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La caída de Moreno

por 9 mayo, 2020

La caída de Moreno
Los alejamientos de Raúl Jélvez y Arturo Aguayo solo ratificaron lo que era un secreto a voces: Sebastián Moreno no va más. No podía seguir a cargo, eso ya está oleado y sacramentado, ahora habrá que esperar la fórmula para saber quien será su sucesor. Vendrá una temporada de muchas dudas y cuestionamientos, ya que sin duda la clase dirigencial chilena del fútbol volvió a mostrar su peor cara con personajes plagados de egos y ambiciones personales, que no trepidan en pensar en sus anhelos de grandeza.
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7 enero del 2019 y Sebastián Moreno lograba ser el nuevo presidente de la ANFP. En una reñida y no exenta de polémica elección, el ex ejecutivo de Codelco se quedó con el sillón de Quilín, tras la sorpresiva “bajada” de Arturo Salah a la reelección.

Sin un gran pasado dirigencial, debía enfrentar varios desafíos grandes a cargo de la testera del fútbol nacional, entre ellos la negociación de los derechos del fútbol y una delicada situación económica de la actividad. Pero algo extraño comenzó a pasar en su mesa directiva, porque al día siguiente de su triunfo, el director, Jacques Algabli -de relación directa con Universidad Católica- se bajaba por motivos personales.

Sin embargo, el primer gran golpe para Moreno fue sin duda el alejamiento del “panzer” de la mesa, Andrés Fazio.
El ex vicepresidente de la ANFP, no alcanzó a estar tres meses. Hombre fuerte en el período Salah, encargado de negociaciones duras y largas, entre ellas la salida de Sampaoli, la venta del CDF y la llegada de Rueda. Trascendidos desde Quilín, de los cuales se saben todos los días, apuntaron a que no había química entre Moreno y Fazio. Se fue Fazio y el mandamás del fútbol chileno perdió un hombre determinante para distintas negociaciones, la relación directa con los clubes de gobierno y un conciliador con la oposición.

El estallido social fue otro factor que marcó la era Moreno. Se le acusó de no mostrar un liderazgo claro y concreto, que debía negociar con todos y que dejó entrever quienes verdaderamente tomaban las decisiones en Quilín. La rebelión del plantel chileno de no viajar a jugar el amistoso del 19 de noviembre ante Perú en Lima, terminó por concretar muchas dudas en cuanto a su capacidad de poder imponer una política clara y en pro de la actividad.

Moreno, que trató comunicacionalmente bajar el perfil a la salida de Fazio, se notaba con poca fuerza en sus determinaciones. Hasta ese momento la gobernabilidad no estaba en cuestión, más allá de varias críticas al proceso Rueda a cargo de la Roja, donde incluso con un rendimiento del 44% previo a la Copa América el presidente de la ANFP mandó un torpedo directo a la línea de flotación del cuerpo técnico del colombiano. A no olvidarse que fue Salah quien logró la salida de Rueda desde Flamengo y por lo tanto, el cafetero tenía línea directa con el ex entrenador de Colo Colo. Con Moreno la relación era más distante.

Moreno sabía que se jugaba una carta clave en Copa América de Brasil y si bien Chile fue cuarto, no escapó a las críticas del rendimiento y más de algún tema de posible mala conducta del equipo, la cual nunca fue aclarada. Mejor era hablar de lo que venía.

Pero en la política interna, Moreno ya comenzaba a tener muchos detractores, los mismos que lo apoyaron y levantaron como candidato. Hace algunos días, el presiente de Universidad de Chile, José Luis Navarrete, en declaraciones al programa "De Fútbol Se Habla Así" de Directv lanzó una reflexión que dejaba en claro todo este oscuro panorama: “Los mismos que lo apoyaron hoy le dan vuelta la espalda, eso tiene un nombre claro, le están armando el golpe de estado. Al fútbol se viene a servir y no a servirse”. A buen entendedor…

El estallido social fue otro factor que marcó la era Moreno. Se le acusó de no mostrar un liderazgo claro y concreto, que debía negociar con todos y que dejó entrever quienes verdaderamente tomaban las decisiones en Quilín. La rebelión del plantel chileno de no viajar a jugar el amistoso del 19 de noviembre ante Perú en Lima, terminó por concretar muchas dudas en cuanto a su capacidad de poder imponer una política clara y en pro de la actividad.

Esto me hace recordar una particular escena de la película Gladiador, donde Cómodo, el autoimpuesto emperador interpretado magistralmente por Joaquín Phoenix, logra descubrir la trama de Maximus Decimus y Lúcila para sacarlo del poder y terminar con su vida. Cómodo descubrió la maniobra a tiempo, pero Moreno se dio cuenta tarde. Tanto, que todo se venía tramando, cada vez enfrentaba conflictos más graves y sin soluciones correctas, el desangramiento del directorio siguió y no hubo reacción. Partió Aldo Corradosi, otro hombre “fuerte” de la testera, mientras siguieron los rumores que algo se estaba gestando fuera de la sede de Peñalolén.

El cuestionamiento a Martín Iribarne terminó por colocar la lápida a la era de Sebastián Moreno. Al cuestionado director, que intentó hasta último momento permanecer en la ANFP, solo hizo dejar al descubierto la vulnerabilidad del presidente del fútbol nacional. Era cosas de horas y eso fue tal cual.

Los alejamientos de Raúl Jélvez y Arturo Aguayo solo ratificaron lo que era un secreto a voces: Moreno no va más. No podía seguir a cargo, eso ya está oleado y sacramentado, ahora habrá que esperar la fórmula para saber quien será su sucesor. Vendrá una temporada de muchas dudas y cuestionamientos, ya que sin duda la clase dirigencial chilena del fútbol volvió a mostrar su peor cara con personajes plagados de egos y ambiciones personales, que no trepidan en pensar en sus anhelos de grandeza y olvidarse que hoy, más que nunca, el fútbol chileno necesita gestos de unidad y cohesión. ¿Entenderán eso?

Lo que viene no asoma como esperanzador, habrá que esperar a fines de julio para saber quien puede tomar este duro momento país y donde el fútbol está agónico.

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