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PAÍS

El Pollo abuelo

por 4 julio, 2021

El Pollo abuelo
Cala, Dante y Gabriel son el gran motor de la vida de quien fue el cantante juvenil más potente de la historia musical chilena y un artista que se ha mantenido vigente desde mediados de los 60 hasta ahora. A sus 73 años, como rostro de la iniciativa “Colecta Mayor”, José Alfredo Fuentes reflexiona sobre la diferencia entre ser padre y ser abuelo. En la conciencia de aprovechar el tiempo con “esas esponjitas que son los niños”, a los que hay que disfrutar conscientemente, aunque crujan las rodillas y duelan los riñones después de pasarse la tarde gateando con ellos.
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“La verdad es que el tiempo pasa y hay que aceptarlo  y ponerle buena cara tanto al mal como al buen tiempo, y esperar que el tiempo nos ponga buena cara a nosotros también. Aunque para resistir el paso de los años, proceso que tiene todo de natural, uno no siempre está bien preparado”, dice honestamente José Alfredo Fuentes, (73), “El Pollo”cantante, compositor, productor musical y conductor de televisión. Protagonista además de uno de los fenómenos pop más potentes de la música chilena a mediados de los años 60.

El Pollo, alentado por sus fans o “calcetineras” con pompones amarillos y gritos desenfrenados, ha sido comparado con la beatlemanía o con la devoción que despertó Elvis Presley en su momento, tal como lo plantea el sitio especializado www.musicapopular.cl. Leemos: “Fue tal la popularidad de José Alfredo Fuentes durante su juventud, que su carrera profesional completa puede explicarse por el fervor acumulado en esos primeros años como cantante, cuando su estampa de galán ingenuo y su vibrato maduro motivaron un fenómeno descrito alguna vez como la beatlemanía chilena. Pese a ello, sería injusto comparar su caso al de decenas de contemporáneos suyos que alargaron durante décadas un par de hits cosechados alrededor de la época de la Nueva Ola. Su trayectoria ha sido larga pero activa, ha tenido varias composiciones propias y, en algunos períodos, ha mostrado una sorprendente propuesta”.

 Hoy, el Pollo es abuelo y rostro de una campaña –Colecta Mayor– que busca apoyar a hogares de adultos mayores golpeados financieramente por la pandemia. También es un tipo sensible y directo que reflexiona así para “Piensa en Grandes” sobre estos años presentes. 

-¿Cuál es para ti la mejor etapa de tu vida?

-Frente a esa pregunta se suele responder “la actual, la que estoy viviendo”, pero eso no es verdad. Hoy uno disfruta con cosas puntuales. Yo diría que disfruto con mis nietos, que son lo que más me llena hoy. Pero la mejor época de mi vida, donde mejor estuve, podría ser entre los 35 y los 40 años, ya con la popularidad un poco más tranquila, con la vitalidad de esa edad, con los éxitos en la televisión de esos tiempos, con una tranquilidad en casa, con mi mujer y mis hijos. Si tuviera una varita mágica y pudiera volver atrás en el tiempo, volvería por ahí, a los 35, 36 años

-Cuando uno tiene un inicio tan fulgurante como el tuyo, ¿no es como crecer a la sombra de uno mismo?

-Sí, es complejo. Aparte de lo obvio: que eres un personaje popular, que toda la gente te conoce y que estás en la boca de todos, también está el hecho de preguntarte a ratos ¿quién cresta soy: el Pollo Fuentes; José Alfredo Fuentes; Alfredito, para mi familia; el Pollito para la gente; esa persona que es capaz de solucionar cualquier problema, como un mago, porque es famoso, conocido? Es una cosa bien confusa, especialmente cuando eres muy cabro. Yo empecé a cantar a los 17, a los 18 era muy, muy popular. Afortunadamente, no me di mucha cuenta. Después, como a los 24, miré hacia atrás y vi que lo que pasó conmigo en Chile fue algo realmente  fuerte. Al presentarme, hiciste una comparación desmesurada entre yo y Elvis, pero a nivel de Chile, lo del Pollo fue fuerte. Yo no podía caminar solo por la calle. No podía tener la vida de un ser común y corriente, pero poniendo las cosas en la balanza, estoy contento con lo que ha sido mi vida.

