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La Tabla de Riesgos: el retorno

por 31 marzo, 2012

La falta de solidaridad del sistema parece tener un arraigo muy profundo en nuestra sociedad, al punto que algunos son presa del temor de que se desembarquen del sistema los menos riesgosos, en razón a que en lo inmediato no les conviene estar ahí y a que podrían volver en el futuro, cuando otros tengan que pagarles la cuenta.
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En la hipótesis corroborable de que la solidaridad por ingresos no ha sido un tema en el mundo de los seguros previsionales privados de salud, pues cada cual cuenta en bolsillo con recursos suficientes para afiliarse al sistema y brindar protección a su grupo familiar, ha sido la restitución de la solidaridad por riesgos la que determinó el diseño del PGS por quienes fuimos convocados para el efecto por el Ministro del ramo. Ello, por razones que resultan del famoso fallo del Tribunal Constitucional, no por una convicción social compartida.

Así fue posible diseñar un Plan Garantizado de Salud (PGS) que se financiara con primas idénticas para todos los beneficiarios del sistema ISAPRE, independientemente de sus riesgos de enfermar. Es decir, un plan que corregiría el problema de la tarificación en función de los riesgos y que terminaría con la denominada “cautividad”, toda vez que permitiría a los afiliados cambiarse de ISAPRE, sin restricciones.

Lo anterior significaba que en un corte en el tiempo (una foto), necesariamente se beneficiarían más los afiliados con mayor riesgo de enfermar o incurrir en gastos médicos -sea por mayor edad, por ser mujer en edad fértil o por ser portador a la fecha de una patología crónica o haber padecido alguna enfermedad que pudiera ser determinante de problemas de salud futuros-, ya que pagarían la misma prima que pagarían los que tienen menos riesgo de enfermar, quienes solidarizarían con los primeros y, como consecuencia de ello, no se beneficiarían individualmente en ese momento.

La falta de solidaridad del sistema parece tener un arraigo muy profundo en nuestra sociedad, al punto que algunos son presa del temor de que se desembarquen del sistema los menos riesgosos, en razón a que en lo inmediato no les conviene estar ahí y a que podrían volver en el futuro, cuando otros tengan que pagarles la cuenta.

Es decir, en el diseño de PGS que la Comisión entregó al gobierno los riesgos serían solidarizados: si bien se beneficiarían las personas de mayor riesgo en un momento dado, todos se beneficiarían en algún momento del tiempo (hoy por mí, mañana por ti). Esa era la idea.

Pero la falta de solidaridad del sistema parece tener un arraigo muy profundo en nuestra sociedad, al punto que algunos son presa del temor de que se desembarquen del sistema los menos riesgosos, en razón a que en lo inmediato no les conviene estar ahí y a que podrían volver en el futuro, cuando otros tengan que pagarles la cuenta. Agregue a la mezquina naturaleza de la especie humana, particularmente a la del “homo chilensis”, aprehensiones desde las finanzas públicas (que no debería haberlas, pero que podrían argumentarse) y ya tendrá usted razones de sobra para empezar a “recoger cañuela”.

No niego que el diseño de la solidaridad por riesgos —y a mi juicio, también el de la solidaridad por ingresos— podría desplegarse mucho más apropiadamente en un contexto socialmente más amplio y universal, como es el sistema de salud como un todo. Este es el problema del encargo que se hizo a la Comisión al no incluir a los beneficiarios del sistema público, tal como la Comisión Presidencial de Salud del 2011 había sugerido. Pero aún tratándose de una solución limitada, de ahí a dar esta voltereta y transformar la antigua tabla de riesgo en una nueva tabla de dos grandes escalones —riesgosos v/s no riesgosos— hay una distancia sideral. Ello, a mi modesto entender, destruye la naturaleza más esencial de lo que propusimos en nuestro trabajo: la recuperación, aunque fuera parcialmente, de la solidaridad del sistema. Y esa recuperación habría de ocurrir precisamente al interior de ese mundo donde la solidaridad fue alguna vez simplemente despreciada, gracias a la juventud de los diseñadores. Y lo fue con no pocas consecuencias para sus afiliados, que ahora se han hecho viejos.

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