriz energética, tampoco en crear metas más ambiciosas para reducir las emisiones, formular planes de emergencia para prevenir y controlar daños por la contaminación del aire y desastres climáticos.

¿Estamos exagerando? No, de ninguna manera. Revisemos algunos casos en el país que demuestran inacción. ¿Qué ha sucedido con la Ley Marco sobre Medio Ambiente para Chile, anunciada para iniciar consultas en mayo de 2019? ¿Contaremos pronto con un Plan Nacional contra la Crisis Climática? ¿Limpiar el aire en la cuenca de la Región Metropolitana? Al parecer, después de cinco años y medio de Piñera (2010-2014 y lo que va del actual periodo presidencial), las metas medioambientales logradas son pocas. ¿En esta oportunidad estará esperando desplegar un show mediático y dar el anuncio días antes de que se inicie la COP? Muy posible, aunque no sería lo apropiado, no estamos en la farándula.

Se podría afirmar que el interés del Gobierno chileno es cosmético. Así lo demuestran hechos como que aún no se termine con las “zonas de sacrificio ambiental”; que tuvimos que ser sorprendidos por un fallo de la Corte Suprema corrigiendo a las instituciones gubernamentales por el caso Quinteros-Puchuncaví, y objetando las decisiones de las Cortes de Apelaciones que le habían dado luz verde; y que el anuncio del cierre de termoeléctricas a carbón se haya reducido apenas a ocho plantas obsoletas (de 28), aludiendo a una ruta “gradual de cambios”.

Nótese que el factor “atraso” de muchos países a la hora de poner fin a la quema de carbón para generar electricidad, sin duda, será un tema en la COP25, ya que pone en riesgo el cumplimiento del Acuerdo. Para cumplir, y hacerlo de la forma más eficaz desde el punto de vista económico, los miembros de la UE al igual que los que forman parte de la OCDE, como es el caso de Chile deben dejar de usar el carbón para producir electricidad en 2030. ¿Esto lo tiene claro el Gobierno de Chile? Porque Piñera anunció que en Chile se conseguiría en 2040. ¿Lo acatarán todos los gobiernos europeos del Este? Quién sabe. Para ser ecuánimes, señalemos que todos los países, tanto de la UE como los de la OCDE, no solo el nuestro, están muy lejos de ese objetivo, según el análisis elaborado por la Red Europea de Acción Climática (CAN por sus siglas en inglés), publicado en mayo de 2019 (Climatenetwork.org).

En esta materia no dejan de sonar las alarmas. Otra gran discordancia ha ocurrido en Europa. La Unión Europea en la Cumbre de hace unos días, el jueves 20 de junio en Bruselas, no pudo conseguir un pacto que fijase por primera vez para 2050 el objetivo de una economía liberada de emisiones de CO2. La oposición de Polonia, Hungría, República Checa y Estonia frustró el acuerdo y obligaron a rebajarlo a una mera declaración de intenciones suscrita por una mayoría. El pacto pretendía ser una respuesta política a las políticas energéticas de Trump, que ha cuestionado el cambio climático y el Acuerdo de París.

Lo peor es que, un día antes, Trump también había aprobado una nueva estrategia energética tras derogar la de Obama–, en la que apuesta claramente por una recuperación del carbón. ¿Simple coincidencia o medidas concertadas contra el planeta? Estas son muy malas noticias para pensar que la COP25 podrá avanzar en sus objetivos.

Lo más chocante es que esta semana Europa será golpeada fuertemente por una ola de calor extrema. En España, Francia, Alemania Reino Unido, Holanda se dio alerta naranja, la tercera en una escala de cuatro. Lo que más se teme es una repetición de la ola de calor de 2003, que dejó más de 20 mil muertos por deshidratación, golpes de calor, colapso circulatorio, enfermos crónicos con problemas respiratorios, con sobrepeso, en hogares de ancianos y bebés, además de los que se encuentren sin techo. En Holanda, el Instituto para la Salud y el Medioambiente ha puesto en marcha el plan nacional contra el calor para informar a la red sanitaria de los problemas que puedan afectar a los más vulnerables.

Nosotros en Chile aquejados por el frío y la humedad, ellos por el calor, unidos por un problema global que nos es común: la crisis climática.

La situación es muy compleja, pero hay que mirar adelante y avanzar. Una manera concreta es continuar insistiendo y haciendo presión ciudadana ante el Gobierno para que reconozca que se necesitan cambios urgentes. Todo lo que sucede con el clima en el mundo y en Chile lo demuestra. No es hora de actitudes timoratas.

También es hora de terminar con la parodia con la que tanto el Gobierno como las empresas nos tratan de convencer que les importa la crisis climática. No sé qué piensan ustedes, pero a mí me cuesta creerles. Al alinearse con “la gradualidad”, han demostrado que están doblegándose a las exigencias del poderoso grupo de exportadores de petróleo, con los grandes emisores, socios de las grandes petroleras, los fabricantes de motores a combustión, las gasolineras y las empresas mundiales generadoras de electricidad. Todos estos actores, al impulsar la “gradualidad” en los cambios, lo que quieren es pavimentar un camino complaciente para continuar quemando combustibles fósiles hasta que se agoten. Ni más ni menos.

Este es el Grupo, como el mencionado de Europa Central y del Este, más Arabia Saudita, Kuwait, Rusia, Brasil, Australia y EE.UU. que nos empuja maliciosamente a jugar nuestro futuro y el de la humanidad en el Casino Climático. No quieren aceptar el diagnóstico de la ciencia. Son codiciosos por naturaleza algunos, otros son miopes por escasez de recursos financieros. Pero todos son optimistas por decreto, con el negacionista Trump a la cabeza.

Son los grandes responsables de la gran discordancia existente entre lo que quieren los gobiernos para continuar haciendo las cosas como siempre y los enormes peligros a que nos expone la grave crisis climática.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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