-Ese éxito tan temprano, ¿te nubló, te mareó, te confundió o te llevaste bien con la fama?  

-La verdad y en esto soy bien honesto, nunca me creí el cuento o no alcancé a creérmelo. Fue tan  rápido, creo además que yo venía bien preparado, de un ambiente familiar, muy apegado a mis hermanos y a mi mamá. Con una sólida educación en el colegio Alonso de Ercilla, de los hermanos maristas. Tomé la fama como un trabajo y nunca llegó a enceguecerme.

-¿Qué ha pasado con “las calcetineras” de entonces, que era el nombre con que se conocía a las fanáticas que morían por El Pollo? 

-En mayo de 1966, grabé mi primer disco, entonces eran singles. Al tercero, que fue la famosa canción “Te perdí”, ya había fans club del Pollo por todo Chile. Tenía que ir a lugares para juntarme con mucha gente. A tomar tecito con las admiradoras, entonces se tomaba once con el fan club. Era un panorama bien nerd, nada que ver con los ídolos musicales de ahora. Afortunadamente, te insisto, yo no me di mucha cuenta del fenómeno del que era parte. Para mí era un trabajo, aunque implicara andar protegido por carabineros, subirme a las micros o andar por la calle disfrazado para que no me reconocieran. Por suerte, siempre me acompañaron mis hermanos. Eran dos, de 12 y 13 años mayores que yo. Ambos, desgraciadamente, no están vivos, pero entonces iban conmigo a todas partes, era una condición que puso mi mamá. Ahora, a estas alturas de la vida, pienso que quizás me salté cosas que pudiera haber hecho, pero también pienso que cantar es lo que más me gusta y que no habría tenido el cariño de la gente que aún percibo en todas partes si mi camino hubiera sido otro. Hoy aún sobreviven esas amigas, organizan tés, se movilizan en Facebook o Instagram. 

Devoto de Mon Laferte

-Te casaste muy joven y te separaste en el año 2000, como a los 50. ¿Cómo es entrar a la adultez sin pareja, sueñas con emparejarte de nuevo?

-Con Isabel estuvimos casados 28 años, más tres de pololeo, 31 juntos en total. Aunque, en realidad, seguimos casados, porque nunca nos hemos divorciado. Fue muy difícil al principio nuestra separación. No sólo por el hecho de no estar con mi mujer, sino de no estar en mi casa, con mis cabros. Afortunadamente, los tres estaban grandes cuando se produjo el quiebre. La más chica tenía 17, Natalia, que hoy tiene 38 años y que me tiene chocho con dos nietos preciosos. Después tuve otra relación sentimental y después otra. He tenido dos relaciones sentimentales más, una de bastante tiempo y otra no, pero ambas importantes. Hoy tengo una muy buena relación con Isabel, sigue siendo mi señora. Ella tampoco tuvo nunca una relación definitiva y hoy día estamos muy cercanos, si bien no vivimos juntos. Nos venos a diario, acabo de ir ayudarla porque se quedó en pana, y está esa maravilla que nos une, que son los nietos. 

-Podrían renovar votos y hacemos una fiesta… -decimos, imbuidas de un espíritu casamentero 

-Anda a saber tú, aunque así estamos re bien… pero a lo mejor.   

-Poco después de tu separación, a los 52 años, te hicieron dos byes pass, ¿qué significó ese trance en tu vida?

