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El error fundacional de Piñera y Lavín: su obsesión por la televisión

por 6 septiembre, 2012

¿Qué pasa cuando juntas a un Presidente obsesionado con demostrar logros para subir en las encuestas (especialmente en la CEP) con un ministro que privilegia la forma más que el contenido a la hora de comunicar?
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La polémica respecto a la validez de los resultados de la Casen, instaurada por el ex jefe de la División de Estudio del Ministerio de Desarrollo Social quien confesó sentirse “usado” por el ministro Lavín, tras considerar que los resultados de la encuesta no daban para montar el show comunicacional realizado por el gobierno, nos obligan a evaluar en perspectiva las acciones tanto políticas como profesionales y el estilo que han tenido el presidente Piñera y el ex alcalde de Santiago. Para así entender mejor por qué pasó esto.

En lo que respecta al primer mandatario, las autoras del libro Biográfico “Piñera: Historia de un ascenso” lo definen como un “avasallador y competitivo en esencia”, que incluso “va dejando heridos en el camino” y que “algunas veces se mantiene en una línea que es un poco difusa”. En resumen, es un personaje obsesionado con ganar siempre —pues sería eso una señal de satisfacción— situación que a nivel político se refleja en estar constantemente buscando buenas evaluaciones en las encuestas que le son tan esquivas.

¿Qué pasa cuando juntas a un Presidente obsesionado con demostrar logros para subir en las encuestas (especialmente en la CEP) con un ministro que privilegia la forma más que el contenido a la hora de comunicar?

Por su parte, Joaquín Lavín en términos políticos-comunicacionales, instaló desde la Municipalidad de Las Condes un estilo que se le denominó “el cosismo”. En palabras simples radica en una estrategia de posicionamiento a partir de la comunicación de hechos determinados, que buscan entregar “soluciones concretas a los problemas de la gente”. Algunos ejemplos dignos de recordar: cuando nos sorprendió bombardeando nubes (sin éxito) para hacer llover, ruidosos escarabajos rojos para patrullar su comuna, implementó vistosos botones de pánico, una playa al costado del Mapocho e incluso hizo una pista de nieve que se derritió a los pocos días.

Cabe preguntarse entonces ¿Qué pasa cuando juntas a un presidente obsesionado con demostrar logros para subir en las encuestas (especialmente en la CEP) con un ministro que privilegia la forma más que el contenido a la hora de comunicar?

El estudio mensual “Análisis de las declaraciones de políticos en noticieros centrales” que realiza la Escuela de Publicidad de la UDP, oemedios.com y NEX nos entrega datos que nos permiten dilucidar el impacto de la estrategia utilizada por el gobierno en el mes de julio (el mes de la Casen). Como ya es sabido, el diseño de La Moneda, contempló atrasar el lanzamiento de los resultados de la Casen para hacerlo coincidir con el trabajo de campo de la CEP. La consecuencia de dicha estrategia fue que la entrega de estos resultados se convirtió en el segundo tema político que más segundos tuvo en los noticieros centrales durante julio, siendo los voceros principales el presidente Piñera y el ministro Lavín. Fue así como el primer mandatario logró 1.438 segundos haciendo declaraciones (sobre éste y otros temas), mientras que el ex ministro de Educación alcanzó los 800 segundos, superando incluso a todos los ministros presidenciables. El mismo estudio demostró que el 92% de las notas de julio fueron positivas para el posicionamiento del presidente y un 88% para Lavín.

Pareciera ser que la obsesión de Sebastián Piñera de sacar siempre una ganancia, unida a la obsesión de Lavín de estar en la TV, les hizo que cometieran uno de los errores más grande de sus carreras políticas, al priorizar sólo la forma de comunicar para conseguir objetivos personales de corto plazo, en un tema tan fundamental como es la pobreza. Peor aún, el solo hecho de tener que salir a reafirmar la validez de los resultados entregados con tanta fanfarria en la misma TV que tanto aman y necesitan, les afecta donde más le duele a cualquier político: la credibilidad y confianza que la opinión pública alguna vez depositó en ellos.

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