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Opinión

La recesión que viene

por 7 febrero, 2018

La recesión que viene
No es muy osado decir que habrá otra recesión. El problema es que no sabemos cuándo y cómo será. En parte por esto es que abundan las advertencias sobre posibles burbujas: la bolsa, China y los activos de riesgo en general. El problema es que, en este caso, debido a la magnitud del último evento, arriesgamos sufrir de la denominada “dependencia de la referencia”, donde el punto de partida desde el cual evaluamos las cosas afecta a las decisiones que tomamos.
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Las recesiones son parte del ciclo económico. Aunque sus causas varían de acuerdo a distintas escuelas de pensamiento y, a pesar de los intentos por evitarlas, siguen llegando. La gran mayoría se da por eventos particulares de un país (o grupo de estos), como recuerdan de manera cercana en Argentina o Brasil. Pero hay otras ocasiones en que lo que pasa en una parte tiene ramificaciones al resto del mundo. La última vez que esto ocurrió fue para la crisis financiera de 2008-2009 (o crisis subprime), la que aún está fresca en la memoria.

Y probablemente así debe ser, ya que fue la más grande desde la recesión de 1929, destruyendo casi nueve millones de puestos de trabajo solo en EE.UU. y haciendo caer el producto global (excluyendo a China) en 3,5%. Para peor, después de diez años de ocurrida, el mundo no se ha recuperado de la resaca que provocó.

No es muy osado decir que habrá otra recesión. El problema es que no sabemos cuándo y cómo será. En parte por esto es que abundan las advertencias sobre posibles burbujas: la bolsa, China y los activos de riesgo en general. El problema es que, en este caso, debido a la magnitud del último evento, arriesgamos sufrir de la denominada “dependencia de la referencia”, donde el punto de partida desde el cual evaluamos las cosas afecta a las decisiones que tomamos.

Parte de las advertencias también calza en lo que Robert Shiller (Premio Nobel de Economía en 2013) llama "economía narrativa", donde las historias en torno a un proceso o evento permiten armar un argumento coherente y, a partir de ello, sacar conclusiones y justificar decisiones. Por ejemplo, lo que la crisis del 29 hace pensar a los estadounidenses, o lo que la de 1982 evoca en quienes la vivieron en Chile.

Pero afortunadamente episodios como la crisis subprime han ocurrido muy pocas ocasiones. No es muy arriesgado decir que la probabilidad de recesión en EE.UU. en los próximos cinco años es alta (aunque no en el corto plazo). Pero esto no significa que la crisis será producida por el sector financiero (como la última vez), ni que será una global en el sentido de paralizar el mercado del crédito más allá de las fronteras de EE.UU. Por ponerlo en términos cronológicos, tal vez no estamos en una situación similar a 2006, donde a pesar de algunas señales, todos ignoramos el desastre inminente.

Es probable que veamos una crisis más parecida al promedio, donde el producto cae cerca de 2% respecto al máximo previo y se pierden unos dos millones de empleos (en la última crisis las pérdidas fueron dos y cuatro veces mayores, respectivamente). Un ejemplo es la crisis de 2001, que comenzó con una fuerte caída en la bolsa tras reventarse una burbuja asociada a empresas tecnológicas. Pese a que las pérdidas bursátiles fueron enormes, el producto prácticamente no cayó y la tasa de desempleo aumentó 2 puntos, llegando a 6%.

De ser así, significa que estamos en una situación más o menos similar a 1999, no a 2006. Existen varias similitudes que apuntan a que puede ser así.

EE.UU. se encontraba en un buen momento, con alto crecimiento, desempleo bajo el de largo plazo y sin grandes presiones inflacionarias, similar a la situación actual. En paralelo, el mundo emergente venía saliendo de una crisis (la asiática en 1997-98 y en Latinoamérica en 2014-15), con la principal consecuencia de tener amplia brecha de capacidad y políticas expansivas. Por otro lado, buena parte de las alzas de la bolsa se debían al sector tecnológico, mientras que los mercados en el resto del mundo también experimentaban ganancias.

Aunque preferimos que no ocurran recesiones, son una característica del ciclo económico. Y probablemente habrá una en algunos años más, por lo que es bueno que el entorno actual se parezca más a 1999 y no a 2006. Las pérdidas en el primer caso fueron varios órdenes de magnitud menores, el mundo prácticamente no sufrió y tras la crisis se consolidó un periodo especialmente favorable para el mundo emergente.

Jorge Cariola
Economista

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