-Efectivamente, me separé y, al poco, tiempo me sometí a esos byes pass cardíacos. Yo soy un tipo que no fumo, no tomo trago ni ninguna otra cosa. Soy como bien portado y muy deportista. Toda la vida he jugado fútbol y, cuando no juego, voy al gimnasio. Cuando pasó lo de los bye pass, el cardiólogo me dijo que no era un problema netamente del corazón, sino de la cabeza. Yo creo que estaba estresado y creo que se debía en parte a lo mal que lo pasé los primeros años que estuve separado. Recuerdo que estaba complicado, que pasaba mucho delante de mi ex casa, mirando si estaban las luces prendidas, muy triste. Tengo cosas escritas por ahí, algún día quizás las convierta en un libro. Creo que eso me afectó y de ahí el golpecillo en el corazón.

Cuenta con entusiasmo sobre su descendencia. “Mi hija Natalia, que es la menor, tiene dos niños: Dante, que acaba de cumplir tres años, y una gorda chica, de dos meses, que se llama Cala, como la flor. Y tengo otro nieto en Estados Unidos, es de mi hijo Alfredo, el mayor, que vive allá hace más de 20 años, cuando se fue a estudiar y que hoy es un destacado ingeniero de sonido en Houston.  Le va muy bien, mi nuera es coreana y tienen un niño mitad chileno, mitad coreano, que se llama Gabriel. En el verano, me fui dos meses para estar con él. Verdaderamente, los nietos me tienen loquito. 

-¿Qué es mejor: ser papá o ser abuelo?   

-Ser abuelo es exquisito, lo mejor que te puede pasar. Converso con mis coetáneos que tienen nietos y todos coincidimos en que es maravilloso. Uno se vuelve loco con los niños, quiere verlos todos los días, jugar con ellos y disfrutarlos, una necesidad que es fruto de la experiencia. Cuando tienes 30 y un niño pequeño estás en muchas cosas, no tienes la capacidad o el tiempo de atesorar casa momento. Uno ama a sus hijos, son lo más importante, pero en esa etapa no estás consciente plenamente de lo que estás viviendo o de lo que te estás perdiendo o de cómo pasa el tiempo. Estás trabajando, luchando por darles lo mejor. Los cabros chicos crecen muy rápido y, a estas alturas de la vida, uno sabe que hay que apretarlos, disfrutarlos, sacarle todo el jugo a esa esponjita que son los niños, absorbiéndolo todo. No es porque uno se ponga viejo chocho; es la experiencia lo que te permite darte cuenta del valor de cada momento y de que hay que aprovecharlo. Yo soy muy consciente de lo que hago al estar dos horas gateando con Dante. Sé que me voy a ir para la casa con dolor de riñones, de rodillas, pero no me importa, porque es demasiado rico, lindo, satisfactorio, estar con él. 

Pero no sólo de nietos vive el Pollo. Ahora mismo es “rostro” de Colecta Mayor, una iniciativa que busca apoyar financieramente a decenas de hogares de adultos mayores sin fines de lucro que han visto muy mermados sus ingresos a causa de la pandemia. “Son 400 establecimientos en todo Chile, que atienden a 6 mil ancianos. Se requiere juntar unos 400 millones al año para poder mantener todas esas personas que merecen todo nuestro cariño y respeto. Lo más duro de la vejez es quedarse solo, sin una familia que te apoye, porque eso sucede con mucha frecuencia lamentablemente”. José Alfredo Fuentes es un artista que lleva su música a esas residencias de adultos mayores de manera frecuente y desinteresada, porque cree en su valor como catalizador de emociones positivas. Y una de las características que destaca de la música actual es la preeminencia femenina. “Mi generación tuvo mucho más figuras masculinas que femeninas: Sandro, Leonardo Favio, Adamo, Leo Dan, Julio Iglesias, el Pollo Fuentes. Esta, en cambio, quizás por el feminismo imperante que yo aplaudo, ofrece un gran número de cantantes y cantautoras mujeres, nacionales, además, muy buenas”. 

-¿Cuál es tu favorita, la que más te gusta?

-Son muchas, pero destaco a Mon Laferte, porque tiene una tremenda fuerza. Los futbolistas dicen que hay que poner los huevos en la cancha. Ella no tiene huevos, pero pone los ovarios en la música que hace y uno siente que canta con todo. Y eso me encanta. 

 

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