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El modelo y los profetas en oferta

por 20 julio, 2012

El modelo y los profetas en oferta
Eso es el modelo chileno, una consecuencia de décadas de errores e intentos fallidos por llegar al desarrollo y ahora, en el momento en que estamos más cerca que nunca de lograrlo, los Profetas escriben sendos libros, dan largas entrevistas y predican públicamente “el fin de un modelo”.
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A propósito de los diversos movimientos sociales que han estallado en el último tiempo en nuestro país, se ha producido un llamativo hecho en el debate público nacional. Me refiero al verdadero  “ofertón de Profetas” que han surgido entre políticos, académicos y líderes de opinión.

Todos saben lo que ocurre, todos entienden sus causas y todos anuncian el "final de los tiempos".

Cada uno de estos Profetas compite por tener argumentos más originales y dramáticos que los otros (un análisis objetivo no sería noticia), pero increíblemente y a veces por caminos incompatibles, todos los Profetas llegan al mismo slogan: “Se acabó el modelo”.

Chile, según los Profetas, sería un sistema político que se hunde, un sistema económico que colapsa, un país paralizado, y así un largo etc., con hartos adjetivos como les gusta siempre a los Profetas de la izquierda.

No tengo nada contra los Profetas (de hecho jugaron un importante rol en el Antiguo Testamento); el problema está en que si uno lee y estudia los números y realidades sociales de nuestro país, en forma objetiva, resulta que este desastre del modelo tiene al país creciendo en torno al 5%, con una tasa de desempleo muy baja, creando más de 200 mil empleos al año, con chilenos que todos los años aumentan su calidad de vida y con los niveles de pobreza más bajos en los 200 años de historia de Chile.

Los Profetas creen que estos 30 años de crecimiento económico, de estabilidad política, de bajas permanentes de los niveles de pobreza, que el aumento del ingreso per cápita a cerca de 15 mil dólares, son realidades que siempre han estado ahí y siempre estarán, que son parte del paisaje, que solamente son un presupuesto básico que se da “naturalmente”.

Por supuesto que no vivimos en el jardín del Edén, y tenemos aún serios problemas, como gran parte de las democracias en el mundo: deficiencias en salud, educación, mala distribución del ingreso y desconfianza ciudadana hacia las instituciones públicas. Puede que este no sea el mejor de los escenarios, pero sin duda está muy lejos de ser la caída del muro de Berlín, como a los Profetas criollos les gusta declarar.

Todos estos Profetas de última hora cometen el error que Ortega y Gasset señalaba en su obra “La rebelión de las masas”: confunden naturaleza con civilización.

Los Profetas creen que estos 30 años de crecimiento económico, de estabilidad política, de bajas permanentes de los niveles de pobreza, que el aumento del ingreso per cápita a cerca de 15 mil dólares, son realidades que siempre han estado ahí y siempre estarán, que son parte del paisaje, que solamente son un presupuesto básico que se da “naturalmente”.

Por eso, los Profetas criollos creen que todo lo anterior, no es producto del esfuerzo y aprendizaje de muchos años en la historia de Chile (muchas de cuyas lecciones aprendimos en forma dramática) para llegar a la única fórmula que ha logrado reducir la pobreza a los niveles más bajos en nuestros 200 años de historia de Chile.

No, para los nuevos profetas, esos son “datos de la causa”, lo que les permite sugerir en forma tan “juvenil” que “se acabó el modelo”, el que muchas veces ni siquiera logran entender y menos juzgar a la luz de la historia de Chile.

Como también decía Ortega y Gasset, el gran tesoro del hombre es la acumulación de sus errores, y por eso es tan importante para la conciencia histórica de un país, porque es la única forma de no cometer los mismos errores de ayer.

Eso es el modelo chileno, una consecuencia de décadas de errores e intentos fallidos por llegar al desarrollo y ahora, en el momento en que estamos más cerca que nunca de lograrlo, los Profetas escriben sendos libros, dan largas entrevistas y predican públicamente “el fin de un modelo”.

Lo más simpático de todo, es que la mayoría de estos nuevos Profetas no da ninguna solución o alternativa al actual modelo y los pocos que se atreven a darlas, predican las mismas soluciones que fallaron en forma dramática en los años 60: más politización, más Estado, menos mercado, más fraccionamiento político. ¿No hemos aprendido nada de nuestros errores?

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