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Piñera y Cía Ltda: crónica de una muerte anunciada

por 30 octubre, 2012

Piñera y Cía Ltda: crónica de una muerte anunciada
El gobierno ha insistido hasta hoy en que gobernar es generar un listado de éxitos sectoriales, que el tener un relato y proyecto es “pura majadería de gente poco ejecutiva”, que ser un buen político es andar por la vida con actitud de “medio chispita”, con un aire algo pelusón y simpaticón. Una suerte de “gerente en happy hour”.
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El gobierno y la Alianza, si nos olvidamos de los eufemismos, recibieron una paliza. La oposición ganó en todas las mediciones posibles: cantidad de alcaldes y concejales, aumento de los mismos,  mayores victorias emblemáticas, generación de sorpresas. Salvo la altísima abstención que es un factor que debe preocupar a todos los políticos, incluidos los llamados renovadores del sistema, la noche fue “redonda” para la oposición.

¿Qué explica esto? El error del gobierno y la Alianza desde su llegada al poder: no comprender la naturaleza de lo político. James Burnham, teórico y pensador conservador americano, describió en un sugerente libro, La Revolución Gerencial (The Managerial Revolution, 1941), una nueva ideología dominante desde un punto de vista sociopolítico que generaba una elite gerencial que buscaría hacerse del poder y ejercerlo como una nueva clase dirigente. Estas ideas en parte ya habían sido expresadas por uno de los fundadores del PC italiano, Bruno Rizzi. Serán recogidas por cierta “derecha conservadora” no como un análisis sociológico de un fenómeno sino como algo que debe ser propuesto en reemplazo de “lo político” que era percibida como opuesta a la racionalidad y estabilidad social.

Piñera y Cía. Ltda., así como una parte importante del gremialismo post-Jaime, desarrollarán una concepción similar de “lo político”. Más que obedecer a una reflexión medianamente intelectual sobre la vida en común será reflejo de la “fe del carbonero”: Una adhesión simplona que surge del considerar el mundo propio como “lo natural” que lleva a no distinguir entre una sociedad política y una S.A. Existirán otros que lo harán desde un grado mayor de análisis intencional, pero serán los menos. La derecha nunca ha sido muy amiga de las ideas, más bien le ha parecido un defecto de hippies.

Un partido serio respecto a los valores republicanos que se dicen sostener no hace oídos sordos o “considera folklóricos” a personajes como Labbé o Urrutia. Los “cuco”, “homenajes a violadores a los derechos humanos” y un hablar despectivo hacia minorías sexuales, son de una tosquedad político-normativa que producen un grave daño al sector. Por último; lo más importante: la apuesta política “popcorn” no es para hoy. El país exige respuestas más políticas. Los movimientos sociales generaron una nueva sensibilidad que no es progerencial.

Es así como el gobierno ha insistido hasta hoy en que  gobernar es generar un listado de éxitos sectoriales, que el tener un relato y proyecto es “pura majadería de gente poco ejecutiva”, que ser un buen político es andar por la vida con actitud de “medio chispita”, con un aire algo pelusón y simpaticón. Una suerte de “gerente en happy hour”.

No pocos desde el día inicial del gobierno han hecho ver el error. Los argumentos políticos no han sido suficientes frente a una “clase gerencial” que cree que si no saben todo, al menos pueden manejar todo. No en vano son 24/7.

La oposición les demostró lo equivocado de su discurso. Con un criterio político (a la antigua y clásico) logró articular una propuesta que supo crecer hacia el centro y hacia la izquierda. La DC fue una de las grandes ganadoras de la jornada y también el PC. Este último mostró capacidad de trabajar junto a la Concertación, ganar una batalla importante como Recoleta y aunque perdió, mostró en Ballesteros un dirigente joven llamado a dejar una huella en la izquierda y su propio partido. Camila Vallejo se consolidó como una de las grandes figuras de la nueva Concertación. Sitial que comparte con Carolina Tohá, quien combina experiencia con aires de frescura.

La estructuración de un doble eje mostró que no implicará, necesariamente, pérdida del electorado centrista.

Es otro fracaso del discurso aliancista: el “cuco” de la izquierdización de la Concertación.

La Concertación mostró oficio político. La Alianza se mostró amateur.

La derecha si pretende tener alguna opción de repunte debe abandonar su ideología gerencial. Es una herencia que se remonta a Jorge Alessandri, que se agudizó en los años de dictadura con su discurso antipolítico, sumado a la influencia de la tienda gremialista, representante de una paradójica ideologización del antipoliticismo.

En candidatos como Büchi y Lavín llevaron ese discurso al extremo. Golborne es la misma experiencia. La infinidad de veinteañeros que deambulan por los pasillos de La Moneda, segundos y tercer pisos, ministerios, con poco o ninguna idea de política (y un dudoso interés  por la misma más allá de la adrenalina  de caminar por el poder) pero con lo último en I-PAD, I-POD, portando o “candidatos a serlo” todo tipo de magister gerenciales; un reflejo de esa cultura.

¿Cuál serían los signos de que la Alianza algo entendió de lo sucedido? Primero, percatarse que la derrota de todos  quienes mostraron mano de hierro hacia los movimientos estudiantiles, no es casual. Segundo, no admitir declaraciones contrarias  a los valores de respeto ciudadano que deben existir en sociedades democráticas. Por ejemplo, la UMP fundada por Sarkozy, partido que no apoya el matrimonio gay, ante los comentarios ofensivos anti-gay de Christian Vanneste, se demoró horas en determinar su expulsión del partido, aunque significó perder un diputado. Eso hace un partido serio respecto a los valores republicanos que se dicen sostener. No hace oídos sordos o “considera folklóricos” a personajes como Labbé o Urrutia. Los “cuco”, “homenajes a violadores a los derechos humanos” y un hablar despectivo hacia minorías sexuales, son de una tosquedad político-normativa que producen un grave daño al sector. Por último; lo más importante: la apuesta política “popcorn” no es para hoy. El país exige respuestas más políticas. Los movimientos sociales generaron una nueva sensibilidad que no es progerencial. No es casual la derrota gremialista en la UC, no pasaron a la segunda vuelta, ni en su alma máter. La respuesta ya no puede ser: “viva el cambio”, “gobierno de excelencia”, “la nueva forma de hacer política”.

La Alianza debe desarrollar una propuesta con contenido.

Sin iniciar un cambio en esos tres sentidos, la Alianza puede iniciar un declinar sostenido. Es más, en una primera vuelta nada les asegura no ganar “medalla de bronce”.

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