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A lo porteño

por 7 diciembre, 2019

A lo porteño
La historia de esta ciudad, llena de golpes traumáticos y eventos que la hacen ser una cuna de la resiliencia, un bastión del coraje y muchas veces, un ícono de cómo un ente lleno de vida y sus organizaciones sociales se pueden levantar una y otra vez. Terremotos, gigantes incendios, derrumbes en los cerros son algunos de los graves problemas que ha vivido Valparaíso en sus 483 años de existencia y eso, ha forjado el carácter de sus habitantes. Era obvio que se iba a defender algo tan genuino y porteño como es Santiago Wanderers.
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En Valparaíso no existen hinchas de otro equipo. El porteño es y será siempre hincha de Santiago Wanderers. Cada vez que juega el caturro de local, es un paisaje mágico ver a los forofos de camiseta verde enarbolar sus banderas en sus casas, que cuelgan en esas laderas de Pancho Gancho o como el verde se toma las polvorientas canchas de tierra de la Alejo Barrios. Llegar al ex Playa Ancha-hoy Elías Figueroa- es un rito tan propio y único de esta ciudad.

Y tras el error gigante del consejo de presidentes de no proclamar el ascenso del decano, la ciudad puerto se movilizó para reclamar su derecho de retornar a Primera. Si bien -como en todos los equipos de alta convocatoria hay grupos de barristas que radicalizan al extremo de la violencia algunas acciones- el gran porcentaje de los manifestantes fueron verdaderos hinchas, familias completas y miembros del plantel, quienes se abrazaron en una causa para que la justicia se hiciera presente y por fin gritar ¡¡¡Hemos vuelto¡¡¡

Por suerte la mezquindad y egoísmo de los dirigentes del consejo de presidentes de cortar un sueño ganado en cancha, se logró revertir, pero solo gracias a la presión pública de las marchas y manifestaciones de repudio ate una decisión tan mala. S.Wanderers hoy es de Primera.

Wanderers es patrimonio, orgullo y estandarte. Parte de mi vida está ligada a la camiseta verde. Desde el recuerdo de mis abuelos Raúl y Celia, cuando se preparaban para ir a Playa Ancha. Mi abuelo vestía de traje y mi abuela preparaba el cocaví con pan amasado, bebidas y huevos duros para llegar a la República Independiente de Playa Ancha. Afuera de su casa en Barros Arana, había que esperar la 14 o la 16 de Central Placeres. El camino era largo desde Esperanza, pero va recorriendo la esencia del puerto, pasando por  la Universidad Santa María, Muelle Barón, Avenida Pedro Montt, Plaza Victoria, Plaza Sotomayor, Aduana y luego, perfilarse en la subida El Membrillo, para finalmente bajarse en la mítica cancha Alejo Barrios. Esa aventura forma parte de una etapa maravillosa de mi infancia -y la de muchos- que me permitió comprender como vive el porteño su amor con “wanderito”.

Y digo a lo porteño, por que es la historia de esta ciudad, llena de golpes traumáticos y eventos que la hacen ser una cuna de la resiliencia, un bastión del coraje y muchas veces, un ícono de cómo un ente lleno de vida y sus organizaciones sociales se pueden levantar una y otra vez. Terremotos, gigantes incendios, derrumbes en los cerros son algunos de los graves problemas que ha vivido Valparaíso en sus 483 años de existencia y eso, ha forjado el carácter de sus habitantes. Era obvio que se iba a defender algo tan genuino y porteño como es Santiago Wanderers.

Como esa estrofa de la canción del Gitano Rodríguez: “y vino el temporal y la llovizna/con su carga arena y desperdicio/por ahí pasó la muerte tanta veces/la muerte que enlutó a Valparaíso/ y una vez más el viento como siempre/limpió la cara de este puerto herido”. Valparaíso sangra permanentemente, pero se levanta igual.

Lo que vivió “wanderito” fue una puñalada profunda al corazón mismo de este puerto y eso el porteño no lo permite, tal vez otras injusticias, pero tocar y dañar a S.Wanderers es enfrentar a la historia de los cerros.

El hincha caturro ya puede gritar eufórico, estará otra vez en Primera y tras enfrentarse a un sistema que fue perverso, logró recuperar el sitial que se había ganado en cancha. Lo del título puede ser discutible, ya que restaban tres fechas, pero el ascenso era incuestionable.

Para quienes nacimos en Valparaíso, Wanderers es patrimonio, orgullo y estandarte. Parte de mi vida está ligada a la camiseta verde. Desde el recuerdo de mis abuelos Raúl y Celia, cuando se preparaban para ir a Playa Ancha. Mi abuelo vestía de traje y mi abuela preparaba el cocaví con pan amasado, bebidas y huevos duros para llegar a la República Independiente de Playa Ancha. Afuera de su casa en Barros Arana, había que esperar la 14 o la 16 de Central Placeres. El camino era largo desde Esperanza, pero va recorriendo la esencia del puerto, pasando por  la Universidad Santa María, Muelle Barón, Avenida Pedro Montt, Plaza Victoria, Plaza Sotomayor, Aduana y luego, perfilarse en la subida El Membrillo para finalmente bajarse en la mítica cancha Alejo Barrios. Esa aventura forma parte de una etapa maravillosa de mi infancia -y la de muchos- que me permitió comprender como vive el porteño su amor con “wanderito”.

“El Santiago Wanderers supo conquistar/ para sus colores el puesto de honor/ y sus jugadores/cuan feroces leones/dieron en el campo pruebas de valor”, reza la primera estrofa del himno de los caturros y describe, fielmente, lo que es y significa el decano del fútbol chileno.

S.Wanderers es coraje, es puerto y cerros, viento y mar, historia y patrimonio…Siento una felicidad gigante por los hinchas verdes, por que sé lo que vivieron y lo que significa esta batalla ganada y, por que me hace recordar a mis abuelos y ese episodio de vida, donde me permitieron aprender a querer a Wanderito. Gracias Raúl y Celia, gracias por esos viajes y emociones, gracias por llevarme a Playa Ancha y escuchar “Ese a ene….san…ese a ene…san….san san san…Santiago Wanderers de Valparaíso”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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