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Chile necesita una mesa de cuatro patas

por 30 noviembre, 2019

Chile necesita una mesa de cuatro patas
Se requiere de una pata política, otra social, otra institucional y una cuarta de seguridad. Las cuatro patas solo funcionan si se instalan simultáneamente. La seguridad es un problema real, pero antes que todo, la seguridad es una condición, que se construye por parte del Estado. Ella permite el Bien Común. Se construye con orden, pero también con consenso social, con cohesión de la sociedad, con instituciones que cumplen su rol, con gobernantes competentes y reconocidos por la población. Construyamos esa mesa, donde todos los chilenos podamos sentarnos, consultemos y escuchemos a todos los que sea necesario, una mesa en que nadie se pelee ni ande dando codazos por quedar a la cabeza, pero si una mesa en la cual todos nos preocupemos porque nadie se quede abajo.
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A mas de 40 días, la crisis se ha estacionado. Las respuestas que se han ensayado, a la fecha no logran dar paso a una nueva etapa. Ya nadie recuerda la agenda social (esa que incrementaba en 20.000 pesos las pensiones básicas) que el gobierno propuso en los primeros días. El acuerdo constitucional, siendo muy importante y saludable, es claro que sólo no resolvió la movilización.

Mientras, las ciudades cada día son escenario de repudiables actos de vandalismo. Nada tienen que ver con los manifestantes, a rio revuelto la delincuencia y todo tipo de desadaptados realizan su propia ganancia. El resultado es mas que riesgoso: el Estado no esta siendo capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Lo reconoce el propio ministro de Defensa (opinando sobre una fuerza que no esta bajo su mando) cuando sostiene que “Carabineros está sobrepasado”.

La economía sufre, la población mas. Muchos perderán empleo, peor, otros han perdido la vida y muchos han quedado gravemente lesionados. ¿Se necesitarán otros 40 días para que los diferentes actores construyan una salida a la crisis? ¿Que se requiere para que los gobernantes escuchen lo que la población demanda?

Asumiendo que las explicaciones superan a lo meramente subjetivo, e inclusive a la individualidad de los dirigentes, se hace necesario contribuir a la construcción de un camino de salida. Con tesitura nacional, es decir, pensando en la Nación en su conjunto, porque hoy, todo Chile se esta dañando. Asimismo, asumiendo que el tiempo corre en contra de todos.

La crisis es multidimensional: es política, tiene fuertes raíces sociales, cuestiona la legitimidad y a la vez requiere de una urgente respuesta al desafío de seguridad.

Por ello, comparto lo que un amigo me sugería: “Chile necesita de una mesa de cuatro patas”. Una pata política, otra social, otra institucional y una cuarta de seguridad. Pero las cuatro patas solo funcionan si se instalan simultáneamente. Se necesiten cuatro patas para afirmar una mesa a la cual podamos sentarnos todos los chilenos.

La pata política le corresponde a los políticos. Es decir, al Gobierno en primer lugar, al Congreso, y a los partidos. Que para empezar deben asumir que todos ellos concitan fuertes desconfianzas en la población. La crisis es antes que nada un problema político, y debe ser resuelta en ese nivel. No puede ser resuelta por la población por mas justas que sean sus demandas y por mas que proteste. Por cierto, las crisis políticas no pueden ser resueltas por la fuerza. Eso lo tienen muy claro las FFAA en toda América latina en este siglo 21. Si hay algún responsable de resolver la crisis, ese es el estamento gobernante, empezando por el Gobierno.
La pata política debe a la brevedad posible emitir una señal transversal de compromiso con la paz y la normalidad. Deponiendo protagonismos, entendiendo que los posicionamientos previos a la crisis han quedado desfasados por las nuevas urgencias que les demanda la ciudadanía. Un capitulo especial debe ser el esclarecimiento pleno de los casos de violación de DDHH y de reparación a las victimas. A todas.

