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La jaula de las locas

por 6 julio, 2012

Dirigir una ONG en Chile no es cosa fácil. Especialmente cuando lo que se pretende es “cambiar valores” y conceptos muy arraigados. Para este movimiento no queda otro camino que la unión. Lo otro es terminar como la jaula de las locas. Dirigir una ONG en Chile no es cosa fácil. Especialmente cuando lo que se pretende es “cambiar valores” y conceptos muy arraigados. Para este movimiento no queda otro camino que la unión. Lo otro es terminar como la jaula de las locas.
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Cualquier poder que no se basa en la unión es débil”.

Jean de la Fontaine

Las luchas de poder se dan en todos los ámbitos. El movimiento gay chileno no es la excepción.

A Rolando Jiménez, líder del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), lo conocí hace unos 10 años cuando nos tocó en varias ocasiones debatir en televisión sobre el tema homosexual.

A Rolando le tocó por muchos años bailar con la fea. Lo soportó con bravura.

Jiménez impresiona por su inteligencia y habilidad. Es claramente la persona más informada y documentada en Chile sobre los derechos de la comunidad homosexual, y sin dudas la cara más conocida de la lucha Gay en Chile.

Dirigente incansable, deseoso de poder y reconocimiento. Prácticamente todos los avances en materia de derechos homosexuales en Chile son debido a su prolongado trabajo.

Dirigir una ONG en Chile no es cosa fácil. Especialmente cuando lo que se pretende es “cambiar valores” y conceptos muy arraigados.  Para este movimiento no queda otro camino que la unión. Lo otro es terminar como la jaula de las locas.

Sin embargo, su apariencia no resulta atractiva para las elites criollas. Algo en su figura activa los prejuicios clasistas de aquellos que sólo perdonan la homosexualidad cuando esta va acompañada de sofisticación y elegancia.

 

Por otro lado, Pablo Simonetti, el premiado escritor que se ve más joven de lo que es, Ingeniero de la UC con un Master en economía de la Universidad de Stanford, reúne todas las cualidades del gay cool. Desde su trinchera intelectual, especialmente a través de columnas y comentarios de prensa, logró posicionarse como un importante referente en la defensa de los derechos ciudadanos de las minorías sexuales.

Simonetti, hábilmente y en muy poco tiempo, fue capaz de asentar el tema gay en los sectores ABC1, ampliando el ámbito de acción para “la causa”, sumando influencias políticas y empresariales, y nuevos líderes de opinión que se unieron a la lucha.

Consiguió, en otras palabras, traer la tan apetecida agua nueva al molino.

Antiguamente los sectores más acomodados de nuestra sociedad enviaban a jóvenes como Pablo a los monasterios o seminarios religiosos o simplemente se les escondía en un closet. Hoy todo eso cambió para mejor y los resultados están a la vista.

Dirigir una ONG en Chile no es cosa fácil. Especialmente cuando lo que se pretende es “cambiar valores” y conceptos muy arraigados.  Para este movimiento no queda otro camino que la unión. Lo otro es terminar como la jaula de las locas.

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