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Cruje la "cocina" y los parlamentarios "vitalicios": Senado vota hoy límite retroactivo a la reelección

por 26 mayo, 2020

Cruje la
Después de ser aprobada por los 2/3 de la Cámara de Diputados hace casi ocho años, esta tarde, desde las 15:00 horas, el Senado discutirá la reforma hasta su total despacho. Una votación que requiere un quorum de 3/5 y que tiene “pronóstico reservado”. La piedra de tope es que la enmienda sea retroactiva, porque con ello varios parlamentarios –muchos con poder interno en sus partidos y regiones– se verían impedidos de competir en las elecciones del 2021. El debate de hoy será áspero, repleto de discursos para la galería, pero con dobles lecturas. Un baile de máscaras –apuntaron en el Congreso–, porque, de caerse la retroactividad, será difícil saber a ciencia cierta qué es lo que se negoció tras bambalinas.
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Varias veces se ha postergado la votación, pero al parecer llegó el día y hoy, finalmente, en el Senado se votaría la reforma que establece retroactivamente un límite a la reelección de senadores, diputados, alcaldes, concejales y consejeros regionales. Un tema espinudo, complejo, que tiene al rojo vivo las relaciones en el Congreso, porque los parlamentarios no solo son incumbentes en el tema, pues se ven directamente afectados, sino que además se mezcla con reyertas partidistas, agendas electorales personales, el cobro de “facturas” políticas y el impacto en la "máquina" interna de las distintas colectividades.

Después de ser aprobada por los 2/3 de la Cámara de Diputados hace casi ocho años, en octubre del 2012, esta tarde, desde las 15:00 horas, el Senado discutirá la reforma hasta su total despacho. Una votación que requiere un quorum de 3/5 y que tiene “pronóstico reservado”, según confesaron desde el Senado, porque la piedra de tope no es fijar un límite a la reelección, sino aprobar que sea retroactiva, porque con ello varios parlamentarios –muchos con poder interno en sus partidos y regiones– se verían impedidos de competir en las elecciones del 2021.

El tiraje de la chimenea que provocaría esta reforma no es menor. Se “jubilaría” a los senadores Andrés Allamand (RN), Carlos Bianchi (Independiente), Guido Girardi (PPD), Juan Pablo Letelier (PS), Alejandro Navarro (País Progresista), Víctor Pérez (UDI), Alejandro García-Huidobro (UDI) y Jorge Pizarro (DC). En la Cámara de Diputados, en tanto, se aplicaría a diez gremialistas, seis DC, cuatro socialistas, cuatro RN, tres PPD, dos comunistas, más Pablo Lorenzini, Pepe Auth, René Saffirio e Ignacio Urrutia, con la salvedad que ellos sí podrían postular a la Cámara Alta.

Los cálculos en el Congreso ayer en la tarde apuntaban a que los votos para la retroactividad estarían "cuadrados”, pero sin ningún tipo de margen. "Si se cae uno, se pierde”, advirtió un senador.

El clima está que se corta con cuchillo. Entre parlamentarios de la oposición que están a favor de limitar la reelección con retroactividad, aseguraron que la presión de parte de los senadores perjudicados "ha sido feroz", que varios dejaron hasta sus "principios socialistas de lado" y que las "encerronas políticas” han sido “pan de cada día" estas semanas.

Aquí no hay debate entre la derecha y oposición, ni una dicotomía entre diputados y senadores. La pugna es entre todos. Una señal de ello fue la carta que firmó y difundió el domingo en la tarde un grupo transversal de parlamentarios –desde la UDI hasta el Frente Amplio–, defendiendo el límite a la reelección con retroactividad y advirtiendo que su rechazo implicaría un “fraude a la confianza pública y un verdadero misil a la línea de flotación de la escasa credibilidad que tiene el Congreso hoy".

