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El súper 11/4 sudamericano

por 26 marzo, 2021

El súper 11/4 sudamericano
Si seguimos las encuestas tenemos que, en Ecuador, Arauz posee hoy una ventaja relativa. En Perú lo más seguro es que se irá a segunda vuelta presidencial, pero hoy no sabemos quiénes integrarán esa dupla. Lescano sabe que su demanda sobre el Huáscar no prosperará, pero puede meter el tema de la relación con Chile en la agenda electoral. En Bolivia, de no calmarse las aguas, tendremos una segunda ola de polarización, en la cual se puede reconstruir el bloque anti-MAS, aunque el tema presidencial no está en juego. En Chile, la diversidad del resultado provocará una diversidad de lecturas, será el primer round de una pugna que en noviembre decidirá al próximo Gobierno. Es claro que, después de la conformación de la Convención Constitucional, el eje político se desplazará hacia ella y la campaña presidencial. La Moneda caminará con un ardiente y prematuro sol en la espalda.
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El próximo 11 de abril cuatro países sudamericanos irán a las urnas. Segunda vuelta presidencial en Ecuador y primera en Perú; segunda vuelta de gobernadores en Bolivia, mientras que en Chile elegiremos gobernadores, alcaldes y concejales, más los constituyentes. Elecciones que se desarrollan en sociedades agotadas por la pandemia, algunas experimentando más de un año de Estado de Excepción. El desempleo, la recesión y el agotamiento mental agobian a los electores, pero cada país tiene originalidades.

Veamos, de norte a sur

Ecuador va a la segunda vuelta presidencial. Concurren el abanderado del correísmo, Andrés Arauz, y el banquero Guillermo Lasso, apoyado por sectores conservadores. No sin problemas. El líder indígena, Yaku Pérez, alegó hasta el último por un recuento de votos –Lasso lo superó por escasas décimas–, pero el tribunal electoral desechó su reclamo. Yaku y su partido Pachakutik, han llamado a anular el voto y prometen parapetarse en su bancada. Por su parte, el candidato que llegó cuarto, Xavier Hervas, de Izquierda Democrática, acaba de apoyar a Lasso.

En toda la región continuará la pandemia, seguirán los esfuerzos por la reactivación económica, con sociedades agobiadas por cuarentenas, encierros y privaciones. Para una región de alto cuestionamiento a la legitimidad de la autoridad y las instituciones, se abre un panorama de pronóstico reservado. ¿Podrán estas elecciones resolver las fuertes demandas sociales y superar las graves desconfianzas que prevalecen en amplios sectores de la población?

Arauz es el candidato del expresidente Correa, esa es su gran fortaleza pero al mismo tiempo su debilidad. Ganó la primera vuelta favorecido por la división del amplio frente anti-Correa. Ahora enfrenta al banquero Lasso, casi un símbolo del modelo económico que el correísmo denuesta. La economía es uno de los campos de disputa en un país que hace años se ha dolarizado y que bajo el actual presidente, Lenin Moreno, se ha inclinado por un manejo ortodoxo. La relación con el FMI, el libre comercio con EE.UU., entre otras materias, diferencian notoriamente a los dos candidatos. Con un 30% de indecisos, a pocos días todo puede pasar. Recordemos que Lasso, al menos, debiera subir su votación en un 13% para alcanzar a Arauz. Mientras, el gobierno acaba de reconocer que no existe un plan de vacunas y destituye al ministro de Salud.

En el Perú se elige a presidente y asambleístas (tienen una sola cámara). La caballada esta flaca y solo Yonhy Lescano, abanderado del centrista Acción Popular, rasguña el 20% y acaba de pedir que Chile le restituya el Huáscar. Cabe agregar que agrupaciones de marinos peruanos en retiro han criticado esta propuesta, por su manifiesto uso político y electoral.

¿Quién lo acompañará en la segunda vuelta? De los 18 candidatos, en el pelotón más cercano a Lescano aparecen pocos: el exarquero de Alianza Lima, George Forsyth, candidato de centro, muy conocido, muy simpático y con poca profundidad programática. En las últimas semanas ha escalado el empresario Rafael López Aliaga, Opus Dei, que se declara célibe y enamorado de la Virgen María, a quien considera en sus palabras “un mujerón”. Promete un huracán de inversiones en infraestructura. También están Keiko y la izquierdista Verónika Mendoza, pero la primera pierde votos con la irrupción de López Aliaga, y Vero sufre lo mismo en su bastión sureño, donde Lescano ha logrado penetrar. Todos los últimos mencionados apenas rozan el primer digito y se separan por el margen de error. Imagínese qué queda para los restantes. Por ello, analistas limeños se refieren a estas candidaturas como un “pelotón de pitufos”. Mientras la pandemia ya cobra más de 50 mil fallecidos y los contagios superan los 5 mil diarios.

En Bolivia, cuatro departamentos van a segunda vuelta de gobernadores. Se trata de La Paz, Chuquisaca, Tarija y Pando. En cada uno de ellos se dirime entre fórmulas muy diversas. De todos los partidos, es el Movimiento al Socialismo el único que preserva dimensión nacional y, si bien ganó sobradamente las presidenciales de noviembre, esta vez el resultado a nivel municipal en las principales ciudades le fue adverso. ¿Ganó la oposición?