La pata social corresponde a atender a las demandas prioritarias que surge del clamor de la ciudadanía. Medidas profundas y urgentes. Anunciadas ya, para que las familias puedan celebrarlas esta Navidad. Pensiones básicas y también un examen del régimen de las no básicas, las que corresponden a la clase media. Asumir las deudas del CAE y un salario mínimo y a la vez ético. Con sostenibilidad y manejo adecuado de los recursos del país, que en mas de 30 años de crecimiento, los tiene. La pata social también debe asumir una mirada a los privilegios: los sueldos excesivos del Congreso, tarde pero ya se están revisando, esa revisión debe ampliarse a las empresas estatales, a los cargos en directorios o servicios, con un principio único: ningún funcionario público puede ganar mas que el presidente, nadie tiene mas responsabilidad que el Jefe de Estado. Esta pata requiere de leyes, pero algunas no, son de resolución administrativa, debieran ejercerse ya.

Una respuesta adecuada y pronta a las demandas sociales desactivaría en gran medida al malestar social. Vaciaría en gran parte las calles, dejaría aislados a los violentos. Facilitaría su neutralización.

La pata institucional debe apuntar obviamente al fortalecimiento de la institucionalidad. En gran medida dice relación con el proceso de la nueva constitución. El camino grueso está trazado con el acuerdo logrado, pero restan varios aspectos por definir, por lo mismo, es urgente que ello sea resuelto a la brevedad a fin de consolidar un cronograma en que todos los chilenos sepamos con trasparencia y en forma previa como construiremos nuestra nueva Carta Magna, o lo que es lo mismo, nuestra forma de convivencia junto a definir el Chile que queremos.

Algunos gestos previos y concretos pueden contribuir a este propósito: apoyo transversal al acuerdo de los alcaldes, enlazar los preparativos del cronograma con los diversos cabildos que espontáneamente están surgiendo en todos los rincones del país. Saquemos experiencia de nuestra historia. El cronograma institucional que se desplegó luego del plebiscito de 1988 no dejo ningún espacio a interpretación y con ello garantizó el retorno a la democracia.

Finalmente, la pata de seguridad debe apuntar privilegiadamente a restablecer la seguridad de todos los chilenos, que cada familia pueda dormir tranquila, que todos puedan ir y regresar de sus trabajos y sus estudios sin zozobras, que los espacios públicos sean eso, públicos, para todos, y no dominados por la violencia.

En suma, estas cuatro patas deben ser construidas al mismo tiempo. Por muy importante que sea cada una, ninguna basta por si sola para sujetar la mesa. Un anuncio de este tipo es el que esperamos de nuestros gobernantes.

Hay cosas que no necesitamos: el fomento del odio, o las demandas desmedidas e irrealizables. Al contrario, una mayor polarización nos conduce inevitablemente al enfrentamiento entre chilenos. Ya sabemos como terminan esos procesos.

Un anuncio macizo en esta dirección, asumiendo la multidimensionalidad de la crisis es lo que Chile espera.

No sirven respuestas parciales. O endosarles a otros las responsabilidades que son propias de la política. Me refiero a esa política que se refiere a la conducción material y moral de la sociedad.

Proyectos como el que permitiría la custodia por FFAA de las llamadas instalaciones criticas de la infraestructura dejan muchas dudas a lo menos. Para empezar, -mas allá de la cuestión jurídica- se presenta como una forma de liberar carabineros que hoy día estarían custodiando esas instalaciones, para poder reasignarlos a tareas de orden publico. Seria muy conveniente, que La Moneda revelase cuantos carabineros están hoy dedicados a estas tareas, y que instalaciones están custodiando.

Esa iniciativa privilegia una sola pata. La seguridad es un problema real, pero antes que todo, la seguridad es una condición, que se construye por parte del Estado. Ella permite el Bien Común. Se construye con orden, pero también con consenso social, con cohesión de la sociedad, con instituciones que cumplen su rol, con gobernantes competentes y reconocidos por la población.

Construyamos esa mesa, donde todos los chilenos podamos sentarnos, consultemos y escuchemos a todos los que sea necesario, una mesa en que nadie se pelee ni ande dando codazos por quedar a la cabeza, pero si una mesa en la cual todos nos preocupemos porque nadie se quede abajo.

Tengo fe en Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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