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Floyd ganó a lo Mayweather: con el mínimo esfuerzo

por 13 septiembre, 2015

Floyd ganó a lo Mayweather: con el mínimo esfuerzo
El campeón del mundo de peso welter retuvo sin mayores dificultades sus coronas frente a un honesto pero limitado Andre Berto y con ello igualó el record del legendario Rocky Marciano. Una vez más, sin embargo, su actuación estuvo carente de brillo y jerarquía por privilegiar su inmensa tacañería boxística. Un claro caso de talento desperdiciado en el último tramo de su carrera.
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Ganó a lo Mayweather. Con fallo unánime y sin dejar dudas acerca de la legitimidad de su triunfo, pero dejando esa sensación entre desagradable y triste de una velocidad desperdiciada, del talento entregado a cuentagotas, del boxeador tacaño que, en todas sus últimas peleas, saltó la valla con el mínimo esfuerzo y demostrando, desvergonzadamente a ratos, que le importó un comino dar el espectáculo pugilístico que 16 mil espectadores pagaron por presenciar en el MGM de Las Vegas y que millones vieron a través de la televisión.

Floyd Mayweather, una vez más, se salió con la suya. Completó una carrera de 49 peleas sin conocer la derrota y con ello igualó el record del legendario Rocky Marciano. Sin embargo, lo más probable es que la historia no lo acoja como el gran campeón que él afirmas ser, simplemente porque entre él y Marciano hay un abismo de diferencia que no tiene que ver con capacidad y técnica, sino con aquel fuego sagrado que distingue al ídolo del consumado timador de multitudes en que ha ido derivando la carrera de quien estaba llamado a ser, por calidad y condiciones, uno de los boxeadores más brillantes y notables de la historia.

Prometió que esta sería su última pelea. Que daría espectáculo y que se despediría con un rotundo nocaut. Aparte de las dudas que provoca su promesa del adiós, lo que con fundadas razones hace sospechar que en unos pocos más reincidirá, Mayweather se bajó del ring con sus cinturones de campeón intactos y su cuenta bancaria mucho más poderosa, pero –una vez más- sin cumplir con sus bravuconadas que, a estas alturas de su carrera, sólo son recursos de marketing baratos para seguir engañando incautos.

Andre Berto era el boxeador más propicio de cuantos podían encontrarse para una despedida por todo lo alto del Olimpo. De manos fuertes, aunque con poco repertorio, el descendiente de haitianos venía de cosechar tres derrotas en sus últimas seis peleas. En lenguaje pugilístico, un tipo de condiciones, que fue campeón del mundo, pero que claramente ya venía de vuelta de esas hazañas que alguna ver había protagonizado. Su estilo frontal, además, era el justo para que Mayweather, técnicamente completo y veloz como el que más, se diera un festín.

No pasó nada de eso. La victoria para Mayweather no estuvo jamás en riesgo, pero si alguien creyó que iba a presenciar la pelea vibrante que había prometido este especialista en timos, se llevó claramente un chasco.

¿Qué hizo el bueno de Floyd? Más de lo mismo que había venido ofreciendo en sus últimos combates, esto es, meter unas pocas manos y dedicarse el resto del round a escabullir la pelea, a guarecerse en las cuerdas para bloquear, amarrar, poner claramente su codo izquierdo peligrosamente en punta y, cuando nada de eso alcanza, suplicarle con la mirada al árbitro que le saque de encima a ese tipo bruto que pretende tirar golpes como loco, aunque pocas veces llegue al blanco.

La pelea fue un “deja vu” de otros combates de Mayweather. En otras palabras, una pelea que se arrastra, que se repite como calcada round a round y que de repente, pero eso sí que muy de repente, parece que va a cobrar definitivamente vuelo. Es cuando Floyd saca sus manos como latigazos y, llegando sobre la humanidad de su rival, pareciera que por fin va a sacar partido del desconcierto que ha logrado producir y que brindará una andanada de golpes que haga levantar al público de sus asientos.

Berto, hay que decirlo, fue bastante más de lo esperado. Muchacho honesto, entregó todo lo que tenía, que era mucho anímicamente hablando, pero no tanto en recursos pugilísticos. Su actuación, en todo caso, fue irreprochable frente a un rival que esta vez, aparte de agarrar reiteradamente la bicicleta, de amarrar desembozadamente, se dedicó a payasear y a burlarse del rival.

¿De qué te podías burlar Floyd? Seguramente no de lo que mostraste en relación a lo que Berto pudo exhibir. Tal vez de que te buscó toda la noche intentando pelear y, como tú pocas veces quisiste, nunca te pudo pillar.

No hay que descartar el que, en poco tiempo más Mayweather, que ya igualó el record de victorias invicto de Marciano, venda ahora la idea de batir ese record. ¿Por qué no? Otros reinta milloncitos de dólares de bolsa nunca serán una cifra despreciable y, por lo demás, peleando así podría llegar hasta los 60 sin conocer la derrota.

A segundos de iniciarse la pelea, despojado de su bata de gala, Mayweather lució una polera blanca que sobre su espalda decía: “El mejor siempre”.

Qué desvergonzado… En la historia del pugilismo existe una legión de tipos a los cuales este Mayweather de los últimos combates no podría ni haberles llevado el bolso…

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