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Chile y la llegada de Trump a la Casa Blanca

por 23 enero, 2017

Chile y la llegada de Trump a la Casa Blanca
En Chile, las autoridades deberán monitorear con especial atención los acontecimientos en EE.UU. y ciertamente ya lo están haciendo. Con la política fiscal con poco espacio para actuar, la mayor responsabilidad recaerá sobre la política monetaria. A este respecto, en opinión de algunos Consejeros del Banco Central vertida en la minuta de la última reunión de política monetaria, la evaluación de la victoria de Trump y el consecuente cambio en el mix de políticas en EE.UU., es percibido en general como un riesgo negativo para nuestra economía, dado el deterioro de las condiciones de financiamiento externo, que podría trasladarse a mayores tasas locales e impactar especialmente a los agentes con mayores niveles de endeudamiento. En esta línea, el Banco Central acaba de recortar la tasa de política monetaria en 25 puntos base, en el que sería solo el primero de varios pasos en la misma dirección.
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Finalmente llegó el día de la investidura del Presidente número 45 de los Estados Unidos. Pero incluso antes de asumir, las recientes declaraciones de Donald Trump han seguido generando las más diversas reacciones diplomáticas y comerciales. Para los que pensaban que moderaría su discurso tras ser electo, estas opiniones han sido un balde de agua fría. En pocos días ha logrado tensionar aún más las relaciones con China; ha criticado la política migratoria de Alemania; reiteró no solo su amenaza de construir un muro en la frontera con México, sino también que sería financiado por ese país; manifestó su apoyo al Brexit y criticó el rol de la OTAN.

Con este track record, no es fácil anticipar lo que hará en los próximos días, semanas o meses. Todo indica que seguirá adelante con sus promesas de campaña, las que desde el punto de vista macroeconómico implican un reimpulso de corto plazo al crecimiento de EE.UU., un cambio en la forma de relacionarse con el mundo y con los organismos internacionales, y un aumento del proteccionismo. En el intertanto, ya sea por convicción o para evitar represalias, diversas compañías han anunciando grandes inversiones en EE.UU., lo que por cierto es una buena noticia, mientras que China parece decidida a asumir un rol más protagónico en este nuevo esquema de relaciones internacionales, lo que está, al menos por ahora, favoreciendo al precio del cobre y, por ende, a nuestra economía.

En el largo plazo, las consecuencias del proteccionismo no pueden sino ser negativas para EE.UU., puesto que generarán alzas de precios de productos importados y, en el caso de existir represalias comerciales, una menor demanda de exportaciones que terminará por erosionar cualquier eventual ganancia de corto plazo asociada a la protección de la industria americana.

No esperamos que Chile se vea afectado directamente por medidas de restricción al comercio, al menos en el corto plazo, toda vez que nuestro país no es un origen relevante de las importaciones de mayor valor agregado e industriales para EE.UU. como sí lo son México y China, lo que por ahora nos aleja de su radar. Sin embargo, un factor a monitorear es la intensidad del estímulo fiscal que pueda inyectar la nueva administración, es decir, la combinación de mayor gasto y menores impuestos que finalmente se implemente.

Por un lado, si el estímulo es nulo o menor al previsto, veríamos correcciones en las estimaciones de crecimiento de EE.UU. y un menor impulso externo para las economías emergentes. Nos quedaríamos solo con los efectos de las medidas más dañinas prometidas durante la campaña. Por el contrario, si se concreta un potente estímulo fiscal y este genera un aumento de las presiones inflacionarias, aumenta la probabilidad de un proceso de alzas de tasas de interés más acelerado con efectos negativos sobre las condiciones de financiamiento para el resto del mundo.

Trump asume prometiendo un fuerte estímulo fiscal y alivios regulatorios en diversos sectores, en momentos en que la economía crece cerca de su potencial, lo que queda de manifiesto en el bajo desempleo y la normalización del crecimiento de los salarios y los precios. Distinto hubiese sido en un escenario de mayores holguras en que la economía habría podido acomodar un mayor estímulo fiscal sin generar presiones inflacionarias, ni la necesidad de acelerar el proceso de normalización monetaria. El riesgo de mayores tasas de interés constituye una de las principales fuentes de incertidumbre para las economías emergentes, que podrían enfrentar un deterioro acelerado de las condiciones financieras. En Chile, este riesgo se ve exacerbado por la posibilidad de enfrentar un ajuste en la clasificación de riesgo.

Si bien es aventurado referirse a lo que podría hacer Donald Trump en sus primeros días de gobierno, con la información que se tiene, se espera que los principales efectos de sus medidas en el corto plazo recaigan sobre EE.UU. y México. Sin embargo, es alta la probabilidad de “salidas de libreto” con efectos en otros mercados, compañías y economías. Se espera que en los próximos días el nuevo gobierno reforme el programa de salud impulsado por el presidente Obama –el llamado Obamacare– que cuenta con 20 millones de beneficiarios, y dé inicio a la construcción del muro en la frontera con México.

También ha prometido para los primeros 100 días el impulso de una serie de recortes de impuestos, especialmente a las empresas; una ley para aumentar la inversión en infraestructura; cambios a la ley de inmigración, renegociación de acuerdos comerciales y una nueva estrategia para enfrentar el terrorismo.

En Chile, las autoridades deberán monitorear con especial atención los acontecimientos en EE.UU. y ciertamente ya lo están haciendo. Con la política fiscal con poco espacio para actuar, la mayor responsabilidad recaerá sobre la política monetaria. A este respecto, en opinión de algunos Consejeros del Banco Central vertida en la minuta de la última reunión de política monetaria, la evaluación de la victoria de Trump y el consecuente cambio en el mix de políticas en EE.UU., es percibido en general como un riesgo negativo para nuestra economía, dado el deterioro de las condiciones de financiamiento externo, que podría trasladarse a mayores tasas locales e impactar especialmente a los agentes con mayores niveles de endeudamiento. En esta línea, el Banco Central acaba de recortar la tasa de política monetaria en 25 puntos base, en el que sería solo el primero de varios pasos en la misma dirección.

Hermann González
Economista
BBVA Research

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