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La elección del nuevo Presidente del BID, el primer gran desafío país del Canciller Allamand

por 9 agosto, 2020

La elección del nuevo Presidente del BID, el primer gran desafío país del Canciller Allamand
Si la Cancillería se la juega por un diseño en donde el Presidente de la República envíe una señal unitaria y presente un candidato que no necesariamente adscriba a su sector político, entonces se habrá anotado un segundo hito; y si, finalmente, consigue los apoyos necesarios para instalar a un chileno a la cabeza del BID, entonces el Canciller Allamand habrá anotado un triunfo relevante para el país y la región. Veremos cómo termina este partido. Por ahora, como señaló en columna de opinión el economista, ex Ministro de Economía y Senador Carlos Ominami, la decisión de Allamand de comprometer a Chile en esta postergación de la elección del Presidente del BID, nos pone en la línea de una política exterior como política de Estado.
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La decisión del gobierno de solicitar la postergación de la elección del Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reafirma una política de Estado, en términos de mantener la estabilidad del sistema interamericano de crédito y cooperación para el desarrollo en las Américas, construido en los últimos 60 años, manteniendo la tradición de que el Presidente sea un latinoamericano y un Vicepresidente estadounidense.

En esta ocasión, nobleza obliga, corresponde destacar la trascendencia de la decisión de Estado de Chile adoptada por el Presidente, así como el acertado y oportuno consejo del Canciller Andrés Allamand en este asunto, avizorando que el BID jugará un rol clave en la reactivación de la decaída economía regional post pandemia y allí radica la importancia de este tema.

Para entender las razones que han llevado a este intríngulis por la Presidencia del BID, es necesario señalar ciertos antecedentes de contexto.
La carrera por la Presidencia del BID comenzó sigilosamente hace meses, con las piezas que movió sobre el tablero el gobierno de Alberto Fernández, desplegando un intenso lobby para promover a Gustavo Beliz, hombre del círculo de hierro del Kirchenerismo, como su candidato a la presidencia del Banco. Para esto, los trasandinos comenzaron una ronda de consultas informales con gobiernos de la región y se desplegaron para lograr el apoyo de otros países con derecho a voto, principalmente europeos.

Con este objetivo, incluso aprovecharon reuniones realizadas durante el proceso de negociación para el canje de su abultada deuda pública, sosteniendo conversaciones bilaterales con representantes de países electores que asistieron a estas reuniones, ofreciendo garantías de seriedad y de un manejo responsable de las finanzas del BID. Como es lógico de suponer, los americanos no apoyaban la candidatura argentina y con ellos Canadá y un bloque relevante de países latinoamericanos.

En paralelo, Brasil estaba fuera de fuego, dado el fuerte desprestigio internacional de la gestión de Jair Bolsonaro, y si bien se escucharon algunos nombres de destacados economistas de ese país como potenciales candidatos, Itamaratí no se desplegó para ser un actor en esta pasada. Por último, México, el otro “grande” de Latinoamérica, tampoco lanzó una campaña con miras a hacerse del cargo, lo que es coherente con la mirada endógena y un tanto aislacionista de López Obrador en materia internacional, teniendo en cuenta además que resultaría muy difícil que un gobierno de izquierda lograra el apoyo de Estados Unidos y del bloque de países que lo secunda en la región, por más laudatorias que hayan sido las palabras que Trump y AMLO se prodigaron mutuamente en su última reunión en la Casa Blanca.

En este estado situación y para quienes seguimos este proceso, fue muy decepcionante constatar la falta de mirada estratégica del ex Canciller Teodoro Ribera, quien jamás dio prioridad a este tema, dado que no propuso un curso de acción, ni movió las piezas necesarias para que Chile hubiese presentado una candidatura que concitara apoyo en la región. Esta falta de atención de Cancillería era difícil de asimilar, dado que, luego del 18 de octubre y ante la crisis económica ocasionada por la pandemia de COVID 19, resulta prioritario que Chile se siente en la mesa de los organismos multilaterales que tomarán las grandes decisiones sobre la nueva arquitectura de la cooperación para el desarrollo, préstamos internacionales y renegociación de deuda, siendo la elección del Presidente del BID un evento de especial importancia, sin embargo, y lo reitero, Cancillería brilló por su ausencia.

Dicho lo anterior, la candidatura norteamericana no responde sólo a un afán hegemónico, aunque ciertamente se trate de una de las variables de la ecuación, sino que también se explica por la inexistencia de una candidatura viable que concitara los apoyos necesarios. Es en este contexto, que los “halcones latinos” de Trump ven una oportunidad y buscan romper una regla no escrita, presentando a Mauricio Claver-Carone, Director de Asuntos para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, como su candidato a la presidencia del BID.

