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La importancia de la comisión de Conocimiento, Ciencia, Tecnología, Cultura, Arte y Patrimonio

por 11 septiembre, 2021

La importancia de la comisión de Conocimiento, Ciencia, Tecnología, Cultura, Arte y Patrimonio
Una de las comisiones (que primero debe ser aprobada) es sobre Sistemas de Conocimiento, Ciencia, Tecnología, Cultura, Arte y Patrimonio. Lo más importante hoy es que se logre conformar esta importante comisión, crucial para el país, considerando los importantes alcances que conllevan estos temas para las y los habitantes del país (y el mundo), pues es sabido que el fortalecimiento, multisistémico, de estas áreas repercute en todos los campos de la vida social y cultural.
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En pocas semanas se votará, por las y los constituyentes, sobre cuáles comisiones temáticas se comenzará el debate y posterior texto constitucional. Una de las comisiones (que primero debe ser aprobada) es sobre Sistemas de Conocimiento, Ciencia, Tecnología, Cultura, Arte y Patrimonio. Esta interesante, amplia y abarcativa comisión será un rico campo de disputas, las cuales deberán decidir y “definir” de qué manera se entenderán, abarcarán y aplicarán todos estos ejes y campos temáticos. 

En principio, debiera ser obvia la aprobación de esta comisión, considerando los importantes alcances que conllevan estos temas para las y los habitantes del país (y el mundo), pues es sabido que el fortalecimiento, multisistémico de estas áreas repercute en todos los campos de la vida social y cultural. En esta breve columna no voy a entrar en detalles sobre los distintos puntos de vista y las posiciones que existen en estos temas, pues considero que lo primero es apoyar que se conforme esta comisión. 

Algunas organizaciones ya han presentado propuestas sobre los ítems que se consideran relevantes para una profunda discusión positiva, que debiera dirigirse a una actualizada y nueva forma de vivir a partir de la aplicación de estos temas. 

Una de las apreciaciones que quisiera tocar hoy es sobre los alcances que tomará esta comisión al basarse –o no– en principios y acuerdos internacionales sobre los derechos científicos y culturales dados, por ejemplo, en la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1948. Lo interesante de los alcances que debieran darse en la discusión, con respecto a estos derechos, es sobre, en principio, dos aspectos generales que enumeraré: 

 

  1. En parte de la Declaración Universal de mediados del siglo XX se menciona la libertad de participación en los procesos culturales y los beneficios científicos (también con participación en ellos). En esta declaración se hace mención, también, al “goce de las artes”. Esto último debiera actualizarse sobre la base filosófica del debate sobre lo estético hoy, es decir, más allá del goce, lo importante sería una actualización sobre el quehacer, la participación y eventuales derechos, pero a partir del campo en disputa del principio estético, y no reducirse a un a priori sobre la significación del arte. Esto será crucial para el devenir de una contemporanización del arte nacional y su incidencia en los procesos culturales. Los resguardos, conservaciones y construcciones de diversidad cultural entrarían en el paraguas del debate estético/político. 
  2. Un segundo aspecto general es sobre el concepto de derecho, particularmente el que menciona la ONU con respecto a los derechos morales. En lo que concierne a los derechos, como el que menciono, el debate será de líneas muy delgadas, pues, por ejemplo, el derecho moral entra en la categoría de los derechos de propiedad personalistas y también, un poco menos, en las líneas lockeanistas. Qué significa esto: si se resguarda, tal cual, con la concepción moral del derecho (siguiendo a la ONU), se corre un riesgo de individualizar el derecho por sobre el bien común. Esto es un debate de larga data y se puede sintetizar de la siguiente manera: ¿cuáles serán los límites de la protección individual, en cuanto a autoría, con respecto a los bienes comunes del conocimiento? El balance de esto es crucial, pues de ello dependerá el mayor o menor alcance de la población a la participación activa de los conocimientos, ciencia, tecnología, cultura, arte y patrimonio. Los resguardos de la propiedad intelectual, sin matices, son y han sido muy peligrosos para el crecimiento y fortalecimiento cultural de cualquier nación.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales –que entró en vigor en 1976– insiste en el concepto psicoanalítico de un cierto derecho al “goce” de las ciencias, incluyendo, literalmente, los beneficios económicos. Si bien este pacto lo suscriben muchísimos países, no por ello debieran seguirse a rajatabla conceptos que pueden interpretarse de muchas maneras (recordemos que el goce siempre es una falta, una carencia). De cualquier forma los convenios se pueden mantener con los arreglos necesarios que decida cada país de acuerdo a las libertades o restricciones que se requieran. 

Para terminar he dejado el concepto más complejo que abarca la comisión: el Conocimiento. Es complejo, pues conlleva multiplicidad de definiciones y, por ende, de aplicaciones. Si se le considera desde una base epistémica, la cual, en principio, es bastante coherente, se puede correr el riesgo de instaurar un tipo de razonamiento donde la posibilidad de “pluralidad nacional” podría chocar con ello, pues es un método racionalista occidental que, quizá, no concuerde con “naciones” y/o pueblos  originarios.

En este sentido, tal vez, podrían considerarse alcances como los que menciona Sharon Stein en su interesante columna titulada Más allá de los debates habituales: crear las condiciones para que florezca la libertad académica (agradezco a Braulio Rojas por compartir este documento). Aquí, desde una revisión a las formas tradicionales de entender el conocimiento y las ciencias, Stein invita a las aperturas disciplinares, de tradiciones, variedad  de saberes, etc., donde la desjerarquización de ciertos saberes sobre otros es crucial para la convivencia de los posibles distintos conocimientos, basados en multiplicidad de culturas, que, en principio, no permitirían cerrar un debate sobre cuál es la significación que se adoptará sobre el conocimiento. Si se le considera en plural, podría tener la capacidad de abarcar la multiplicidad que menciono, pero aún ¿sobre la base de qué definición o postura? Considero que, antes de iniciar el debate o bajada de los ítems, sería saludable conversar sobre este punto y tomar una posición país acerca de qué vamos a entender por conocimientos en la Constitución; no dejarlo por un supuesto. 

De cualquier forma, lo más importante hoy es que se logre conformar esta importante comisión, crucial para el país. Mi apoyo está en esta primera etapa, luego de ella discutiremos (para aportar), con altura de miras, las mejores condiciones específicas que sean necesarias en el texto constitucional.

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