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Elecciones municipales en Brasil golpean duro a Bolsonaro: ultraderecha frena su avance en el país que gira al centro

por 16 noviembre, 2020

Elecciones municipales en Brasil golpean duro a Bolsonaro: ultraderecha frena su avance en el país que gira al centro

Crédito: Reuters

En la primera reválida en las urnas desde que Bolsonaro fue elegido en 2018, la gran mayoría de los candidatos a alcaldes respaldados directamente o indirectamente por el capitán de la reserva del Ejército se han estrellado en los comicios celebrados en 5.569 ciudades del país.
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La ultraderecha que apoya al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sufrió un duro varapalo en las elecciones municipales del domingo, que la obligará a replantear estrategias y alianzas de cara a las presidenciales de 2022, que apuntan a un fortalecimiento de los aspirantes de centro.

En la primera reválida en las urnas desde que Bolsonaro fue elegido en 2018, la gran mayoría de los candidatos a alcaldes respaldados directamente o indirectamente por el capitán de la reserva del Ejército se han estrellado en los comicios celebrados en 5.569 ciudades del país.

El jefe de Estado, de 65 años y que pretende optar a la reelección en 2022, hizo campaña directa a favor de al menos 13 candidatos.

Nueve fracasaron, dos consiguieron pasar a la segunda vuelta prevista para el próximo 29 de noviembre y solo dos fueron elegidos este domingo en municipios de nula proyección nacional: Ipatinga, en el estado de Minas Gerais, y Parnaíba, en Piauí.

También respaldó a un puñado de aspirantes a concejales, de los que solo una minoría salieron victoriosos, entre ellos su hijo Carlos, en Río de Janeiro, aunque por el camino se dejó 36.000 votos y ya no fue el edil más votado de la capital fluminense, como en 2016.

PINCHAZO DEL BOLSONARISMO EN CAPITALES REGIONALES

En Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país con casi 9 millones de votantes, el conservador Celso Russomanno, apoyado por Bolsonaro, llegó a liderar al principio de la campaña los sondeos de opinión, pero quedó en cuarto lugar con un 10,50 % de los votos.

En Belo Horizonte, la sexta ciudad más poblada del país, la debacle fue peor. El centrista Alexandre Kalil, muy crítico con el negacionismo del mandatario durante la pandemia del coronavirus, fue reelegido en la primera vuelta (63,3 %) por delante del bolsonarista Bruno Engler (9,95 %).

También fueron decepcionantes los resultados de los candidatos afines al líder ultraderechista en Recife, capital del estado de Pernambuco (noreste), y Manaos, capital de Amazonas (norte).

Las mayores alegrías fueron Río de Janeiro, cuna electoral del clan Bolsonaro, y Fortaleza.

En la primera, el actual alcalde y obispo evangélico Marcelo Crivella consiguió llegar a la segunda vuelta, pero la tendencia es que en el balotaje Eduardo Paes, del partido Demócratas (centroderecha), absorba un mayor número de votos.

En Fortaleza, Wagner Sousa Gomes, conocido como "el capitán Wagner", se medirá con el laborista José Sarto.

BOLSONARO, DESARMADO SIN UN AMBIENTE POLARIZADO

El mapa político tras las municipales dista de la polarización vista en las presidenciales de 2018, cuando se enfrentaron la ultraderecha encarnada en Bolsonaro y el Partido de los Trabajadores (PT) que lidera el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, mayor antagonista político del gobernante.

Al menos a nivel local, los brasileños han optado por candidaturas moderadas de centroderecha y centroizquierda, un terreno donde Bolsonaro no se mueve tan bien.

"La ola antipolítica que eligió a Bolsonaro en 2018 ha perdido fuerza", afirmó a Efe Claudio Couto, analista político y profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Al mandatario, según analistas, le interesa un ambiente crispado, un conmigo o sin mí, con una retórica de los tiempos de la Guerra Fría, es decir, derecha contra izquierda y no extrema derecha versus centro.

Bolsonaro ya buscó movilizar a su electorado más radical la semana de las elecciones con declaraciones polémicas pensadas para caldear el ambiente.

En un acto oficial para promocionar el turismo, afirmó que Brasil "tiene que dejar ser un país de maricas" para enfrentar la covid-19 y se pronunció en términos "bélicos" contra el presidente electo de EE.UU., Joe Biden, en relación a posibles sanciones por su cuestionada política medioambiental en la Amazonía.

Inflamar a la opinión pública no pareció servirle esta vez, pero, por si acaso, Bolsonaro ya dio su versión de los hechos la pasada medianoche tras conocer el fracaso de sus candidatos.

"La izquierda sufrió una histórica derrota en estas elecciones, una clara señal de que la ola conservadora llegó en 2018 para quedarse", dijo en sus redes sociales.

LA CENTRODERECHA SE MOVILIZA PARA 2022

Pero esa "ola conservadora" ahora está más cerca del centro y ya empieza a articularse de cara a las presidenciales de 2022, a las que Bolsonaro "llega más débil" tras las municipales, según Couto.

Los movimientos parten principalmente de dos formaciones de centroderecha: Demócratas (DEM), que lidera el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que tiene entre sus caras más conocidas al gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, muy crítico con Bolsonaro.

En esas conversaciones también participan el conocido presentador de televisión Luciano Huck y el exjuez y exministro de Justicia Sergio Moro, quien salió del Gobierno de Bolsonaro lanzando graves acusaciones contra el mandatario por una supuesta injerencia ilegal en la Policía.

Maia ya no esconde sus cartas. Reconoció que está intentando "construir un proyecto" conjunto de cara a 2022 y minimizó la popularidad récord de la que ahora goza el mandatario, de alrededor del 40 %: "Está volviendo a su tamaño normal y la influencia es menor".

A dos años de las presidenciales, Bolsonaro aún intenta sacar adelante su proyecto político personal con la creación del partido Alianza Por Brasil, que aún no logra las firmas necesarias para su registro.

En el Congreso, las opciones son pocas. La base oficialista que Bolsonaro empezó a construir con el bloque del centro no es estable y ni siquiera se muestra fiable para aprobar los presupuestos, las reformas o un paquete de ajuste fiscal.

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