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Funa

por 10 octubre, 2012

¿Cómo se defiende una democracia de sus elementos antidemocráticos? ¿Debemos tolerar a los intolerantes? Hace casi 70 años Karl Popper, defensor de la “sociedad abierta”, se dio cuenta que la tolerancia ilimitada llevaría a la destrucción de la tolerancia, en la medida que los tolerantes estuvieran dispuestos a tolerar la intolerancia. Hoy día Chile vive esta “paradoja de la tolerancia”. Popper, aun viviendo las secuelas del carnaval de intolerancia que llevó a la Segunda Guerra Mundial, sabía que la tolerancia hay que defenderla de los intolerantes, “a la fuerza si fuese necesario”.
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En clases de ciencia política frecuentemente buscamos traducir palabras en inglés que, a lo más, tienen equivalencia, pero no traducción. Conceptos como “path dependence” o “enforcement”. Más de algún cínico habrá comentado que no es casualidad que no exista una palabra en español para “accountability”. No nos queda otra que conformarnos con la formulación “rendición de cuentas”. Mucho menos potente.

Tal vez, tampoco es casualidad que no exista una palabra en inglés para “funa”. Porque en sociedades fundadas en el liberalismo clásico, el liberalismo que se basa en la lucha en contra de los dogmas absolutistas y no en la excusa para imponerlos, le tienen poco miedo al diálogo. La caricatura de Speaker’s Corner en Londres, la esquina de Hyde Park donde cualquiera puede ponerse a pontificar sobre cualquier tema, subraya un valor real. Hoy Speaker’s Corner se llena los domingos de fanáticos religiosos, otros que quieren compartir alguna teoría de conspiración, y centenares de turistas. Pero desde el siglo 19 Speaker’s Corner ha sido un lugar de debate político, en que participaban Karl Marx y George Orwell (no al mismo tiempo). Antes de Twitter, esa frondosa esquinita era tal vez el espacio más democrático del mundo para la expresión de ideas de todo tipo.

¿Cómo se defiende una democracia de sus elementos antidemocráticos? ¿Debemos tolerar a los intolerantes? Hace casi 70 años Karl Popper, defensor de la “sociedad abierta”, se dio cuenta que la tolerancia ilimitada llevaría a la destrucción de la tolerancia, en la medida que los tolerantes estuvieran dispuestos a tolerar la intolerancia. Hoy día Chile vive esta “paradoja de la tolerancia”. Popper, aun viviendo las secuelas del carnaval de intolerancia que llevó a la Segunda Guerra Mundial, sabía que la tolerancia hay que defenderla de los intolerantes, “a la fuerza si fuese necesario”.

Por cierto, de tiempo en tiempo se armaban peleas. Discusiones que a veces se exceden de las normas del buen conducto. Eso ocurre. Lo que no hubiera sido aceptable es la organización ex ante de un grupo con el objetivo específico de impedir que algún tema se discutiera. Es decir, funar.

En Chile se ha instalado la idea que las funas, al igual que las tomas, son opciones de protesta, herramientas legítimas del proceso político. En realidad ambas son herramientas que impiden el proceso político. Las funas no son manifestaciones pacíficas, sino que actos agresivos que impiden, a la fuerza, que otros puedan llevar a cabo su actividad político o intelectual. La semana pasada dos funas se dieron en instancias que dependen de las ideas y del diálogo —la universidad y la política—.

Lo curioso es que los que optan por estas tácticas lo hacen en nombre de mejorar la democracia. Han determinado que Chile o es poco democrático, o tiene una democracia de mala calidad. Pero tal como no tenía sentido que Estados Unidos defendiera su democracia del fundamentalismo islámico con la limitación de los derechos civiles, no tiene sentido fortalecer nuestra democracia por métodos antidemocráticos.

¿Cómo se defiende una democracia de sus elementos antidemocráticos? ¿Debemos tolerar a los intolerantes? Hace casi 70 años Karl Popper, defensor de la “sociedad abierta”, se dio cuenta que la tolerancia ilimitada llevaría a la destrucción de la tolerancia, en la medida que los tolerantes estuvieran dispuestos a tolerar la intolerancia. Hoy día Chile vive esta “paradoja de la tolerancia”. Popper, aun viviendo las secuelas del carnaval de intolerancia que llevó a la Segunda Guerra Mundial, sabía que la tolerancia hay que defenderla de los intolerantes, “a la fuerza si fuese necesario”.

Popper sabía que en muchos casos la discusión con los intolerantes no era posible porque no estaban interesados en un debate racional. Muchas veces los intolerantes, dijo Popper, contestan “con puños y pistolas”.

No usó la palabra “funa”, porque no existe en inglés.

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