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¿Dónde se aprende a ser hombre?

por 10 julio, 2012

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Es lamentable sorprender a un alumno copiando. Casi puede decirse que merece el castigo sólo por dejarse sorprender, pero eso sería caer en la lógica del resultado, que es lo que lo impulsa a copiar en primer lugar. Además, el engaño habitual y la poca seriedad con que profesores, padres, administradores y alumnos nos tomamos esto son también un espectáculo lamentable. (Luego se nos ocurre pensar que el “desarrollo” que tanto anhelamos es algo que caerá del cielo sin que tengamos que cambiar la forma de hacer las cosas.)

Pero lo más lamentable es lo que ocurre en el momento mismo en que el estudiante es sorprendido:

-“Voy a tener que quitarle el certamen: estaba copiando”.
-“¿Por qué profesor? Si no he dicho nada”.

-“Ud. estaba hablando durante la evaluación”.
-“Pero si no he dicho nada”.

-“Yo escuché claramente (porque mis tímpanos no han sido destruidos por audífonos que inyectan ruidos estridentes directamente al canal auditivo) que ud. le pidió a su compañero la respuesta a la pregunta siete”.
-“No, profesor, si le estaba pidiendo la goma de borrar”.

-“Acaba de negar haber hablado, y ahora dice que estaba pidiendo la goma de borrar”.
-“Pero si no estaba copiando, profesor”.

El alumno descubierto es incapaz de asumir lo que ha hecho y reconocer cuando ha perdido. Más grave todavía, no se da cuenta que al copiar ha entregado su honestidad a cambio de un par de décimas que no tendrán mayor relevancia en el resto de su vida. En lenguaje coloquial, ha sido poco hombre.

No puedo eximir de culpa al estudiante, sería confirmarlo en su estado de poco-hombría; el hombre asume sus propios actos y espera que los demás hagan lo mismo. A los dieciocho años ya se es mayor de edad y se debe al menos empezar a tener una idea de lo que eso implica.

Pero el problema es más amplio. Primero, por el modelo que han tenido estos alumnos. Se les ha inculcado que lo más importante es la utilidad: estudiar para obtener trabajo, trabajar para ganar dinero, decir la verdad porque nadie quiere tratar con un mentiroso, moverse porque nadie contrata a un flojo... Todo en función de lo útil, nada porque sea valioso en sí mismo.

Segundo, por el modelo que falta: a la mayoría no se la ha mostrado un ideal al que aspirar y se encuentra en la Universidad sin saber lo que es ser hombre, ni cómo se llega a serlo. Algunos ni siquiera vislumbran que en la vida hay llegar a ser hombre, formar el carácter, que al ser humano le corresponde aspirar a más que sólo estar bien alimentado, bien vestido y bien entretenido.

Enseñar esto es tarea de todos, pero sobre todo de los padres. ¿En qué están?¿Qué es lo que quieren -realmente- para sus hijos? ¿Se dan cuenta que si no los educan ellos, los educará la publicidad (privada o estatal) para que sean parte de una masa bien amaestrada?

Por mi parte, antes de la prueba les digo a los alumnos que más vale sacarse una mala nota, que no cambiará el curso de sus vidas, que vender su hombría por un par de décimas. Algunos me miran sorprendidos: es la primera vez que oyen algo así.

(*) Texto publicado en El Sur, de Concepción.

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