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Hospitales públicos, la otra víctima de la Alta Dirección Pública

por 30 marzo, 2014

Pareciera que la Nueva Mayoría, mantiene las viejas prácticas, prefiriendo, en este caso, pasar la factura política. Si bien es cierto que la administración anterior también abusó del sistema ADP, por ejemplo, mediante la extensión más allá de lo prudente de directores con cargos de subrogantes, creemos que esta es la oportunidad para que sean consecuentes y terminen de una buena vez con las criticadas prácticas clientelistas.
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El secuestro del Estado ocurre cuando quien llega al poder considera que está ahí para que los suyos sean más beneficiados, con cargos y posibilidades, y no para hacer que las instituciones funcionen, al servicio de los chilenos, con las personas más capacitadas.

Esta mala práctica, tristemente común a la izquierda y a la derecha, convierte el Estado en una mera bolsa de empleos para quienes provengan de la misma tienda política del candidato ganador. Justamente para evitar esto se creó el Sistema de Alta Dirección Pública (ADP), que mediante un proceso de selección por comité, y sobre la base de criterios técnicos y transparentes, busca que, para llegar a ciertos cargos de la administración del Estado, prime la experiencia por sobre el amiguismo.

Sin embargo, el actual gobierno ha adoptado el antiguo "Vae victis" de los romanos, "¡Ay, de los vencidos!". De este modo, perdida la contienda electoral, funcionarios que pasaron por este proceso previamente, comenzaron a ser presionados a renunciar.

Pareciera que la Nueva Mayoría mantiene las viejas prácticas, prefiriendo, en este caso, pasar la factura política. Si bien es cierto que la administración anterior también abusó del sistema ADP, por ejemplo, mediante la extensión más allá de lo prudente de directores con cargos de subrogantes, creemos que esta es la oportunidad para que sean consecuentes y terminen de una buena vez con las criticadas prácticas clientelistas.

La polémica de la ADP, que se ha visto plasmada en la prensa por las desvinculaciones en distintos servicios, llegó hace poco de manera silenciosa al área de la salud, específicamente al hospital San Juan de Dios. El director de este recinto hospitalario, elegido por ADP durante el gobierno de Pinera, es forzado a renunciar, estando recién asumido y sin mediar ninguna crítica o evaluación negativa a su gestión. Se trata de un médico internista, nefrólogo, profesor de la Universidad de Chile, que fue por más de 10 años Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del mismo hospital y que, en los últimos 4 años, fuera director de la Dirección de Redes Asistenciales del Ministerio de Salud.

Más aún, su renuncia ha concitado un rechazo transversal entre los profesionales del hospital, donde casi 150 profesionales de la salud de distinta tendencia política y especialidad, con el respaldo del Colegio Médico, han manifestado su rechazo a la desvinculación del Dr. González, habiendo convocando incluso a una manifestación para el pasado lunes 24 de marzo en las afueras del recinto.

Sin embargo, pareciera que la Nueva Mayoría, mantiene las viejas prácticas, prefiriendo, en este caso, pasar la factura política. Si bien es cierto que la administración anterior también abusó del sistema ADP, por ejemplo, mediante la extensión más allá de lo prudente de directores con cargos de subrogantes, creemos que esta es la oportunidad para que sean consecuentes y terminen de una buena vez con las criticadas prácticas clientelistas.

Es probable que, al final del día, se imponga el criterio político, sentando así otro nefasto precedente: si incluso la dirección de un hospital requiere de la confianza político partidista, ¿qué queda para el resto de los cargos del Estado?

Esto no es más que el talón de Aquiles del Estado y sobre todo en momentos en que se acerca una reforma tributaria que incorporará ingentes recursos al erario nacional, se hace perentorio, mediante una nueva ley, el perfeccionamiento de la ADP. Esto requiere urgentemente que se elimine la posibilidad de remover estos cargos por motivos de confianza. De lo contrario, el sistema actual continuará siendo un engaño por partida doble: para  quienes postulan, porque no pueden proyectar su trabajo al periodo por el que fueron nombrados, y un engaño para la ciudadanía, que espera que quienes dirigen sus hospitales y otros servicios sean los más calificados. Esperamos, sinceramente, un poco más de profesionalismo y, sobre todo, ética.

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