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Demanda Boliviana: un desafío más político que jurídico

por 26 mayo, 2013

Necesitamos innovar respecto a las formas como se defiende y proyectan los intereses de Chile, en este nuevo escenario global. Pero para ello se requiere de un liderazgo visionario y transversal, que haga una labor “pedagógica” ante nuestra opinión pública, en vez de ser un mero “reflejo” de esta.
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La decisión de Bolivia de materializar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) ha sido analizada en nuestro país como un asunto esencialmente “jurídico”, sin embargo, cualquier resolución favorable a Chile en este ámbito, no despejará un tema que ha empañado las relaciones con este vecino por casi los últimos 100 años (desde la fallida presentación boliviana a la Sociedad de las Naciones en los años veinte del siglo pasado) .

Por cierto, los argumentos jurídicos de nuestro país son sólidos, pues los tratados no pueden revocarse unilateralmente, y Chile ha cumplido en general con los compromisos adquiridos en éste, mientras que Bolivia no ha tenido éxito tampoco en multilateralizar el tema, porque ello abriría un precedente muy complicado en una región donde las fronteras actuales fueron diseñadas en base a guerras de conquista y expansión (esta es la verdad de nuestra historia regional).

Sin embargo, es una ilusión pensar que un futuro fallo de la CIJ zanjará definitivamente este diferendo. Esto es no entender el significado que tiene para este país su aspiración a una salida soberana al océano pacífico. Y es que si bien un eventual fallo favorable consolidaría la posición jurídica de nuestro país, el conflicto persistirá por largo tiempo, pues el tema marítimo está arraigado en el “inconciente colectivo” de este país, y ahora además, sí existe una “política de estado” en Bolivia en relación a este tema.

Necesitamos innovar respecto a las formas como se defiende y proyectan los intereses de Chile, en este nuevo escenario global. Pero para ello se requiere de un liderazgo visionario y transversal, que haga una labor “pedagógica” ante nuestra opinión pública, en vez de ser un mero “reflejo” de esta.

Es necesario entonces, que más allá de nuestros argumentos jurídicos, comencemos a reflexionar si sirve a nuestros intereses de largo plazo, convivir con un vecino con el cuál habrá una enemistad permanente producto de un hecho histórico, que sin embargo para ellos es parte de la construcción de un nuevo futuro. El “inmovilismo”, y una reacción defensiva permanente en esta materia (o adoptar el argumento esgrimido por sectores peruanos, de preservar la continuidad geográfica entre Chile y Perú, pero que no ha sido parte de nuestro discurso) servirán cada vez menos para resguardar nuestros intereses estratégicos en el largo plazo, algo que muchos de nuestra elite reconocen en privado, pero que no exponen en público.

Y es que una “agenda del pasado”, mientras exista, seguirá trabando cualquier “agenda del futuro”, con los consiguientes costos para ambos países. Por el contrario, un virtual entendimiento futuro con Bolivia (escalonado, gradual, y sujeto a los “tiempos” de ambas sociedades) nos permitiría mejorar nuestra imagen y posicionamiento en el vecindario, profundizar nuestra integración sub-regional, y también hacer efectiva una estrategia que conecte al corazón de nuestro continente con el Asia-Pacífico.

En definitiva, necesitamos innovar respecto a las formas como se defiende y proyectan los intereses de Chile, en este nuevo escenario global. Pero para ello se requiere de un liderazgo visionario y transversal, que haga una labor “pedagógica” ante nuestra opinión pública, en vez de ser un mero “reflejo” de esta. Por ahora esto se ve difícil, ante el desprestigio de “la clase política”, lo que lleva a cálculos de corto plazo en esta, y otras materias. Pero hay un margen posible en el presente: Al establecer la demanda, Bolivia ha reconocido que el tema marítimo es algo que debe ser abordado bilateralmente. Mientras dura el juicio entonces (3-4 años),  porqué no “encapsular” este tema (como el actual gobierno hizo con Perú) y retomar un diálogo que promueva las confianzas y cooperación?

Al hacerlo, tal vez en algunos años ambas sociedades miren con distintos ojos el diferendo, y logremos algún punto de convergencia que satisfaga no totalmente, pero en algo las aspiraciones de Bolivia, resguardando al mismo tiempo nuestros intereses esenciales, lo que sin embargo requerirá de parte nuestra, un debate transversal hasta ahora pendiente :  Es la política que hemos mantenido hasta el presente, la que mejor sirve los intereses de Chile en el largo plazo, o llegó el momento de basar sobre nuevas premisas nuestras relaciones vecinales, pensando en una renovada proyección global ? .  He aquí el dilema que debemos despejar en el próximo tiempo.

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