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A derecha revuelta, ganancia de la Concertación

por 31 octubre, 2012

A derecha revuelta, ganancia de la Concertación
El movimiento estudiantil y las movilizaciones sociales en general contribuyeron decisivamente no solo al desplome del gobierno, sino también al estado de ánimo de un sector del país que vio posible y necesario ir a votar para derrotar a la derecha y su modo de conducir la sociedad.
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Sostengo que la elección municipal del pasado domingo fue, para una porción decisiva de los electores, un plebiscito, una elección de Sí o No a la presencia de la derecha en el gobierno nacional.

Los resultados están a la vista: salvo rendimientos muy puntuales de unos pocos Alcaldes, las votaciones de la derecha tendieron a la baja (3 puntos menos en el global de alcaldes); los votos no Alianza se concentraron, con las seis listas fuera del duopolio Concertación-Alianza bajo el umbral de uno de cada cinco votos válidos (sumaron 16,6% en una elección completamente proporcional y plurinominal como la de concejales); y las derrotas de la Alianza en comunas emblemáticas significaron un golpe tan duro para el oficialismo que nadie más que El Mercurio osó disimular. Hoy en La Moneda ya no hay temor al “pato cojo”, ya saben que el pato no cojea pues está en el horno.

Más acá de las declaraciones de preocupación por la inédita abstención del proceso, la Concertación ampliada sabe que —ante la ausencia de fuerzas alternativas competitivas— le basta ser “lo distinto” a la derecha en el gobierno para tener prácticamente asegurado el retorno a La Moneda en marzo de 2014. No es poco.

Ahora, ¿Cuáles son las causas de que esta elección local haya derivado en un referéndum sobre el Ejecutivo? La primera, el propio gobierno. Un gobierno omnipresente en los medios de comunicación, sin la más mínima autocrítica pública y fuertemente politizador hizo lo necesario para que los chilenos que tienen identidad política distinta a la derecha se activaran y vivieran esta municipal como la oportunidad de manifestar su descontento. Las propias vocerías del Presidente parecieron planeadas para levantar una muralla china entre la derecha y el resto de Chile (“en 20 días hemos hecho más que 20 años”, “los socialistas piensan en subir impuestos desde que se levantan”, y tantas otras perlas), pero no en elevar el estado de ánimo e identificación con el gobierno de la propia gente de derecha. El hecho que su jefe de campaña y principal ministro comenzara el periodo anunciando la fundación de “una nueva” derecha habla por sí solo.

Pero no es la única causa, para nada. El movimiento estudiantil y las movilizaciones sociales en general contribuyeron decisivamente no solo al desplome del gobierno, sino también al estado de ánimo de un sector del país que vio posible y necesario ir a votar para derrotar a la derecha y su modo de conducir la sociedad. Todas las encuestas coinciden en que la caída libre del gobierno tras su punto más alto en el rescate de los mineros se inicia con el impúdico tour de Piñera y el papelito —¿será esta municipal la gota que rebase el embalse del diseño comunicacional que padece La Moneda?— y los estudiantes alzando la voz para anunciar que urge cambiar las prioridades sobre las que hemos construido nuestra vida social. La politización de estas municipales no se da por arte de magia, y sus padres son los estudiantes, no la Concertación.

Pero, al día después, no cabe duda que la gran ganadora en esta pasada es la Concertación, que se convirtió en el vehículo que los votantes usaron para decir No al gobierno. Si la elección de Carolina Tohá por sí sola ya era un triunfo resonante que servía de antesala del retorno de Michelle Bachelet, qué se puede decir de las victorias en Concepción, Ñuñoa, el crecimiento de la DC y los espaldarazos a Undurraga y Orrego en Maipú y Peñalolén, respectivamente; y un PC que recibe frutos de su estrategia de integración. Hoy, a toro pasado, parece claro que los comunistas fueron los primeros en leer adecuadamente este plebiscito y diseñar una estrategia para ganar en esa cancha. Cabe preguntarse si este nuevo PC ayudará a hacer más posibles políticas de izquierdas en un futuro gobierno de la Concertación ampliada, pero eso es harina de otro costal.

En lo inmediato, más acá de las declaraciones de preocupación por la inédita abstención del proceso, la Concertación ampliada sabe que —ante la ausencia de fuerzas alternativas competitivas— le basta ser “lo distinto” a la derecha en el gobierno para tener prácticamente asegurado el retorno a La Moneda en marzo de 2014. No es poco.

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