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Las definiciones de Paola Binetti, la senadora italiana Opus Dei que se declara de centroizquierda

por 10 febrero, 2019

Las definiciones de Paola Binetti, la senadora italiana Opus Dei que se declara de centroizquierda

Crédito: http://www.paolabinetti.it/

A sus 75 años, la parlamentaria italiana explica en esta entrevista cómo conjuga el hecho de ser católica practicante, integrante del Opus Dei, y a la vez tener ideas de izquierda. También analiza con mirada crítica el funcionamiento de la democracia como sistema. “Supusimos que bastaba el iPhone, un notebook o ponerse en Facebook, Instagram o Twitter para tener relaciones con grupos electores. La política ha perdido el contacto con los problemas reales de la gente y vamos a sufrir mucho hasta que la política vuelva a descubrir su misión”, comenta.
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La senadora italiana Paola Binetti visitó recientemente nuestro país invitada por la Academia de Líderes Católicos. Hasta 2007 militó en el partido La Margarita, de centro izquierda, al cual describe como “muy atento a la justicia social y a las necesidades de los débiles, y capaz de defender la vida en todas sus manifestaciones”.

Sin embargo, su partido se alió con uno más grande que finalmente terminó por absorberlo. “Fue tomando posiciones muy radicales por las que finalmente me salí y me uní a un partido de centro (Partido Unión de Centro)”, afirma.

¿Ha sido censurada por sus propios partidos y conglomerados por la visión que tiene en materias más valóricas? En general, la izquierda se distancia de las posiciones conservadoras.

Sí, por eso mismo me salí del partido. En una determinada ocasión había un voto sobre un tema concreto, yo voté en contra, y me censuraron. Entendí en aquel momento que algunas batallas desde ahí ya no las podía dar.

¿Cómo conjuga esto de ser católica practicante y de izquierda?

Como católico cada uno asume sus responsabilidades, yo lo hice en un momento y luego me marché a un partido más de centro. El mundo necesita reflexionar sobre qué es ser católico en 360 grados, ya que abarca lo social, lo cultural, apostar por una política económica que les facilite la vida a las personas que tienen menos recursos, en impulsar medidas positivas para la familia, como por ejemplo reducir sus impuestos. Necesitamos ser políticos católicos que tomen en serio la Doctrina Social de la Iglesia.

Esto se ve muy claramente en la discusión sobre el aborto. ¿Cómo se vivió esa discusión en Italia?

En 1978, cuando se aprobó el aborto, hubo grandes dificultades porque los católicos estaban en contra y el mundo de izquierda liberal estaba a favor.

Finalmente se hizo un juego de palabras para ponerlo en positivo, bajo el nombre de “Ley sobre la tutela social de la maternidad y sobre la interrupción voluntaria del embarazo”. Lo interesante, a mi juicio, es que haber puesto como primer punto la tutela de la maternidad dice mucho, pues la intención era limitar al máximo el aborto, con el objetivo de que ninguna mujer tuviera que abortar por motivos de pobreza o imposibilidad de hacerse cargo del hijo. El sentido inicial es tutelar que las mujeres que iban a abortar no lo hicieran.

Usted ha sido líder en la discusión sobre la eutanasia, teniendo una posición bastante contraria, ¿por qué?

La medicina ha avanzado muchísimo en el control del dolor hasta casi eliminarlo del todo. A pesar de eso, el enfermo no quiere ser un peso para su familia o depender de alguien cuando toda su vida ha cultivado el sentido de la autonomía como valor extremo. Claramente si estás enfermo dependes de otros, y tienes que aceptar que se hagan cargo de ti. El desafío político es demostrar que vale la pena vivir: debemos nutrir el gusto por la vida de estos enfermos, de manera que nadie llegue a pedir la eutanasia.

Los prochoice

Usted es vicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos de su gobierno, y ha declarado en este tema que quiere que se implementen los derechos humanos que se definieron en 1948 en la Declaración Universal. ¿Qué es lo que usted estaría dejando fuera?

Los derechos humanos los hemos sustituido por derechos individuales, que son exclusivamente individualistas, en donde se superpone la voluntad del individuo más arriba que de cualquier otra cosa. Eso es lo que conocemos como corriente “prochoice” o “yo decido”, donde solo impera lo que uno quiere, sin estar limitados por una realidad externa a mí.

¿Ha tenido problemas por ser designada vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos, con esta visión más crítica de la agenda de la ONU?

