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¿Gana la abstención y se derrumba el modelo?

por 29 octubre, 2012

No es Eloísa González quien debe preocupar a la clase política, pues es evidente que si ella fuese candidata a algo en la política, ese acto sólo podría ser interpretado como una traición a sus propias convicciones radicales. Lo que encanta de este personaje es justamente su carácter trágico, que encarna una disposición voluntaria y paradojal de chivo expiatorio y redentor para la propia política chilena en su actual fase de aparente derrumbe del modelo, dada la alta abstención.
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Hemos asistido a un extraordinario experimento social. La idea del voto voluntario y su posterior aplicación puso en el escenario político chileno, con la fuerza de un huracán, la verdad de la abstención.

Se trata de una verdad, sin embargo, llena de misterios que necesitará de mucha investigación social para saber qué sucedió realmente. Por de pronto, nadie puede resolver rápidamente si estamos en presencia de una “abstención pasiva” o de una “abstención activa”, si me permiten este clivaje. Y en segundo lugar, descartada la “abstención pasiva”, no podremos resolver rápidamente qué significa y encierra el mundo de la “abstención activa”.

Es relativamente sencillo definir “abstención pasiva”, pues se trataría de un entramado de emociones y razones que están absolutamente disociadas del mundo político, razones y emociones sin militancia, sin sentidos políticos contingentes, y asociadas más bien a la flojera, el desgano, la desidia con éste y con cualquier otro proceso electoral. Razón de la sinrazón, si se quiere.

Es evidente para la seriedad de la política que si la flojera como forma de “abstención pasiva” fue la razón dominante de lo que ocurrió ayer hay más de un problema a resolver. La hipótesis es plausible: si es que este tipo de abstención se correlaciona con el nivel socioeconómico, a saber, si este tipo de abstención es mayoritaria en comunas más pobres y significativamente menor en las comunas más ricas, estamos ante un problema que fundamentalmente nos hará cuestionarnos por la educación cívica que desde el retorno a la democracia ha promovido la misma democracia. Lo dijo expresivamente ayer Lagos Weber “Si hubo mayor participación por estrato socioeconómico, saquemos la conclusión: los mas ricos saben la diferencia”.

No es Eloísa González quien debe preocupar a la clase política, pues es evidente que si ella fuese candidata a algo en la política, ese acto sólo podría ser interpretado como una traición a sus propias convicciones radicales. Lo que encanta de este personaje es justamente su carácter trágico, que encarna una disposición voluntaria y paradojal de chivo expiatorio y redentor para la propia política chilena en su actual fase de aparente derrumbe del modelo, dada la alta abstención.

Ahora bien, sin duda que es una tentación fuerte vincular la ‘abstención pasiva’ con el desinterés por esa política que se percibe llena de intríngulis solapados de poder, traición y ganancia personal. Es decir, un desinterés que tiene todos los visos de estar vinculado a emocionalidades ‘activas’ que nos hablan de motivaciones fuertes detrás del desinterés. Alguien así de desinteresado perfectamente podría decir: “me interesa la política en general, pero la que en concreto veo cotidianamente configurada en el hoy cotidiano, esa en particular, no me interesa, es más de lo mismo”.

Aquí ya estamos en el otro tipo de abstención. La “abstención activa” es la abstención con razones y emociones militantes, es una abstención con sentido político y cargada de subjetividad, es una abstención con memoria histórica que desea enviar un mensaje a la clase política.

La “abstención activa” representa, sin duda, al mundo y al imaginario de Eloísa González, a su perfecta campaña socarrona de no ‘prestar el voto’. Nadie sensato podría decir que la alta abstención es resultado de la campaña de Eloísa González, pero así mismo nadie sensato puede negar que la estudiante secundaria es la más prístina encarnación de esta abstención activa. Tal vez no gusten sus métodos, sus formas ásperas y robóticas de expresión política, tal vez no gusten incluso sus razones tardo izquierdistas, pero es quien mejor capitaliza el efecto de este tipo de abstención por su atrevimiento y coraje, así como por su desparpajo grunge y su desencanto antisistémico.

La “abstención activa” será todo un desafío de comprensión. ¿Hacia dónde apunta, qué es lo que critica, qué la motiva, la pura mala oferta política, el puro binominal o algo más profundo y radical?; ¿se trata de puro descontento juvenil, de movilización social y estudiantil?

De todas maneras, no es Eloísa González quien debe preocupar a la clase política, pues es evidente que si ella fuese candidata a algo en la política, ese acto sólo podría ser interpretado como una traición a sus propias convicciones radicales. Lo que encanta de este personaje es justamente su carácter trágico, que encarna una disposición voluntaria y paradojal de chivo expiatorio y redentor para la propia política chilena en su actual fase de aparente derrumbe del modelo, dada la alta abstención.

¿Este nivel de abstención pasiva y activa nos muestra un dato más que fehaciente de la crisis que vive la actual política chilena, su parafernalia, su puesta en escena, pero también sus fines y sentidos? Se necesitará mucha investigación social, insisto.

Termino sugiriendo de todos modos, no todos esos libros de teoría de elección racional (que seguramente tendrán que retomarlos en la Alianza con ánimo derrotista y en la Concertación con ánimo triunfalista para explicar todo este abstencionismo) sino uno pequeño, simple y potente, bien profético por sus temas y por su enfoque; vuelvo al viejo y sabio Norbert Lechner que escribía en su “Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política”, lo siguiente: “La democracia realmente existente no concuerda con las representaciones simbólicas existentes […]las democracias latinoamericanas no logran encarnar una comunidad que cristalice las necesidades de pertinencia y arraigo social[…]muchos factores influyen en esta tendencia, a mí me parece que en el fondo se trata nada menos que de la reconstrucción del sentido de la democracia”.

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