Varios estudiosos señalan que se trata de elecciones de diferente naturaleza. Las presidenciales serían más político-ideológicas, mientras que las municipales y de gobernador apelarían más a la administración y la problemática local. Agreguemos que, en el caso del Alto la Paz –segunda ciudad más poblada del país–, si bien el candidato del MAS perdió, la alcaldesa electa, Eva Copa, era hasta poco senadora oficialista y mantiene una gran sintonía con el vicepresidente Choquehuanca.

El Alto es el corazón demográfico del mundo aymara del Occidente boliviano, así como el Chapare (cercano a Cochabamba) es el reducto indígena que se identifica rabiosamente con Evo. No pocos analistas señalan que más que el MAS, el que perdió relativamente en las últimas elecciones fue Evo Morales, dados los errores que cometió en la selección de candidatos, incluida la exclusión de Eva Copa, que decidió ir por su cuenta y arrasó con más del 60%.

Pero no todo es elecciones. El clima político se enrareció por la reciente detención de la expresidenta, Jeanine Áñez, algunos de sus ministros y varios excomandantes de la policía y las FF.AA. La Justicia los acusa de golpe de Estado y sedición. La oposición denuncia manejo político en estos juicios. Pone en evidencia que Bolivia está dividida respecto a los sucesos que terminaron con la renuncia de Morales a fines del 2019. Para unos hubo un fraude, para otros un golpe. Lo que también hubo fue un periodo de extrema anarquía y violencia, donde se produjeron matanzas que la CIDH exige se investiguen. Estos hechos han reanudado el clima de polarización y eso puede expresarse en las elecciones venideras. Mientras, el número de contagios por COVID ha disminuido y no supera los mil diarios.

En Chile, el 10 y 11 de abril tendremos cuatro elecciones: de gobernadores, de alcaldes y concejales, y también elegiremos a 155 constituyentes. En realidad, las locales debieron haberse realizado a fines del pasado año, pero se postergaron por el COVID.

Es difícil sacar conclusiones nacionales de elecciones regionales. Las lógicas son diferentes, más aún en el caso de las constituyentes. Pero algo se puede decir. Primero, que desde 1990 en adelante, la fuerza que ganó las municipales, ganó después las presidenciales. Estas serán en noviembre. Pero antes, el sistema se asentaba en dos coaliciones principales. Hoy no es así. A la derecha le ha surgido una extrema derecha: el Partido Republicano; y una derecha que busca el centro: Evópoli. A la izquierda de la ex Concertación surgió el Frente Amplio y, además, ahí esta el Partido Comunista.

Esta proliferación de opciones dificulta un pronóstico tajante. Sin embargo, los análisis coinciden en que, en el caso de las elecciones de constituyentes, a la derecha le irá bien. Esto, sencillamente, porque llegaron a un acuerdo nacional, lo que la beneficiará por la dispersión de los demás. Se calcula que obtendría más de un tercio y, así, construir un seguro contra una hipotética aplanadora si la centroizquierda fuese unida. Recordemos que la opción del Apruebo rozó el 80%, aunque una parte minoritaria de la derecha también votó por el.

Tampoco olvidemos que la abrumadora mayoría de los ciudadanos tiene una bajísima opinión de los partidos políticos y de sus dirigentes. Si la derecha obtuviese una buena bancada de constituyentes (arriba de un 30% se calcula), cometería un error si pensase que con ello ganaría las elecciones presidenciales venideras, menos en segunda vuelta. Qué decir del alto nivel de desaprobación que registra el Gobierno de Sebastián Piñera.

¿Tendremos una nueva postergación? Chile vive una segunda ola. Con contagios diarios que a veces superan los 7 mil y no bajan de los 5 mil, se superaron los peores momentos del año pasado. Paradójico si se considera que hay más de 5 millones de vacunados. ¿Cuánto influirá todo esto en las preferencias ciudadanas? No todo es pandemia, las familias están inquietas por el desempleo y la precariedad social.

Colofón

El próximo 11/4 será un súper 11. Si seguimos las encuestas tenemos que, en Ecuador, Arauz tiene hoy una ventaja relativa. En Perú lo más seguro es que se irá a segunda vuelta presidencial, pero hoy no sabemos quiénes integrarán esa dupla. Lescano sabe que su demanda sobre el Huáscar no prosperará, pero puede meter el tema de la relación con Chile en la agenda electoral. En Bolivia, de no calmarse las aguas, tendremos una segunda ola de polarización, en la cual se puede reconstruir el bloque anti-MAS, aunque el tema presidencial no está en juego. En Chile, la diversidad del resultado provocará una diversidad de lecturas, será el primer round de una pugna que en noviembre decidirá al próximo Gobierno. Es claro que, después de la conformación de la Convención Constitucional, el eje político se desplazará hacia ella y la campaña presidencial. La Moneda caminará con un ardiente y prematuro sol en la espalda.

En toda la región continuará la pandemia, seguirán los esfuerzos por la reactivación económica, con sociedades agobiadas por cuarentenas, encierros y privaciones. Para una región de alto cuestionamiento a la legitimidad de la autoridad y las instituciones, se abre un panorama de pronóstico reservado. ¿Podrán estas elecciones resolver las fuertes demandas sociales y superar las graves desconfianzas que prevalecen en amplios sectores de la población?

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