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La recomendación de Andrés Velasco y Larry Summers para reformar el Banco Mundial

por 7 octubre, 2016

La recomendación de Andrés Velasco y Larry Summers para reformar el Banco Mundial
Lideraron una serie de paneles y seminarios de expertos durante un año y sus recomendaciones están siendo consideradas en la Reunión Anual del BM y el FMI que actualmente se lleva a cabo en Washington.
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Los ministros de finanzas y desarrollo de todo el mundo reunidos en Washington esta semana considerarán si el Banco Mundial necesita más recursos: una nueva inyección de capital para posibilitar más créditos y nuevos aportes de los tradicionales países ricos donantes para ayudar a los países más pobres.

Pero un Banco Mundial más grande no necesariamente significa un Banco Mundial mejor, y toda consideración sobre nuevo dinero para la entidad o para los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) regionales exige una mirada fundamental a sus mandatos y operatoria, de cara a los nuevos desafíos en materia de desarrollo existentes en el actual panorama mundial.

Nos complació conducir un panel de distinguidos expertos, entre ellos ex funcionarios de finanzas y desarrollo de todo el mundo, en el que a lo largo de un año se hizo un análisis sobre el papel de estos bancos a la hora de responder a los desafíos de este siglo. El informe del panel, recientemente difundido, concluye que el mundo ha cambiado drásticamente, pero que los mandatos y operaciones de los BMD, como se los conoce, no avanzaron al mismo ritmo.

El cambio climático es quizás el desafío más importante que enfrentará el mundo en los próximos años y para controlar sus efectos nocivos hace falta destinar más capital, especialmente capital privado global, hacia inversiones en infraestructura más verde. Del mismo modo, la creciente resistencia a los antibióticos y la posibilidad de pandemias de rápida diseminación plantean un gran riesgo para la salud y requieren de nuevas tecnologías y vías innovadoras de apoyo a nuevas iniciativas.

Ayudar a millones de refugiados y personas desplazadas por conflictos en países como Siria y Sudán del Sur es otro de los desafíos que requieren no sólo de asistencia humanitaria sino de inversiones en sus futuros a través de la educación y del empleo, la clase de tarea que los BMD han respaldado durante mucho tiempo en contextos estables, pero que no tienen una manera sencilla de financiar en el caso de poblaciones desplazadas.

Los bancos multilaterales de desarrollo tienen la peculiaridad de combinar una capacidad técnica y fiduciaria impresionante con peso financiero y poder de convocatoria internacional. Pero la historia, las costumbres y los hábitos de su personal los han aferrado en gran medida al instrumento tradicional y bien desarrollado del préstamo a países, que para el tema del clima y otros problemas transnacionales resulta un instrumento inflexible y a menudo inapropiado.

Y ante la próxima pandemia o la próxima oleada de refugiados, los BMD como grupo no deberían más estar atados de pies y manos por debates sobre qué constituye un país pobre; tampoco deberían perder tiempo en conferencias de donantes atrasados que lleven a compromisos que se anuncian públicamente y pocas veces se honran en su totalidad. Para dar una respuesta rápida y a una escala apropiada, necesitan fondos específicos para contingencias y más financiamiento innovador. Pero en el marco del actual sistema de los BMD, estos problemas hoy se atienden principalmente a través de pequeños fondos especiales ad hoc y asignaciones presupuestarias por única vez.

Tememos que las discusiones de este fin de semana en el Banco Mundial se concentren solo en cómo estirar el balance general para financiar más préstamos, con mayores “desembolsos” de créditos futuros como la medida del “éxito”. Por el contrario, la expansión de la escala de operaciones del Banco Mundial debe venir con una nueva visión del sistema de BMD en su conjunto y una nueva prioridad en el Banco Mundial, la más antigua y global de estas instituciones.

Proponemos que los ministros, incluidos aquellos que representan al flamante Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y al Nuevo Banco de Desarrollo, evalúen mandatos futuros más claros para los distintos bancos.

El objetivo sería obtener más recursos, pero también aprovechar de nuevas maneras los recursos en activos y capital con que cuentan y utilizarlos con más flexibilidad, desandando las reglas rígidas y los silos institucionales que los empantanan ante las necesidades urgentes.

Instamos a los gobiernos participantes que den instrucciones específicas al Banco Mundial para apoyar la investigación y empleo de nuevas tecnologías en el campo de la salud y la energía, para dar impulso al incipiente mercado de “bonos verdes” y para proporcionar créditos y garantías con condiciones que alienten a los acreedores a solventar los costos iniciales de la mitigación del cambio climático.

La sostenibilidad ambiental debería ser una de las tareas centrales del Banco Mundial en el futuro. Para ello, se requiere aumentar los recursos, pero que estos estén asociados a un desempeño más decisivo en su nuevo mandato. También apoyamos un sistema actualizado de gobierno del Banco Mundial; los países en desarrollo, que hoy constituyen más de la mitad de la economía internacional, deberían tener una representación adecuada en las decisiones sobre financiamiento e implementación de la prioridad de sustentabilidad.

Con respecto a los bancos regionales, consideramos primordial un incremento en sus operaciones en apoyo de la infraestructura. Tienen un papel clave en cerrar la brecha financiera de un billón de dólares entre los actuales niveles de inversión y lo que los países en desarrollo precisan para crear el marco propicio para economías modernas y diversificadas. El acuerdo sobre clima de París, hoy cercano a ser ratificado por suficientes países como para entrar en vigencia, prevé destinar US$100.000 millones por año a proyectos de infraestructura “verde” que protejan al planeta (por ejemplo, sistemas de tránsito masivo que saquen autos de las calles) así como a inversiones en educación, agricultura y agua que apuntalen la resiliencia frente al cambio climático en los países en desarrollo.

Se requiere de considerable ambición y pensamiento renovado para equipar a los bancos multilaterales para los nuevos desafíos de desarrollo de este siglo. Creemos que los gobiernos del mundo que controlan el sistema de BMD son capaces de hacer realidad esas aspiraciones. De ser así, darán un paso decisivo en salvaguardar y ampliar los beneficios del avance del desarrollo en este siglo.

Lawrence H. Summers, Andrés Velasco y Montek Singh Ahluwalia

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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