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Fake news, discurso de odio y trampa electoral: el (explosivo) estilo de campaña que llegó a Chile

por 21 diciembre, 2021

Fake news, discurso de odio y trampa electoral: el (explosivo) estilo de campaña que llegó a Chile
A la luz de los resultados y de la contundente victoria de Gabriel Boric, se podría afirmar que se erró en la estrategia derechista; que el explosivo cóctel de fake news, discursos de odio y alertas de fraude electoral, no dio los resultados electorales esperados para lograr el triunfo del candidato. Sin embargo, si consideramos que el 45% de los electores chilenos sí se sintió convocado por este tipo de discurso, y que ninguno de sus voceros se ha mostrado arrepentido o siquiera crítico de los recursos que usaron para la campaña, podría ser que esto recién esté comenzando. De ser así, se hace urgente en Chile un debate amplio en torno a estos tres elementos que, como se ha podido apreciar pública y notoriamente en otros países, lastiman la convivencia nacional, fomentan la violencia social y erosionan profundamente la democracia. 
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Las campañas electorales son momentos cúlmines, en muchos sentidos. Se trata de meses en los cuales las candidaturas y sus comandos despliegan todos sus recursos creativos, su marketing político, sus relaciones públicas, su publicidad y un arsenal de estrategias y apuestas por influir en el electorado. Es el momento estrella de la comunicación política. Es, por lo mismo, una buena época para evaluar una candidatura y lo que esta representa, pues se muestra con intensidad ante la opinión pública a diario, tratando de convencerla y seducirla para conseguir su apoyo.

En ese contexto, llamó poderosamente la atención la estrategia de José Antonio Kast. Junto a elementos conocidos y propios de cualquier campaña, pudimos observar un cóctel explosivo que configuró buena parte del estilo comunicacional por el cual apostaron su candidatura y sus adherentes.

En primer lugar, vimos durante parte importante de la campaña la presencia de discurso de odio. No se trata de cualquier discurso, se trata de uno sancionado por Códigos Penales de varios países y frente al cual advierte la doctrina internacional de los derechos humanos, pues lo considera la antesala de la violencia física. Es decir, la violencia material –por ejemplo, la que vimos este año en Iquique contra inmigrantes– suele estar antecedida de violencia discursiva. Se trata de un discurso que, además, agrede no solo a la persona que lo recibe, sino a todo un colectivo social al que ella pertenece. Y efectivamente, durante esta campaña el discurso anticomunista y misógino promovido, sobre todo en redes sociales por partidarios de JAK, fue cosa común y, en casos como el diputado electo Johannes Kaiser –que cuestionó el derecho a voto de las mujeres y alentó las violaciones contra mujeres–, adquirió ribetes de escándalo nacional. Es decir, el odio ideológico y el odio de género formaron parte importante de la comunicación política desplegada.

En segundo lugar vimos, como nunca, una proliferación de fake news, tanto en la primera como en la segunda vuelta presidencial. Llegó a tal nivel su uso, que estas parecieron formar parte del ADN de la campaña por Kast. Hubo muchas, unas más burdas que otras, pero quizás lo más llamativo fue que sus impulsores fueron, en buena medida, personeros con legitimidad institucional. Casos confirmados de propagación de fake news, tanto en redes como en la televisión abierta, estuvieron a cargo, por ejemplo, de Gonzalo de la Carrera, diputado electo; Ena von Baer, senadora en ejercicio o Javier Macaya, presidente de la UDI.

Sin embargo, el guión no estaba completo, faltaba aquella parte que –de acuerdo a la experiencia comparada– se activa a escasos días del evento electoral: lanzar la alerta de fraude electoral si el candidato propio no es elegido. Ya lo hicieron en su momento Trump y también Bolsonaro. En Chile ocurrió igual. Por ejemplo, cuando el diputado Diego Schalper habló de “los amigos del fraude”, o cuando el presidente de RN y senador, Francisco Chahuán, habló de recurrir a los tribunales electorales para definir los resultados de la elección, todo ello fuertemente promovido y difundido en redes sociales, hasta convertirse en trending topic y tema de agenda.

A la luz de los resultados y de la contundente victoria de Gabriel Boric, se podría afirmar que se erró en la estrategia derechista; que ese explosivo cóctel no dio los resultados electorales esperados para lograr el triunfo del candidato. Sin embargo, si consideramos que el 45% de los electores chilenos sí se sintió convocado por este tipo de discurso, que Kast es el candidato con la mayor cantidad de votos jamás obtenidos por alguien que haya llegado en segundo lugar y que ninguno de sus voceros se ha mostrado arrepentido o siquiera crítico del discurso de odio, de las fake news y de las injustificadas advertencias sobre fraude electoral, podría ser que esto recién esté comenzando. De ser así, se hace urgente en Chile un debate amplio en torno a estos tres elementos que, como se ha podido apreciar pública y notoriamente en otros países, lastiman la convivencia nacional, fomentan la violencia social y erosionan profundamente la democracia. 

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