Ante este escenario, se ha generado una ola de reacciones contrarias a la posibilidad de que la Administración Trump imponga a un norteamericano como Presidente del BID. Sin ir más lejos, hace un par de semanas apareció en El Mercurio una carta firmada por un grupo de destacados economistas y ex Ministros de Hacienda, en donde se manifiesta la inconveniencia del rompimiento de la tradición de abstención de Estados Unidos respecto de la presidencia del BID y, hace unos días, se difundió una declaración pública firmada por más de 130 personalidades latinoamericanas, entre las que destacan los ex cancilleres Rafael Bielsa y Susana Malcorra de Argentina; Antonio Araníbar, Javier Murillo, Carlos Iturralde y Juan Ignacio Siles de Bolivia; Mariano Fernández, José Miguel Insulza y Juan Gabriel Valdés de Chile; Celso Amorim y Celso Lafer de Brasil; María Ángela Holguín y Rodrigo Pardo de Colombia; Francisco Carrión y María Fernanda Salvador de Ecuador; Rodolfo Nin Novoa de Uruguay; Manuel Rodríguez Cuadros, Rafael Roncagliolo y Allan Wagner de Perú, en donde se propone “postergar la elección de presidente en la próxima Asamblea del BID, a fin de dedicar los próximos meses a definir estrategias y prioridades, tras lo cual concordemos de manera consensuada quien estará a la cabeza de la institución. Esta oportunidad debería servir también para confirmar formalmente que un ciudadano latinoamericano o caribeño debe ejercer la Presidencia de la institución.”

Trazado el camino a seguir, quien ahora entra en juego es el Canciller Andrés Allamand, cuya labor será fundamental para lograr un acuerdo regional que permita posponer la elección y, posteriormente, lograr los apoyos necesarios para que ojalá un chileno sea el próximo Presidente del BID. Digo esto porque las gestiones de nuestra Cancillería carecerán de sentido, si sólo se limitan a buscar el aplazamiento de la elección, ya que Chile debe aportar en la búsqueda de la solución al problema y, claramente, están dadas las condiciones para que nuestro país levante una candidatura de consenso para la región, desplegando una estrategia potente, bien organizada y bajo la conducción del Canciller Allamand, Asimismo, en caso que la Administración Trump insista en el cumplimiento de los plazos establecidos originalmente para la elección, Chile debe ser capaz de tender puentes con otros países de la región y proponer un candidato con posibilidades reales de disputar el cargo.

En cuanto a los criterios a considerar en la selección de un candidato a la presidencia del BID, es necesario prestar especial atención a las formas y a la estética de la decisión que se adopte, cuestión relevante en este caso.

Resulta de la mayor importancia que el perfil del candidato y los objetivos que se proyecten a partir de su nominación, se distancien de la imagen que proyecta la candidatura norteamericana, que ha levantado fundadas desconfianzas sobre el afán de Donald Trump de asegurar influencia en la región más allá de su período presidencial, por la vía de orientar la cartera de préstamos del BID con criterios de dudoso beneficio para el conjunto de la región, aun cuando sea muy probable un triunfo demócrata en las elecciones presidenciales de noviembre. Teniendo a la vista este escenario, es recomendable que el Presidente Piñera no replique este modelo, evitando la tentación de instalar como candidato a una persona que forme parte de su gobierno o de su círculo más cercano, descartando los cuestionamientos que puedan surgir sobre la búsqueda de influencia en un organismo internacional más allá del término de su mandato, más aún ante la incertidumbre sobre la continuidad en la Moneda de un gobierno de centro derecha.

Dicho lo anterior, sería poco decoroso elaborar una lista candidatos en esta breve columna de opinión, pero sí cabe señalar que Chile cuenta con un amplio espectro de destacados economistas, académicos, consultores internacionales, ex Ministros de Hacienda y de Economía, ex Directores de Presupuestos y ex Presidentes del Banco Central que constituyen una masa crítica de profesionales del alto nivel, desde donde es posible escoger un candidato que puede desempeñar este cargo con total propiedad. No podemos olvidar que el primer Presidente del BID fue el destacado abogado y economista chileno Felipe Herrera Lane en el periodo 1960 a 1970.

La primera tarea que el Presidente Piñera ha señalado al Canciller Allamand es un desafío de alta política. Si el Canciller se transforma en un actor relevante en los esfuerzos para acordar un aplazamiento de las elecciones para la presidencia del BID, y logra hacer sentido sobre la necesidad de que Chile presente un candidato, habrá marcado un primer hito relevante.

Luego, si Cancillería se la juega por un diseño en donde el Presidente de la República envíe una señal unitaria y presente un candidato que no necesariamente adscriba a su sector político, entonces se habrá anotado un segundo hito; y si, finalmente, consigue los apoyos necesarios para instalar a un chileno a la cabeza del BID, entonces el Canciller Allamand habrá anotado un triunfo relevante para el país y la región. Veremos cómo termina este partido. Por ahora, como señaló en columna de opinión el economista, ex Ministro de Economía y Senador Carlos Ominami, la decisión de Allamand de comprometer a Chile en esta postergación de la elección del Presidente del BID, nos pone en la línea de una política exterior como política de Estado.

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