No por ahora. La Comisión la integran personas con distintas opiniones, de diversas herencias culturales y hemos decidido que nuestro propósito es trabajar por los derechos humanos y no por esta lógica individualista en la que se ha avanzado. Nuestro empeño es defender los derechos humanos tal como han sido reconocidos.

“La democracia es sumamente imperfecta”

Al interior de los sistemas democráticos han surgido figuras como Bolsonaro, Trump e incluso Chávez que luego decantó en Maduro. ¿Está fallando este sistema político?

En Italia el fascismo llegó al poder también bajo un régimen democrático. Por lo mismo, más que estar fallando, debemos entender que es un sistema sumamente imperfecto, sólo un poco mejor que los otros. Así, estos casos demuestran que no siempre la democracia alcanza sus objetivos.

¿Cómo se explica que estas nuevas figuras de la política mundial hayan irrumpido con tanta fuerza?

Quienes gobiernan y legislan, más que preocuparse de hacer leyes que faciliten esta lógica individualista que te mencionaba antes, deben trabajar para reducir la pobreza y crear trabajo. La política ha perdido el contacto con los problemas reales de la gente, que son siempre los mismos: seguridad familiar, trabajo, educación, salud, contar con libertad de expresión, etc.

Lo que me preocupa, es que vamos a sufrir mucho hasta que la política vuelva a descubrir su misión en una clave distinta. La política tiene que responder a los problemas de la población, de poner los medios y los recursos al alcance de todos.

¿Cree que esta lógica individualista de la que habla, es mayoritaria en los políticos?

Creo que está siendo impulsada por minorías radicales que se centran en problemas que no le interesan a todas las personas. El problema es que por el otro lado aparece una mayoría populista que dice a la gente que lo más importante es, por ejemplo, combatir la inmigración.

¿Quién ha fallado entonces?

Es un fenómeno demasiado extenso en el mundo como para que no nos hagamos preguntas serias sobre dónde nos hemos equivocado. Es lo que ha permitido, como en mi caso, que un partido como la Democracia Cristiana, que fuera sensible a las cuestiones sociales y suficientemente garantista en algunos valores, desaparezca. Hemos perdido la capacidad de dialogar. En Italia hace unas décadas los partidos tenían sedes en cada rincón, donde la gente iba a discutir de todo y el debate político llegaba todas las personas.

¿Qué les pasó?

Hemos creído que se podía sustituir un contacto real por un contacto virtual. Supusimos que bastaba el iPhone, un notebook o ponerse en Facebook, Instagram o Twitter para tener relaciones con grupos electores.

La democracia, para ser eficaz, tiene que ser representativa: “yo estoy aquí para representar tus problemas, tus dificultades, tus intereses”; y también participativa, de manera que efectivamente los políticos podamos conocer cuáles son las preocupaciones reales de la gente.

Una de las banderas de la izquierda eran los pobres. ¿Cree que perdió el rumbo?

Sí, por supuesto, pero no solo ella. En Italia en estos momentos tenemos un gobierno que no nos gusta a casi nadie. Fue legítimamente elegido y llegó al poder prometiendo cosas que de hecho no puede cumplir, como por ejemplo, que iba a gobernar diversamente tanto con la derecha como con la izquierda. La gente apostó a que las cosas cambiarían casi milagrosamente, pero la política no funciona así.

Sin embargo, el problema más grave es que, a pesar de ello, ni la derecha ni la izquierda han hecho un mea culpa ni elaborado una propuesta nueva.

¿Qué deben hacer entonces ambos bloques?

La izquierda debe descubrir de distinta manera qué quiere decir hoy estar al lado de los más pobres, de los minusválidos. En el caso de la derecha, dilucidar qué significa estar al lado de las empresas.

Con todo, nosotros creemos que la mejor forma de gobierno es la alternancia. Hay un dicho que dice: “la derecha produce riqueza y la izquierda la distribuye”. Cada partido tiene sus fortalezas y debilidades.

El problema es que, al menos en Italia, la derecha no ha elaborado todavía una nueva visión y la izquierda menos aún, por lo cual esperamos que en el transcurso de esta legislatura puedan madurar para las próximas elecciones.

Y por último, ¿cómo ve a Europa?

Es un momento de crisis, lo habrán visto en Inglaterra, en Francia, España. Hoy vivimos un ciclo de crisis de los partidos y tenemos que poner en marcha una elaboración política nueva. Yo creo que el mundo entero necesita una mejor Europa.

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