Los últimos días ha habido preocupación entre los que respaldan la reforma, por las negociaciones bajo cuerda que se estarían realizando para hacer caer la enmienda o aprobarla sin la retroactividad. “Algo huele mal para la votación”, sentenciaron anoche varias fuentes del Congreso. Advirtieron que habría operado la famosa “cocina” política, ya que los votos a favor desde la oposición para postergar la cuenta pública del Presidente Sebastián Piñera, del 1 de junio al 31 de julio, tendrían de trasfondo un acuerdo de palabra: darle aire y tiempo al Mandatario que no tenía nada que mostrar como buen resultado, junto con no tener que hacerse cargo en estos momentos del estallido social y las falencias en el manejo de la pandemia, esto a cambio de que se cuadren estos votos para hacer caer la retroactividad. Todos ganan.

Eso ha sido la discusión pública, porque la reservada corre por otros carriles. Los senadores afectados directamente con la retroactividad no solo han reclamado porque consideran que les han cambiado las reglas del juego, sino que además han acusado que los parlamentarios que más han impulsado la reforma tienen una agenda oculta, el interés de postular en sus escaños, pero que no se atreven a competir abiertamente: reclaman que Juan Luis Castro (PS) quiere el escaño de Letelier en la VI Región; o que Matías Walker (DC), el de Pizarro en la IV Región.

Los últimos días ha habido preocupación entre los que respaldan la reforma, por las negociaciones bajo cuerda que se estarían realizando para hacer caer la enmienda o aprobarla sin la retroactividad. “Algo huele mal para la votación”, sentenciaron anoche varias fuentes del Congreso. Advirtieron que habría operado la famosa “cocina” política, ya que los votos a favor desde la oposición para postergar la cuenta pública del Presidente Sebastián Piñera, del 1 de junio al 31 de julio, tendrían de trasfondo un acuerdo de palabra: darle aire y tiempo al Mandatario que no tenía nada que mostrar como buen resultado, junto con no tener que hacerse cargo en estos momentos del estallido social y las falencias en el manejo de la pandemia, esto a cambio de que se cuadren estos votos para hacer caer la retroactividad. Todos ganan.

También se instaló en el ambiente el resquicio consistente en que más de un senador “afectado” por la reforma opte por el gesto de inhabilitarse. Entre los parlamentarios ayer se comentó bastante sobre esa posibilidad y advirtieron que es una manera encubierta de rechazar la retroactividad, sin tener que pagar los costos, porque con ello se dificulta llegar al umbral de los 3/5 de los votos que se requieren.

El experto electoral Axel Callís dijo que sería un “suicidio institucional” que el Senado hoy trate de “proteger a ciertos miembros de la actual administración, ad portas de un plebiscito y una convención constitucional, donde justamente la idea del Congreso Unicameral va adquiriendo más fuerza en términos en que se ve que el Senado es una institución absolutamente alejada de las demandas ciudadanas y, sobre todo, lo que sucedió después del estallido”.

El analista político Víctor Maldonado subrayó que los parlamentarios tienen bastante mala imagen y aunque “se rebajen el sueldo o vengan vestidos de amarillo, nada de eso va a alterar la opinión muy formada que se tiene sobre la política y los políticos”. Sin embargo, acotó que aprobar esta reforma sería un “gesto”, el dar paso a nuevas figuras, porque no solo “de verdad altera el cuadro político, sino que además favorece para que el país pueda encontrarse con nuevos liderazgos”.

Gallito interno

La actividad de los parlamentarios muchas veces implica toda una maquinaria partidista que los rodea: caudillismos locales, favores políticos, bolsa de empleo para militantes, una red clientelar que ha sido parte del desprestigio de los partidos, pero que a la vez le da poder a la autoridad que ostenta el cargo. Son una pieza angular y, por eso, no pocos han advertido que forzar a los “vitalicios” del Congreso a dar un paso al costado hará crujir toda la “máquina” interna.

Es lo que pasa y acusan en el PS, por ejemplo. En la colectividad afirmaron que el mejor ejemplo es el senador Letelier, quien habría tratado de “amarrar” un acuerdo con varios de sus pares para evitar que se apruebe la retroactividad, el que explicaría –agregaron– las declaraciones que ayer dio José Miguel Insulza: “Voy a aceptar limitaciones, pero no voy a aceptar retroactividad”. En dicho acuerdo no estarían ni Carlos Montes ni Alfonso de Urresti, los únicos de la bandada socialista que se han mostrado públicamente a favor de la enmienda sin letra chica.

