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Domingos Dominicales

por 30 junio, 2013

Soy parte de la familia del Colegio Latinoamericano, mis hijos se han formado y estudiado ahí, conocen de pequeños esta historia, desde la paz, desde el nunca más. Mis condolencias y deseos de justicia y hermandad a las familias que nuevamente han sido atropelladas de manera increíble por esta patria porfiada. Quiero simbolizar en Manuel Guerrero hijo y Javiera Parada mi admiración por su batalla épica y valiente.
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En plena década de los ochenta, en medio de la dictadura, existían dos programas de televisión que actuaban —paradojalmente— como curiosos catalizadores colectivos de una sociedad que pedía, muchas veces en silencio, mayores espacios de libertad y una vociferación urgente de denuncia de las diversas barbaries ocurridas en aquellos años. Si recuerdan bien, estamos hablando de “Sábados Gigantes” y el “Jápening con Ja”. Dentro de éste último, existía un segmento llamado “Domingos Dominicales”, una parodia a espacios de entretenimiento televisivo que nos hacían olvidar a ratos un período oscuro de nuestra historia.

Hoy, nuestra ya anestesiada capacidad de asombro se ve removida por el fallo que autoriza las salidas dominicales para los asesinos “degolladores de profesores”, crimen iniciado la mañana del viernes 29 de marzo de 1985.

Para los jóvenes que no estén del todo familiarizados con este asesinato, estamos hablando de un secuestro ocurrido en el Colegio Latinoamericano, con participación activa de Carabineros de Chile (DICOMCAR), con helicóptero institucional, detención del tráfico en calle Los Leones, llevándose a José Manuel Parada y Manuel Guerrero, ambos militantes del Partido Comunista y enormes seres humanos. Esa mañana, el profesor Leopoldo Muñoz, al presenciar esta acción y arriesgando su vida, salió en busca de sus compañeros, recibiendo un impacto de bala que lo tuvo al borde de la muerte. El día anterior, jueves 28 de marzo, también había sido secuestrado Santiago Nattino quien, junto a “los Manueles”, aparecieron degollados un día después, abandonados a la orilla de un camino periférico de la Región Metropolitana.

Soy parte de la familia del Colegio Latinoamericano, mis hijos se han formado y estudiado ahí, conocen de pequeños esta historia, desde la paz, desde el nunca más. Mis condolencias y deseos de justicia y hermandad a las familias que nuevamente han sido atropelladas de manera increíble por esta patria porfiada. Quiero simbolizar en Manuel Guerrero hijo y Javiera Parada mi admiración por su batalla épica y valiente.

Si nuestros jóvenes conocen el relato del párrafo anterior, tal vez desconozcan que las familias de las víctimas han dado una dura y digna batalla para lograr una justicia, no en la medida de lo posible, sino una justicia real, como la que usted o yo esperaríamos en una situación tan horrorosa como la descrita. Me consta que nunca claudicaron, que contra viento y marea continuaron con su acción libertaria hacia el logro de una paz con justicia y no con lástima.

Tal vez los jóvenes tampoco sepan que, pudiendo las familias de las víctimas solicitar la pena de muerte para los asesinos (ya que Chile en esos años aún no la abolía), no lo hicieron. A mi juicio, ello consolida una gesta de valentía y dignidad que deja una lección ética que traspasa generaciones y fronteras.

Por eso golpea fuerte la noticia que otorga las “salidas dominicales” a los asesinos. Si alguno ha leído el fallo que autoriza dicha medida, el fundamento central es que la Corte no logró establecer certeza jurídica respecto a determinar de qué manera podría afectar a las familias el acto de salida dominical de los asesinos.

A diferencia de los “Domingos Dominicales” de los ochenta, esta medida debe despertarnos a todos, despercudirnos de nuestras comodidades diarias para poder conmovernos, para ejercer nuestro derecho a la réplica, a emocionarnos, a indignarnos con la injusticia, a empatizar con las familias afectadas y, junto a ellos, con todas las víctimas directas e indirectas de la dictadura.

Soy parte de la familia del Colegio Latinoamericano, mis hijos se han formado y estudiado ahí, conocen de pequeños esta historia, desde la paz, desde el nunca más. Mis condolencias y deseos de justicia y hermandad a las familias que nuevamente han sido atropelladas de manera increíble por esta patria porfiada. Quiero simbolizar en Manuel Guerrero hijo y Javiera Parada mi admiración por su batalla épica y valiente.

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