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La construcción del post-La Haya

por 29 noviembre, 2012

La construcción del post-La Haya
No tardó en aparecer un nuevo motivo para plantear un diferendo, como fue el caso que se debate en La Haya. En Chile ayudaría, para obtener una lectura adecuada y racional del fallo que la CIJ emita, el contar con la certeza que Perú, después de esto, asuma que ya no tiene problema pendiente alguno que entrabe una relación plena con nuestro país.
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Muchos han elucubrado en relación al efecto del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en relación al caso Colombia-Nicaragua. Incluso el Canciller Roncagliolo en recientes declaraciones demostró su optimismo cuando manifestó que los contenidos de la sentencia favorecerían la tesis peruana. Pienso que nada tiene que ver y que el ministro peruano hizo cálculos optimistas sin mucho fundamento. Los antecedentes históricos, jurídicos, geográficos y de manejo de esa controversia son absolutamente diferentes al que comenzará a alegarse y que nos incumbe. Sin embargo, hay un tema alejado de la sentencia que me parece que tiene importancia ya que sirve a Chile y a Perú para tomar providencias.

El único punto vinculante lo veo en el efecto que una resolución de la Corte, más allá de su contenido, puede provocar en los gobiernos y en la opinión pública de los países que están involucrados en una demanda de ese tipo.

Nadie habría pensado que en Colombia el nivel de rechazo al fallo sería tan generalizado y que el cuestionamiento oficial al mismo pudiera llegar a los niveles que hemos conocido. La lección que se desprende es que en asuntos de esta naturaleza las reacciones de la opinión pública y de los gobiernos tienden a radicalizarse abriendo focos de tensión que pueden escalar a niveles peligrosos.

No tardó en aparecer un nuevo motivo para plantear un diferendo, como fue el caso que se debate en La Haya. En Chile ayudaría, para obtener una lectura adecuada y racional del fallo que la CIJ emita, el contar con la certeza que Perú, después de esto, asuma que ya no tiene problema pendiente alguno que entrabe una relación plena con nuestro país.

Es cierto que tanto en Chile como en el Perú han proliferado iniciativas orientadas a dar racionalidad al debate del tema y que ambos mandatarios hicieron públicas sus decisiones de pleno respeto al dictamen que en su oportunidad emita la CIJ. Comparto la importancia de crear el mejor ambiente para enfrentar la fase oral y posteriormente la recepción y acatamiento del fallo, de hecho desde la Universidad hemos contribuido a ello. Sin embargo la reciente experiencia en el caso Colombia-Nicaragua me lleva a plantear la necesidad de reforzar la búsqueda de mayor solidez en la construcción de un escenario alejado de tensiones.

Mayoritariamente en ambos países aspiramos a lograr una relación plena y armónica que aleje definitivamente los fantasmas del pasado. La pregunta que cabe hacerse es si será el fallo y la aceptación por nuestros gobiernos y pueblos lo que brindará a Chile y el Perú la certeza de que ese objetivo se logrará.

Creo que el fallo por sí solo no será capaz de lograr un efecto tan ambicioso; menos aún si se provoca un clima como el que hemos observado en un caso absolutamente distinto pero vinculante en cuanto a posibles comportamientos societarios. Es por eso que resulta del todo necesario aumentar confianzas y entregar certezas de los objetivos que están en juego.

Los chilenos necesitamos contar con un compromiso lo más formal posible respecto a que el Perú acatará el fallo y lo que es igual —o más importante— que a futuro se abstendrá de nuevas demandas que hagan aparecer en la agenda reclamaciones de distinta naturaleza.

Lamentablemente, en la historia reciente de nuestras relaciones hemos conocido sucesivas declaraciones oficiales peruanas en el sentido de que estamos viviendo el momento de término de nuestras disputas. Sin embargo, no tardó en aparecer un nuevo motivo para plantear un diferendo, como fue el caso que se debate en La Haya. En Chile ayudaría, para obtener una lectura adecuada y racional del fallo que la CIJ emita, el contar con la certeza que Perú, después de esto, asuma que ya no tiene problema pendiente alguno que entrabe una relación plena con nuestro país.

A su vez pienso que Chile debe dar todas las seguridades al Perú, en el compromiso de acatamiento de la sentencia de acuerdo a lo que los tratados firmados y el acuerdo de aceptar la competencia de la Corte exige. En tal sentido me parecen de ciencia ficción los temores que se esgrimen de un actuar de nuestra parte alejado del Derecho Internacional. Aunque no encontremos base para posiciones de esa naturaleza sin duda toda acción que aleje esos fantasmas resulta oportuna y conveniente a ambas partes.

Es por todo lo expuesto que en el corto plazo hay que construir a nivel gobiernos y sociedades el post-La Haya. Será tarea de los jueces resolver el diferendo. Es tarea de los Jefes de Estado, las Cancillerías y nuestros pueblos pavimentar el camino de una relación armónica y alejada de nuevas tensiones. Ya es tiempo de cerrar la agenda de diferencias del pasado, pasando a una de relación densa ya  no solamente económica sino con componentes políticos, culturales militares y sociales que una a dos pueblos con tremendas potencialidades para proyectarse al futuro.

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