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Democracia en cuarentena

por 24 septiembre, 2020

Democracia en cuarentena
Los poderes especiales podrían ser utilizados por los gobernantes en el actual contexto de crisis como un medio para acumular poder, pero también para enfrentar los problemas de gobernabilidad que los acechan con medias de excepción. En Chile no estamos inmunes para enfrentar lo que observamos en otras latitudes en relación a la expansión del poder de los gobernantes y sus efectos sobre la institucionalidad democrática.
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Hace algunos días el Gobierno anunció, a través del ministro del Interior, que el Presidente, Sebastián Piñera, había decidió prorrogar la declaración del Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe -por calamidad pública- en el territorio de Chile, por un período de 90 días. La información -paradojalmente se anuncia el 11 de septiembre y en días previos a la inusual celebración de Fiestas Patrias- pasó prácticamente desapercibida, hubo escazas reacciones y casi ninguna reflexión acerca del trasfondo de la medida.

Lo anterior resulta un contrasentido en medio de esta sensación de falsa seguridad que estamos experimentando hace ya algunas semanas, por el proceso de desescalada en marcha reforzada por una ambigua comunicación de Gobierno, unida a los brotes de una primavera que parece anunciar el fin del largo invierno y del confinamiento. Este clima de opinión pública, que se ha instalado por parte de las autoridades gubernamentales –por acción u omisión– iría en sentido contrario al objetivo de mantener la medida, más aún a días del plebiscito que abre el próximo ciclo electoral.

Una reciente editorial de este medio señalaba que “el Estado de Chile está funcionando en el vacío de una burbuja constitucional, creada bajo el argumento que el país vive una situación de catástrofe nacional por la pandemia del COVID-19”. Lo señalado en la editorial parece confirmar en los hechos, una realidad que nos negamos a ver: lo cierto es que siguen en cuarentena muchas garantías civiles de nuestra institucionalidad democrática, puesto que pueden restringirse las libertades de locomoción, reunión y el derecho de propiedad, entre otras medidas con la prorroga anunciada.

Robert Higgs, autor de "Crisis and Leviathan", afirma que frente a las crisis los gobiernos incrementan sus poderes. Cuando las crisis terminan, los gobernantes renuncian a una parte, pero nunca a todo el poder. Cómo impactará sobre nuestra ya debilitada democracia y sus instituciones esta expansión de poderes especiales y libertades limitadas, para hacer frente a la emergencia de la pandemia, es aún demasiado pronto como para hacer predicciones definitivas. Pero podemos hacer conjeturas a partir de otras experiencias que estamos conociendo y del conocimiento de cómo funcionan los gobiernos.

La evidencia comparada está mostrando que la pandemia puede dejar secuelas sobre los sistemas democráticos que ya venían debilitados, por crisis política y de representación, expresiones masivas de descontento ciudadano y en algunos países por la irrupción de populismo, más allá de la actual emergencia sanitaria.

En este contexto de debilitamiento de las democracias, se ha instalado en varios países -por ejemplo Hungría y Polonia- la tentación de deriva autoritaria que, con poderes especiales y libertades limitadas, mantienen a las democracias en cuarentena.

Los poderes especiales podrían ser utilizados por los gobernantes en el actual contexto de crisis como un medio para acumular poder, pero también para enfrentar los problemas de gobernabilidad que los acechan con medias de excepción. Sabemos que más temprano que tarde estas terminan debilitando las instituciones, especialmente cuando estas –como en nuestro caso- no gozan de buena salud.

En Chile no estamos inmunes para enfrentar lo que observamos en otras latitudes en relación a la expansión del poder de los gobernantes y sus efectos sobre la institucionalidad democrática.

Robert Higgs, autor de "Crisis and Leviathan", afirma que frente a las crisis los gobiernos incrementan sus poderes. Cuando las crisis terminan, los gobernantes renuncian a una parte, pero nunca a todo el poder. Cómo impactará sobre nuestra ya debilitada democracia y sus instituciones esta expansión de poderes especiales y libertades limitadas, para hacer frente a la emergencia de la pandemia, es aún demasiado pronto como para hacer predicciones definitivas. Pero podemos hacer conjeturas a partir de otras experiencias que estamos conociendo y del conocimiento de cómo funcionan los gobiernos.

Por ahora, lo que tenemos como evidencia en nuestro caso es que la prórroga del Estado de Catástrofe anunciada por 90 días mantiene nuestra democracia en cuarentena. Sobre cómo evolucione este proceso, lamentablemente, no tenemos certezas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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