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Lecciones desde EE.UU: primarias y democracia desde los partidos

por 31 enero, 2012

Abrir espacios con transparencia y seriedad son sin duda un mecanismo para airear nuestra rancia democracia. Estos procesos van en contra de la forma en que nuestro sistema sobrevive y es alimentado por elites provenientes de las cúpulas y pseudo sabios analistas que aparentemente manejan la verdad. En Chile son las encuestas y las cúpulas partidarias quienes hoy deciden por el electorado.
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De acuerdo a la mayoría de los pronósticos en el 2007, Hillary Clinton aparecía como la candidata demócrata que obtendría la nominación de su partido para competir por la presidencia de los Estados Unidos. Sin embargo, la ex primera dama tuvo que someterse al proceso de primarias y competir contra otros 7 precandidatos estado por estado. Barack Obama parecía no tener opción. Sin embargo, una estrategia calculada para ganar la primera de las primarias y lograr tomar el primer momentum lo llevó a la Casa Blanca.

Los medios de comunicación días antes de la elección en South Carolina, proclamaban que Mitt Romney se situaba como el  ganador y en consecuencia quien obtendría la nominación de su partido. Pero sucedió algo similar a lo anterior: se revirtió con éxito en solo días una elección que se daba por pérdida. El hecho político y comunicacional de que Newt Gingrich ganara demuestra una vez más la importancia de tener un mecanismo de selección que tenga un cronograma definido, reglas claras y debates programáticos abiertos a la ciudadanía. En otras palabras, la importancia que los partidos sometan decisiones al electorado, ya sea como pruebas de veracidad o como laboratorios donde se puede experimentar y probar con realismo la eficacia de los candidatos antes de contiendas finales.

Abrir espacios con transparencia y seriedad son sin duda un mecanismo para airear nuestra rancia democracia. Estos procesos van en contra de la forma en que nuestro sistema sobrevive y es alimentado por elites provenientes de las cúpulas y pseudo sabios analistas que aparentemente manejan la verdad. En Chile son las encuestas y las cúpulas partidarias quienes hoy deciden por el electorado.

En una primaria, los electores que asisten a votar están dispuestos a que los convenzan, por lo mismo se informan, investigan y consumen política. Las próximas elecciones en Florida serán decisivas para dilucidar quien tomará la delantera de cara a las siguientes primarias y en especial hacia el “super tuesday” de marzo. Ahora bien, Newt Gingrich tiene una posibilidad que no tenía. Encontró el discurso, logró que los medios lo cubran  con mayor fuerza y con esta ventana abierta ahora debe intentar debatir la mayor cantidad de veces cara a cara con Romney. Ya en el debate de Tampa se apreció el cambio de estrategia de Romney, quien decidió atacar a un contrincante republicano y no al presidente Obama. Es más, ahora que la opinión pública está enfocada en este proceso, nueva información (como la que habla de los exuberantes ingresos reales de Romney y su posible evasión de impuestos) juega un rol clave en las decisiones.

Las elecciones primarias en EE.UU. podrían ser solo una anécdota para nosotros. Sin embargo, hay algunas lecciones que podemos sacar y aplicarlas en nuestra realidad. Hasta ahora, los tímidos intentos de primarias en Chile han sido pocos y bastantes acotados.

En la Concertación, dieron resultado en 1993 con primarias cerradas para elegir el candidato presidencial, fueron legitimadas y profundizadas en 1999 con una primaria abierta nacional, quedaron truncas en 2005 con la renuncia de una de las precandidatas y en 2009 fueron simplemente una vergüenza al ser acotadas y prohibitivas, por no decir “trucha”.

Incluso la derecha tiene un prontuario que es aún mucho menor, no tiene ninguna primaria presidencial a cuesta y su único ejercicio ha sido una primaria para elegir un solo candidato a alcalde.

Abrir espacios con transparencia y seriedad son sin duda un mecanismo para airear nuestra rancia democracia. Estos procesos van en contra de la forma en que nuestro sistema sobrevive y es alimentado por elites provenientes de las cúpulas y pseudo sabios analistas que aparentemente manejan la verdad. En Chile son las encuestas y las cúpulas partidarias quienes hoy deciden por el electorado.

Las primarias serias son un laboratorio en que los electores y los mismos partidos pueden ver a sus candidatos en acción y así medir sus virtudes y decepciones. Una cosa es ser un buen presidente, otra muy diferente ser un buen candidato, y para llegar a ser presidente hay que primero ganar elecciones.

Por último, los espacios de debate que causan las primarias son una oportunidad para que el electorado se informe, tome una decisión y potencialmente agrupe sus fuerzas en torno a un candidato. No olvidemos el efecto que causó Jorge Arrate, candidato que no era cubierto regularmente por los medios y que luego del primer debate presidencial logró subir considerablemente en su intención de voto y su cobertura de prensa.

Las primarias no deben ser vistas como un obstáculo o como un método que incomoda. Al contrario, son caminos virtuosos, transparentes y participativos que deben ser parte de una cultura que va muy arraigada a nuestros principios democráticos. Permiten que los partidos se renueven internamente y que no emerjan liderazgos díscolos que producto de la exclusión se ven obligados a competir por fuera. Mientras sigan existiendo excusas para no dejar que la gente decida y que todos los aspirantes compitan, la calidad de la democracia y los partidos seguirá en decadencia y puede que pronto simplemente no tengamos vuelta atrás.

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