La disputa interna que ha generado esta votación en el PS no es menor. Desde la bancada de diputados acusaron falta de claridad de parte de la mesa directiva que encabeza el senador Álvaro Elizalde, al tiempo que afirmaron que ha cedido a las presiones y, por lo mismo, ha esquivado tener una línea política clara en este tema y ordenar a los senadores.

No por nada la carta transversal que se difundió el domingo contenía la firma de cuatro diputados incumbentes –Fidel Espinoza, Manuel Monsalve, Juan Luis Castro y Marcelo Schilling–, quienes no podrán repostular si es que se aprueba hoy la retroactividad, porque precisamente se quiso dar una señal a la mesa de Elizalde y a los senadores.

En ese contexto se inscriben las declaraciones de ayer del diputado socialista Juan Santana, quien emplazó a los senadores de su partido: esta reforma “debe ser aprobada a la brevedad y no en 15 años más. Quiero recordar que este es un mandato del Congreso programático del PS, donde dirigentes y autoridades del partido se comprometieron a poner un límite a la reelección (…). Existe una postura clara y definida de nuestra colectividad: la institucionalidad partidaria se respeta en todo momento, no solo cuando nos conviene".

En el Partido Socialista explicaron que los senadores incumbentes se van a jugar la carta respecto a que en el Congreso del PS nunca se explicitó sobre la retroactividad y que, por lo tanto, no están incumpliendo las directrices de la colectividad.

En todos los partidos ha habido gallitos, pugnas y choques estas semanas. La reforma fue votada y aprobada en enero en la comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado, y recién a principios de mayo se logró poner en tabla para ser discutida en el hemiciclo. Desde entonces, se ha postergado tres veces.

En el Congreso reconocieron que, si no fuera por el estallido social de octubre, el proyecto seguiría durmiendo el sueño de los justos en la Cámara Alta y que fue la pugna entre los senadores PPD,Guido Girardi y Felipe Harboe, lo que gatilló que finalmente se reactivara en el Senado.

Es que en enero se rompió el acuerdo político del 2018 para que Harboe presidiera el Senado. Girardi –quien nunca aparece involucrado pero mueve siempre todos los hilos y su gente en todos los temas relevantes– lo desconoció, como parte de una pugna histórica entre ambos, lo que llevó a que lidere la testera este año la senadora Adriana Muñoz (PPD), conocida por su cercanía política con el mítico parlamentario de Santiago Poniente.

Fue ahí que Harboe, en su calidad de presidente de la comisión de Constitución del Senado, puso en tabla para ser votada la reforma que limita la reelección de manera retroactiva, la que de ser aprobada afecta a Girardi.

La reyerta no quedó allí. En las últimas horas ha sido comentario obligado que la bancada de senadores PPD sacó, después de seis años en el cargo –en una reunión vía Zoom el domingo en la tarde–, a Harboe de la presidencia de la comisión de Constitución y puso en su lugar a Pedro Araya. Oficialmente, tanto en el partido como en los girardistas, pusieron el acento en que dicho cambio obedece al acuerdo del 2018 y que la decisión se tomó porque efectivamente correspondía poner a Araya.

En el entorno de Harboe y entre los parlamentarios que respaldan la reforma con retroactividad, la decisión fue vista y entendida como el “cobro de la boleta” por parte de Girardi a su eterno rival. Cercanos al primero reconocieron que el acuerdo del 2018 establecía que le tocaba a Araya, pero ese pacto se rompió en enero y, en consecuencia, no estaba vigente. Así, sin la presidencia del Senado, el papel en la comisión de Constitución era la plataforma de influencia política para este año del senador por el Biobío.

El debate de esta tarde será áspero, tenso, repleto de discursos para la galería, pero con dobles lecturas. Un baile de máscaras, porque, de caerse la retroactividad, en el Congreso afirmaron que será difícil saber a ciencia cierta qué es lo que se negoció tras bambalinas para resguardar el escaño a este puñado de parlamentarios enquistados en sus cargos.

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