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OPINIÓN

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Cerremos el boliche

por 1 diciembre, 2019

Cerremos el boliche
Da pena todo esto y claro, quienes queremos esta actividad estamos también en medio de una situación de incertidumbre. Tras cerrar el boliche, la verdad es que lo que venga de ahora en adelante poco y nada interesa. Se abrió la puerta que jamás se podía. No ayer, hace rato. Así estamos condenados a una flagelo que difícilmente pueda ser limitado o controlado. De verdad, se genera una sensación de pena y rabia. Las consecuencias de todo esto, no se verán de inmediato, sino en el corto plazo y mediano plazo y vaya que nos vamos a lamentar.
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Esta es una frase tan coloquial como certera para el momento que vive el fútbol chileno, tras el movimiento social que comenzó el 18 de Octubre.

Y digo esto pensando en todas las implicancias que ha traído y traerá esta decisión de dar por finalizado el torneo en un escritorio y no en la cancha como debe ser, asumiendo y comprendiendo que a veces, una causa de fuerza mayor se impone, aunque en este caso y siendo absolutamente partidario de las transformaciones de fondo que todos queremos para nuestro país, crecí creyendo y respetando que todo deporte se define disputándolo.

Siento que así como está cuestionada la clase política, los dirigentes del fútbol nacional también entran en el entredicho, al no ser capaces de ver y dimensionar lo que estaban en juego y como buscar fórmulas menos dañinas y que afectaran al desarrollo de la mentada “industria del fútbol”

Hubo errores de todos. Hubo complicidad de todos, nadie puede desmarcarse hoy por hoy; ya que esto no comenzó el 18 de octubre; viene de hace muchos años de pasividad y mirar hacia lado respecto a los grupos más radicales que se sienten dueños de la actividad. Esos mismos que sirvieron para campañas políticas o de otro tipo de interés.

Ese grupo, de alguna manera; hoy gobierna con el terror y temor. Esos alejaron a la familia, pero también contaron con la pasividad de la ley, de las entidades gubernamentales que no lograron poner coto a esto y por supuesto el mismo fútbol fue cómplice.

Cada cual es este momento vela por sus intereses, pero quien se preocupa verdaderamente de una actividad que genera millones y millones, da trabajo a muchas personas y también es parte de la idiosincrasia del pueblo. Y si bien creo que, habiendo voluntad, capacidad, gestión y principalmente empatía, se podría haber buscado una fórmula para que lo que se pelea en cancha, se gane ahí mismo.

Entiendo y empatizo con la postura del SIFUP de proteger a los principales protagonistas de esto que son los jugadores. Muchos de ellos no lo harán público, pero han recibido mensajes intimidatorios y amenazantes en el momento que decidan volver a jugar. Pero también ellos deben condenar y manifestar su repudio hacia esos grupos violentos. Hay una actitud gremial loable, pero, sin embargo; hay planteles que están complicados y que necesitan retornar, para así poder cobrar y velar por el futuro inmediato de su profesión y decisiones familiares. Claro todos los focos, cámaras y micrófonos se van con los elencos más grandes o populares, no obstante, la Segunda División Profesional ha seguido jugando y sin mucho interés por ellos (una división que no tiene derecho a voto ni recibe dineros de la televisión). Llegó el momento de darles espacio y cabida como entes válidos y no meros espectadores de la torta que se reparten 32 clubes.

Da pena todo esto y claro, quienes queremos esta actividad estamos también en medio de una situación de incertidumbre. El fútbol no puede volver a cualquier precio, hay que ser cauteloso y prudente, pero por qué algunos se atreven a declarar que en enero o febrero estarán las condiciones “normales” (palabra que me carga) como para retomar. Si cuando tanto buscaron ANFP, SIFUP y el Gobierno volver a jugar, en un partido que supuestamente no revestía ninguna problemática mayor como era D.Iquique-U.La Calera, esa dantesca galería de imágenes de grupos de barristas rompiendo la reja del Bicentenario de La Florida, agrediendo y atacando a quien se cruzara por su camino y logrando el objetivo de intimidar y suspender el juego “ícono” del retorno; no existieron las condiciones mínimas de seguridad para todos quienes estaban ahí. Esa imagen preocupante de cuatro carabineros arrancando. Acaso no sabían las autoridades políticas, deportivas y policiales, que se iban a descolgar algunos de la manifestación que se había realizado en las afueras del Monumental y llegar a La Florida a causar desmanes. ¿No se podía movilizar un grupo de FF.EE. al recinto floridano? ¿O trasladar efectivos desde la estación Vicente Valdés? Sin gestión y voluntad no se puede definitivamente.

La verdad es que lo que venga de ahora en adelante poco y nada interesa. Se abrió la puerta que jamás se podía. No ayer, hace rato. Así estamos condenados a una flagelo que difícilmente pueda ser limitado o controlado. De verdad, se genera una sensación de pena y rabia. Las consecuencias de todo esto, no se verán de inmediato, sino en el corto plazo y mediano plazo y vaya que nos vamos a lamentar.

Respeto y valido al hincha que va al estadio a gozar, gritar y putear. Ese que debe pagar entradas carísimas, sin beneficios de nivel, ese que debe soportar el “macheteo”, el que debe aguantar baños deplorables, ese que debe llegar cuatro o cinco horas antes a un clásico y quedar expuesto a todo sol, dada las medidas de la autoridad. Toda crisis en una oportunidad, pero las señales del fútbol chileno van en todo lo contrario.

Así de lamentable.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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