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Se necesita claridad (y eso es lo que no hay)

por 10 julio, 2018

Se necesita claridad (y eso es lo que no hay)
La caída de las bolsas es un fenómeno global, principalmente porque los inversores no logran entender hacía donde va la dinámica. Y esto provoca que los instrumentos de bajo riesgo se fortalezcan.
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La medida adoptada por EE.UU. de cobrar aranceles de un 25% a las importaciones (un cifra que se eleva sobre 34 mil millones de dólares, afectando a un total de aproximadamente 545 productos) y la respuesta de China para cobrar lo mismo de vuelta, nos deja solamente una conclusión: en una guerra no hay ganadores ni perdedores; solo sobrevivientes.

¿Qué ha provocado en el mercado la medida adoptada por Estados Unidos? Los aranceles sobre el acero y el aluminio, que ya están vigentes, están causando un serio problema de costos a las empresas metalmecánica, así como automotrices, maestranzas, envases, línea blanca, etc. Esto, porque desde octubre el precio del acero creció un 51%, y el alza ha obligado a las empresas a buscar alternativas para bajar costos. Incluso, empresas como Harley Davidson anunciaron que cerraban plantas de EE.UU. y creaban otras fuera de sus fronteras para poder ser competitivos en el mercado europeo. Otro ejemplo: el mercado de la soya sangra en EE.UU., porque los chinos le colocaron un arancel del 25%, a un sector que exporta cerca de 30 mil millones de dólares por año.

La continuidad de esta declarada guerra comercial solo hace conjeturar que la economía se va a colocar más lenta, lo que provoca que la brecha de los bonos del tesoro de largo vs corto plazo, se reduzca a mínimos desde 2007. Esto es clave, porque los bancos piden en corto y prestan en largo, obteniendo un spread. Y ese fenómeno, es una señal de una futura recesión.

El dólar fuerte está llegando en mal momento para EE.UU., porque encarece los bienes nacionales, al mismo tiempo que hace que los productos importados sean menos costosos para los consumidores locales. Podría ser bueno para el consumidor, pero malo para la producción doméstica.

En China, en tanto, el mando político enfrenta un desafío: intentar disminuir los niveles de deuda de la economía, pero ahora en el contexto de estar al medio de una guerra comercial. El menor acceso al crédito y la menor demanda externa, producto de la guerra comercial, puede generar una desaceleración en la economía, la cual aún no está preparada para un impacto de este tipo, y arrastraría a las economías emergentes, como Chile.

La semana pasada, el Banco Central Chino (PBOC) redujo la tasa de reserva (encaje) liberando 106 mil millones de dólares. El problema es que liberar el crédito podría desencadenar mayores excesos, con lo cual los riesgos sistémicos serían muy grandes. La moneda, el yuan, se debilitó 3,53% en junio, la peor depreciación desde 2015 y la bolsa cayó 12% en 30 días. Es así que los tomadores de decisión en China no van a poder jugar en todos los frentes. Lo más probable, a nuestro entender, es que traten de proteger la economía, lo que significa liberar el crédito.

Entonces, otra vez la incertidumbre se traspasa al mercado. Una mayor debilidad del yuan, obviamente, se traspasa a las emergentes, porque la economía se vuelve volátil y eso hace generar inestabilidad en todo el sistema. La caída de las bolsas es un fenómeno global, principalmente porque los inversores no logran entender hacía donde va la dinámica. Y esto provoca que los instrumentos de bajo riesgo se fortalezcan.

En específico, el índice de metales (BCOMIN), que es el que nos interesa, y donde se encuentran el hierro, el acero, el cobre, el niquel, etc., en junio descendió un 7,08%. El panorama no es bueno, porque al aumentar la incertidumbre, el incentivo a invertir disminuye y eso hace que los commodities caigan, aumentan los tipos de cambios en economías emergentes, se complica la inversión y, lógicamente, suben las tasas de interés, otra señal negativa para los commodities.

Por eso, lo que hoy se necesita es claridad. Y, lamentablemente, eso es todo lo que no hay.

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