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Pitéate un flayte o córtale las alas a la delincuencia

por 4 diciembre, 2005

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"Pitéate un Flayte" es la campaña que hasta hace unos días promovió Radio Carolina. Cuando algunos -claramente pocos- se indignaron y reclamaron, los promotores explicaron que sólo querían expresar una forma de decir chao con la delincuencia, ¿cachaí? Otra vez la mano dura, la puerta giratoria, la isla, la tercera es la vencida, todas parte de una lluvia de ideas poco originales y fundadas en el temor de vernos expuestos a la comisión de un delito. Una respuesta estomacal, que se obtiene en período de elecciones para un problema más complejo y que apunta a las bases fundantes de un sistema, en el que algunos pasaron rápidamente del consenso de la inequidad a su defensa, cuando se vieron afectados finalmente quienes pagan los afiches de campaña.



Flayte es una denominación juvenil para señalar a alguien que tiene cara de "pato malo", que bien puede serlo como bien no, alguien que ocupa la ropa de modo tal, como si se la comprara para varias temporadas, "crecerdorcita", con unos gorros ojalá Nike y alguna zapatilla lo suficientemente pulenta, que marque distinción.



En los códigos de las tribus urbanas se reconocen los flaytes y ya no son los que andan con un cigarrillo de marihuana en la boca. La verdad es un poco más fuerte, están generalmente angustiados y agresivos, claro está, no ven nada más allá de su perímetro existencial, suficientemente despoblado de valores, cultura y esperanza; muchas veces con hambre y la mayoría bajo los efectos de la pasta base, esa que pueden "flaytear" con algún tráfico menor de la pobla.



Recuerdo de mis épocas de estudiante secundario que Radio Carolina tocaba el meloso Glam Rock ochentero y era lo necesariamente ñoña, para que pasara los filtros de la censura que por la época imponía una eficiente DINACOS, muy recodada por estos días, ya que dependía operativamente del abogado, Francisco Javier Cuadra, quien ha abandonado la UDP algo dolido. ¿Por el montaje de Fuenteovejuna?Â… Pero eso es otra historia.



La campaña de Radio Carolina era claramente clasista e impulsa al odio social, en un país sin mucha tonicidad ética, donde impera el desprecio por el distinto, por el otro, por el que simplemente es diverso.



Esta campaña, pobre y estúpida, dirigida a sujetos que la pueden comprar sin reservas, facilita, juega con los temores, las frustraciones y la ausencia de proyectos de los jóvenes que, cada vez cuando son pobres, se van sintiendo más fuera de los éxitos que exhibe un país que anhela -casi con histeria- ser considerado desarrollado.



Es preciso que hagamos el ejercicio de salir del closet, que lo hagamos de una vez. Reconozcamos que somos un país poco tolerante, que nos asusta la diferencia, que nos cargan los raros; que nos molesta que lleguen a comer sin avisar, tanto, como que se paren en la Plaza de Armas unos cholitos que bien podrían ser nuestras nanas o junior y es eso de darles derechos, nos parece atroz si hay tanto chileno cesante; que nos encanta comprar un handcraft a algún amigo extranjero con un etnic touch, pero que nos irrita el reclamo permanente por el reconocimiento de derechos que hacen los pueblos indígenas.



Somos probablemente los más progresistas y tolerantes con la homosexualidad, pero con esa que es cool, la de los animadores de la tele o la de algún escritor con un bio tipo de señor Abc1. Pero sí detestamos a más no poder, como dice Pedro Lemebel, a la loca de pobla, el maricón feo y pobre enclavado en algún rincón oscuro y terroso de Santiago.



Somos -y está bueno que lo admitamos- un país que puede exhibir una cifra interesante: el 23,8 % de los imputados en delitos violentos son menores de 18 años y 107 mil niños realizan, según la OIT, un trabajo inaceptable, esto es, chicos o chicas a los que hace rato les debemos una explicación y parece que ahora, roto el consenso sobre la inequidad del sistema, será más complejo ponernos de acuerdo en reformas estructurales que, signifiquen meterse la mano al bolsillo y poner lucas para resolver un problema cada vez más rudo.



¿Quiénes son estos flaytes?, ¿qué quieren y sueñan? y si lo hacen ¿en qué creen?; ¿es posible que te miren a los ojos cuando hables con ellos?, ¿se ven de 30 o 40 años?, ¿sabrán que hay unas personas muy preocupadas por si habrá o no segunda vuelta y cómo se comportará el universo de indecisos?.



¿Tienen alguna noción que ellos ni siquiera cuentan en esta disputa, que no tienen incidencia, no votan, no son objeto de ninguna forma de seducción ni de cohecho sofisticado?. Son por ahora, nadie. Y sin embargo, están ahí, son seres humanos, son dignos y tienen derechos, aunque alguien dirija una campaña grosera que se defeca en la cultura de los derechos humanos y llame a pitearse un flayte.



El creativo -entiendo que así le llaman a los sujetos que les pagan por decir dos cosas más o menos zonzas que se puedan recordar un rato- dudo que sepa sobre la matanza de chicos de la calle, hace sólo unos años, en Río Janeiro, en la que unos policías -igual como nos propuso Radio Carolina- salieron a cargarse unos flaytes. Esa vez eran chicos y chicas negras, eran nadie, putos o putas, pequeños narcos, vagabundos, que más da; sin embargo, nuestra conciencia dio alaridos de rabia, cuando vimos las imágenes de un policía disparando sobre uno de ellos.



¿Será necesario esperar que salgan de cacería para hacer algo?



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Abogado. Master en Derechos Fundamentales, Universidad Carlos III, Madrid.


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