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Bolivia y Chile: la política exterior subordinada a los intereses domésticos

por 11 marzo, 2013

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Subordinar las relaciones internacionales a las necesidades domésticas de los gobiernos de turno, es algo muy antiguo en la política mundial. Recordemos por ejemplo el clásico libro “El Príncipe” de Macchiavello, donde éste le recomienda a la autoridad a incentivar las tensiones, e incluso a iniciar algún conflicto, cuando su legitimidad y popularidad se vean seriamente cuestionadas. Macchiavello al escribir estas líneas, no hacía sino constatar como se comportaban diversas autoridades de la época, cuando enfrentaban momentos de baja popularidad. Bueno, y esto no ha cambiado mucho en el curso del tiempo.

La dictadura militar argentina inició la aventura de las Malvinas justamente en momentos de crisis económica y legitimidad política, buscando así dar un “golpe de timón” que hubiese consolidado a este régimen de facto por algunos años más (sin imaginar la reacción inglesa y norteamericana).

En este sentido, es cierto que diversos gobiernos bolivianos, y el actual también, han levantado en ocasiones la “carta antichilena” para mejorar sus índices de aprobación domésticos, pero lamentablemente ello ha tenido “eco” en nuestro actual gobierno, que ha visto también aquí una oportunidad para mejorar su magro respaldo, escalando una crisis (la de los soldados detenidos) que como muestran diversos casos anteriores (tanto con Bolivia como con Perú) se podría haber resuelto tempranamente a través de una gestión diplomática, que fue la posición inicial de nuestra Cancillería, pero que se vio sobrepasada por las declaraciones realizadas horas después desde La Moneda.

Y es que no hay que equivocarse: la demanda boliviana seguirá en la agenda, y si bien nuestros argumentos jurídicos son sólidos y los demás países de la región no quieren que se “multilateralice” el tema, sí han expresado públicamente simpatías por la “causa boliviana”. Habrá entonces qué (pensando en el interés de Chile) recuperar las confianzas y retomar en algún momento el diálogo, pero en un año electoral como éste, probablemente será tarea ya para el próximo gobierno.

Y que duda cabe, el presidente Morales y nuestro mandatario deben gozar ahora de “unos puntitos más” en las encuestas como resultado de esta crisis, pero a costa de tener a las relaciones bilaterales en su peor nivel de los últimos años, un retroceso lamentable después de todo lo que se había avanzado con la llamada “Agenda de Trece Puntos” que buscaba abordar los principales temas de interés para ambas partes.

Cabe recordar que en el primer año de este gobierno (2010) las relaciones con Bolivia fueron cordiales, y de continuidad con lo alcanzado por los anteriores gobiernos de la Concertación. Sin embargo, este pragmatismo inicial comenzó a debilitarse como resultado de los escasos avances en el tema 6 de la agenda sobre acceso al mar para Bolivia, las protestas sociales en ambos países y la consecuente baja en popularidad de ambos gobiernos, y la escasa afinidad cultural e ideológica entre las autoridades de Chile y Bolivia (puede haber algo más lejano que la historia personal y política de nuestras actuales autoridades y las bolivianas?), afinidad que no resuelve por sí misma los problemas, pero que puede ayudar a crear un clima más favorable para abordar estos problemas.

Así entonces, estaban todos los ingredientes para que fuese cosa de tiempo un deterioro en los vínculos bilaterales, y lamentablemente, se hacía cada vez más “tentador” apelar a la figura del adversario histórico insensible (Bolivia en referencia a Chile) o el país que no respeta el derecho internacional (Chile en referencia a Bolivia). Lo más lamentable de todo esto, es que se ha creado un “clima de opinión pública” muy negativo en ambas sociedades, con muchos políticos (no todos, hay muchas excepciones) que en vez de contribuir a buscar una salida razonable a lo sucedido y retomar el diálogo bilateral, incentivan estas tensiones para ganar también “cámara y popularidad” en un año electoral.

Un verdadero estadista en momentos como este debiese sobreponerse a las ventajas de corto plazo y pensar en los intereses de largo plazo de nuestro país en el escenario vecinal y regional. Lamentablemente ello no ha sucedido. Algunos quisieran comparar lo obrado (en la Celac y con este tema de las detenciones) con la reacción del Presidente Lagos en la Cumbre Presidencial de México del 2004, cuando respondió enérgicamente al entonces Presidente Meza de Bolivia. Pero el mensaje de Lagos fue en esencia restablecer relaciones, retomar el diálogo, y abordar todos los temas de interés para ambas partes, lo que después implementó la Presidenta Bachelet con la Agenda de los Trece Puntos. En definitiva, no sirve al interés de Chile tener relaciones deterioradas en nuestro entorno más inmediato, y la política exterior en sus temas esenciales (y las relaciones vecinales son lo más esencial) nunca debiese quedar subordinada a organismos, o consideraciones domésticas coyunturales cuyos efectos dañan la reputación, y objetivos prioritarios del país en el ámbito externo.

Y es que no hay que equivocarse: la demanda boliviana seguirá en la agenda, y si bien nuestros argumentos jurídicos son sólidos y los demás países de la región no quieren que se “multilateralice” el tema, sí han expresado públicamente simpatías por la “causa boliviana”. Habrá entonces qué (pensando en el interés de Chile) recuperar las confianzas y retomar en algún momento el diálogo, pero en un año electoral como éste, probablemente será tarea ya para el próximo gobierno.

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