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¿Superávit o déficit fiscal? No, el problema está en el crecimiento

por 30 noviembre, 2022

¿Superávit o déficit fiscal? No, el problema está en el crecimiento
El único curso posible está en partir reconociendo lo más básico: la ciudadanía rechazó rotundamente la refundación del país. La coyuntura adversa en que estamos, buena parte autoinfligida, ya llegó y habrá que enfrentarla, pero el verdadero desafío está en el mediano y largo plazo que el 62% del Rechazo del 4 de septiembre pasado ya demarcó; en fortalecer los incentivos para crecer y desarrollarse; en velar genuinamente por la recuperación de la paz social y la verdadera autoridad, aquella que no se obtiene por decreto sino más bien por actitud. Bajo esas condiciones, el fisco va a ser excedentario, para sorpresa de muchos.
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¿Sabía usted que a septiembre 2022 el Gobierno Central no acumula un déficit sino, contrariamente, muestra un superávit mayor a US$ 6.000 millones, equivalente al 2.2% del PIB, contemplando un gasto total anual de US$ 78.000 millones para este ejercicio y US$ 82.000 millones para el próximo año?

¿Sabía usted que la propuesta de reforma tributaria ingresada al Congreso busca recaudar adicionalmente en régimen un 4.3% del PIB –por sobre el 25% del PIB actual–, equivalente a US$ 12.000 millones anuales en los próximos años?

¿Sabía usted que todo el gasto fiscal estimado para el año 2023 asociado a la PGU, para favorecer a alrededor de 2.100.000 personas, garantizando un mínimo de pensión de $ 200.000 y complementando las del 90% de los chilenos pensionados hasta aproximar $ 1.000.000, hayan o no ahorrado para su vejez, implica alrededor de US$ 6.000 millones al año, lo que ha resuelto sustancialmente el problema de bajas pensiones por falta de cotizaciones por la vía de rentas generales de la nación y que en régimen pueden perfectamente financiarse?

¿Sabía usted que solo por la vía del royalty al litio pagado por SQM –falta considerar la entrada en régimen de la planta de litio de Albemarle, inaugurada a mediados de año–, Corfo va a recaudar sobre US$ 3.000 millones este año, mientras que en el año 2021 percibió solo US$ 247 millones?

¿Sabía usted que para este año 2022 la tributación de la minería privada y el aporte de Codelco a las arcas fiscales, antes de su capitalización del 30% de sus utilidades, se proyecta en casi US$ 8.000 millones, o cerca del doble del aporte conjunto promedio de los últimos 10 años, de US$ 4.500 millones anuales?

¿Sabía usted que el boom del litio podría extenderse por un par de años hasta que ingrese al mercado nueva producción que cubra su creciente demanda y comience el reciclaje del mismo, y que el porvenir del cobre, estructuralmente sólido, dada la transición energética mundial en curso, podría llevar a Chile a pasar de los 5.7 millones de toneladas de cobre fino del año 2021 a 7.4 millones al año 2032 a precios históricamente altos, con recaudaciones fiscales que bien podrían aproximar los US$ 15.000 millones anuales bajo las actuales tasas impositivas?

¿Sabía usted que nuestro país no está condenado por los dioses a la mediocridad en el crecimiento de su ingreso per cápita de 1.6% real anual, como ha sido en la última década, ya muy lejos del 4.7% real anual de los 90?   

El punto de fondo es que un país que apuesta al crecimiento y despierta de su larga agonía, bajo un escenario efectivamente competitivo en todos los sectores y abierto al exterior, aprovechando los mejores términos de intercambio de su historia y las bajas tasas reales de interés internacionales, puede lograrlo simultáneamente con un mejoramiento sustancial en la distribución del ingreso, por la vía de transferencias directas a los más desfavorecidos sin aumentar la carga tributaria agregada. Esta última se podría distribuir de distinta manera, pero no tendría por qué necesariamente crecer en relación con el PIB, como si su destino estuviese escrito en piedra. Un mejoramiento del GINI en 10 puntos, por la vía de transferencias directas, aproximando un valor final de 35, es una posibilidad real, más allá de que este último se está corrigiendo de manera natural al masificar la educación en las generaciones más jóvenes.

En otras palabras, para un país que retoma una trayectoria sólida de crecimiento con inversiones de largo plazo pujantes en sus diferentes sectores –piense en los sectores agrícola, minero, turístico, energético, salmonicultura y nuevos desarrollos de ciudades, por ejemplo–, los recursos fiscales ya están para las necesidades sociales actuales y crecimientos moderados de estas, sin necesidad de medidas recaudatorias adicionales.

El problema está en que la coalición de gobierno quiere hacer compatible algo que es imposible: que el país invierta y crezca, pero simultáneamente dañando los incentivos para lograrlo.

¿Por qué el fundado escepticismo? Es la mera constatación de que unos simplemente no creen en un sistema empresarial privado que debe operar bajo condiciones competitivas y al que se le debe exigir respetarlas. O que otros no se dan cuenta de que Chile es parte del mundo occidental y que necesita permanentemente consolidar sus relaciones con este para que se hagan más fluidos los intercambios de bienes, servicios y la inversión externa hacia y desde el país, así como los movimientos migratorios. O que no ven que una propuesta tributaria expropiatoria en el cobre transforma en totalmente ilusorio el aumento en su producción, más allá de eventuales juicios contra el Estado de Chile en tribunales internacionales. O que no valoran la importancia del ahorro doméstico privado, amenazado con impuestos patrimoniales o sobre las utilidades retenidas, así como por el asedio sobre los fondos de pensiones que se los quiere controlar, para levantar entonces un gran actor estatal en el corazón del mercado de capitales, hoy en estado anémico, dejando en segundo plano las pensiones y su fuente central de contribución, el mercado del trabajo. O que no reconocen que un ordenamiento urbano inflexible ha terminado colapsando con ocupaciones ilegales y aumentando artificialmente el precio del suelo, siendo además incapaz de recibir el influjo migratorio, todo con un fuerte deterioro en la operación de las ciudades y la calidad de sus servicios. O que siguen en sus divagaciones refundacionales, pues no sufren –todavía– las consecuencias de la inseguridad, el narcotráfico y el terrorismo en sus casas y trabajos.   

Ese es un mundo desconectado de la realidad. Bajo este, el fisco no solo no recauda lo esperado, sino sencillamente termina fracasando en todos sus objetivos y pasa a ser un botín de guerra más.

El único curso posible está en partir reconociendo lo más básico: la ciudadanía rechazó rotundamente la refundación del país. La coyuntura adversa en que estamos, buena parte autoinfligida, ya llegó y habrá que enfrentarla, pero el verdadero desafío está en el mediano y largo plazo que el 62% del Rechazo del 4 de septiembre pasado ya demarcó; en fortalecer los incentivos para crecer y desarrollarse; en velar genuinamente por la recuperación de la paz social y la verdadera autoridad, aquella que no se obtiene por decreto sino más bien por actitud. Bajo esas condiciones, el fisco va a ser excedentario, para sorpresa de muchos.

Este país no va a despertar de esta pesadilla hasta que el Gobierno y su coalición corrijan sinceramente sus propuestas de política pública. No parece prudente ni sensato que el país tenga que esperar tres años más para salir de su sopor.

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