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Interacciones entre especies: ¿Cómo se genera el vínculo entre humanos y perros?

por 16 diciembre, 2021

Interacciones entre especies: ¿Cómo se genera el vínculo entre humanos y perros?
Queda la duda de si nuestro perro o gato que ha compartido años con nosotros realmente nos entiende. Es una pregunta que muchas personas comparten y que algunas han asumido que sí, lo que parece cada vez más confirmado por experimentos conductuales como el que se presenta a continuación.
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Las mascotas son una parte importante en la vida de muchas personas, no sería arriesgado aseverar que todos conocemos al menos una persona que tiene un gato, un perro o algún tipo de roedor. Estas interacciones son tan importantes que el vínculo entre las personas y sus mascotas ha generado interés de estudio.

¿Será que nuestra adorada mascota iría a nuestro rescate? Con esta pregunta en mente, muchos hemos tratado de simular estas situaciones resultando en una respuesta a veces exacerbada de la mascota o una fría, dura y calculadora indiferencia. En un estudio desarrollado en la Facultad de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona, se propusieron el mismo experimento y probaron la reacción de las mascotas frente a una situación de “vida o muerte” para su compañero humano y donde su mascota puede rescatarlo.

En este sentido, no sabemos realmente quién es más listo, si nuestras mascotas para interpretar la situación o nosotros para crearla, sin embargo, los investigadores utilizaron un paradigma o modelo de estudio que ha sido parte de otras investigaciones, pero aplicado a ratones o ratas. Este paradigma corresponde al de liberación social, en el que básicamente se cuantifica el tiempo que toma en activarse el comportamiento prosocial, o de ayuda sin un interés propio, donde un individuo libera a otro animal que se encuentra generalmente en una jaula.

Estudiar el comportamiento de los perros

Si bien, hasta el día de hoy se discute sobre cómo mejorar los métodos para estudiar el comportamiento, esta metodología ha sido extensamente aplicada, pero no a otros modelos de estudio caninos o humanos. Los investigadores utilizan este paradigma para analizar cuáles son las claves más importantes para que un perro identifique una situación como peligrosa para su amo. Básicamente, encierran a las personas dentro de cajas y de acuerdo con las indicaciones que reciben realizan una acción, ya sea gritar asustado, leer un libro o estar calmado, y se observa de qué manera su perro, que se encuentra cerca y no está encerrado, actúa en respuesta.

Los investigadores primero evaluaron diferentes mascotas y detectaron aquellos perros que podían abrir la jaula, siendo estos la mayoría. Una vez que supieron cuáles animales naturalmente podían llevar a cabo la actividad, midieron el tiempo que tomaba el perro en acercarse a la caja a liberar a su amo en las diferentes situaciones. Al analizar estos resultados se nos muestra que el nivel de estrés mostrado por sus amos influía en la velocidad con que actuaban los perros, pero mucho más interesante es que a medida que aumentaban las repeticiones, el tiempo de respuesta de los perros aumentaba en el caso de un amo estresado y disminuía si el amo estaba leyendo, algo así como la historia de “Pedrito y el lobo” pero en este caso el que detecta la mentira es el perro.

Estos resultados nos dicen que los perros son capaces de integrar la información de los rescates previos, pueden actuar de acuerdo con ello y que también tienen una curiosidad propia para chequear a su amo sin necesidad de que haya un problema, algo bastante conocido para todos aquellos que hemos estado en contacto con ellos.

Si bien los investigadores ya podían estar conformes al mostrar que este método de estudio podía aplicarse para estudiar otros animales, quisieron ir más allá y se preguntaron, ¿Qué es más importante para el perro? Su amo o comida a libre disposición. Este fue el segundo paso del estudio y en este caso debemos sentirnos engañados por nuestros compañeros. Si bien un grupo importante de perros se acercaba primero a la jaula donde estaba encerrado su amo, mostrando una verdadera conducta prosocial, la mayoría de las mascotas decidía ir a ver la comida, sin necesariamente comerla, pero era más que suficiente para que los investigadores considerasen que la comida era un factor importante a la hora de decidir si ejecutaba el rescate o no.

Con lo que nos podemos quedar de este estudio es que los perros son capaces de rescatar a sus dueños sin un entrenamiento explícito y son capaces de detectar las emociones de sus amos de forma desinteresada, siempre y cuando no haya comida a la vista. Este es un elemento más para analizar la relación que existe entre mascota, humano y alimento, ya que no solamente nos podrían rescatar, sino que esta relación también genera efectos de largo plazo en sus dueños.

Un vínculo positivo

Estudios recientes nos indican que tener por compañía una mascota y poder acariciarla genera efectos muy positivos en personas que están sometidas a estrés constante, como estudiantes en época de exámenes, generando una mejora en su respuesta al estrés. Pero este no es el único efecto que tendría cuidar a un animal. Si bien hay un dicho que dice que “quizás, salvar a un animal no cambiará el mundo, pero sí la vida de ese animal”, estudios recientes nos indicarían que es posible que nos estemos salvando a nosotros mismos en el acto.

En esta línea, un estudio de este año también nos menciona que, en el momento de rescatar un animal, la relación que se genera nutre tanto al animal como al humano, aumentando los niveles de resiliencia en estos últimos, efecto que sería observable en el largo plazo. Los investigadores de esta colaboración entre la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y el Lewis and Clark College de Estados Unidos, nos hablan de una unidad autopoiética que evoluciona junto a sus participantes y que el rescatar a un animal, cualquiera sea este, también nos salva.

Este concepto hace referencia a la idea que los seres vivos nos creamos en el acto de existir (del griego auto: a sí mismo, y poiesis: creación), pero este concepto no solo se puede aplicar a la vida, sino que a sistemas tan diversos como las redes metabólicas o la relación que existe entre dos seres vivos que interactúan activa y mutuamente, con su propio sistema de reglas no necesariamente explicitas; algo así como cuando miramos a nuestro perro y solo por sus ojos ya sabemos que está mirando nuestra comida y quiere hacernos sentir culpa. Pero este tipo de relaciones con animales traumatizados o que requieren ayuda genera primero una mejora la vida del animal en cuestión, pero ese mismo impacto y progreso genera un cambio en la persona que ayuda, ya no es la misma, producto de su acción. Desconozco, si este punto sea destacable para algunas personas, pero nos estaría diciendo que es mucho mejor salvar a un animal abandonado, pese a que le quede poco de vida, que tomar la opción de comprar uno.

Es posible que los avances en metodologías nos muestren más información sobre nuestro vínculo con los animales que nos acompañan y que quizás sea mejor que como especie pensemos en el efecto que tenemos en las demás vidas, ya que, si bien el foco de estos estudios han sido los animales de compañía o animales salvajes heridos, nuestras interacciones van más allá y necesitamos pensar en los efectos de nuestras acciones no solo para nosotros, sino con todos quienes compartimos el planeta.

 En recuerdo a Peggy, quién me rescató.

Fuente: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0231742 https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/23328584211011612 https://www.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/eco.2020.0038?journalCode=eco

*Este artículo surge del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.

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