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¿Cuándo perdió el norte la Democracia Cristiana?

por 6 agosto, 2014

¿Cuándo perdió el norte la Democracia Cristiana?
Las últimas semanas realicé el ejercicio de leer las conclusiones del último Congreso del PDC realizado en 2006. Un Congreso que tuvo la claridad de anticiparse a todos y cada uno de los principales contenidos y propuestas del Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, sin matices, ni negociaciones previas ni siquiera con diferencias en el cómo implementarlo.
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La reciente Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano, al parecer dejó más dudas que certezas, en un partido que se ve decaído y conflictuado.

Las últimas semanas realicé el ejercicio de leer las conclusiones del último Congreso del PDC realizado en 2006. Un Congreso que tuvo la claridad de anticiparse a todos y cada uno de los principales contenidos y propuestas del Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, sin matices, ni negociaciones previas ni siquiera con diferencias en el cómo implementarlo.

¿Por qué entonces aparece una Democracia Cristiana incómoda en la Nueva Mayoría, o es que quizá extraña a la antigua Concertación?, pues aparece un partido arrepentido de la opinión que expresaron sus propios militantes en forma nítida en las conclusiones de su propio Congreso.

Pueden existir variadas explicaciones para estas preguntas, pero hay una que me hace reflexionar: ¿será posible que los que dirigen los partidos no piensan igual que sus propios militantes? Esa explicación también cabe para explicar por qué los ciudadanos se sienten tan poco representados por los partidos y la elite política.

No tengo la certeza de cuándo la Democracia Cristiana perdió el norte y se alejó de principios y valores que defendió con fuerza en los 80.

¿Quizá cuando se restó a la acusación Constitucional contra Pinochet?

No tengo la certeza de cuándo la Democracia Cristiana perdió el norte y se alejó de principios y valores que defendió con fuerza en los 80. ¿Quizá cuando se restó a la acusación Constitucional contra Pinochet? ¿O cuando empezó a seguir las prédicas de una Iglesia cómplice de la dictadura, alejándose de la Iglesia popular, la de las poblaciones, la Iglesia del Cardenal Silva Henríquez, de Felipe Berríos, de Mariano Puga, de Alfonso Baeza, de Monseñor Alvear y de José Aldunate?

¿O cuando empezó a seguir las prédicas de una Iglesia cómplice de la dictadura, alejándose de la Iglesia popular, la de las poblaciones, la Iglesia del Cardenal Silva Henríquez, de Felipe Berríos, de Mariano Puga, de Alfonso Baeza, de Monseñor Alvear y de José Aldunate?

¿Cuándo la DC definió que la educación pública y el lucro tenían el mismo valor?

¿Cuándo la despenalización del aborto en situaciones extremas como la salud de la madre, la violación o el incesto pasó a ser contraria a las convicciones de la DC? ¿O es que están de acuerdo con aquellos que se niegan a repartir la píldora del día después en los consultorios, condenando para siempre a niñas y adolescentes, sobre todo a las más vulnerables?

Por estas y muchas otras razones la DC aparece como un partido con ideas ambiguas, tibias, sólo con “matices” que nadie entiende qué significan.

Un partido que se dio el lujo de desechar a una generación completa forjada al calor de la recuperación de la democracia, como la de los 80, que en su mayoría se fueron o se decepcionaron, buscando otros espacios para canalizar su gran capital y consecuencia, significa que no sabe escuchar y si los partidos no aprenden a escuchar y sólo continúan imponiendo sus ideas sin deliberación alguna, están tapando el sol con un dedo y arriesgan a que la ciudadanía les continúe pasando por encima, llegando sólo a ser historia sin capacidad de influir o conducir, que es la esencia de un partido político.

La Concertación tuvo su fuerza en la base social, era un movimiento con expresión en las comunas, en las poblaciones, en las organizaciones de base.

La tarea de la Nueva Mayoría es dejar de ser elite y constituirse en una alianza palpable, real, con expresiones locales que puedan ir discutiendo y haciendo real el programa de Gobierno.

Un ejemplo que se destaca es lo que las fuerzas políticas de la Nueva Mayoría han ido construyendo en comunas populares como Lo Prado y Estación Central, ahí existe coordinación local, deliberan sobre las propuestas gubernamentales, van construyendo opinión desde la base social, desde la base de la Nueva Mayoría

La tarea de los dirigentes es poder coordinar todas esas opiniones y puntos de vista desde la sociedad, eso es lo que les dará sustento y estabilidad en el tiempo; ir construyendo una masa crítica con ciudadanos que opinan y que su opinión influye, es promover una participación democrática y deliberativa verdadera en la sociedad, es decir, caminar hacia una democracia madura y no artificial.

Para ello la labor de los partidos políticos es considerar esas opiniones que se gestan en el centro de la comunidad, es lo que les dará la fuerza que se necesita para que la representación sea cierta, sea respetada.

Las comunidades también tienen que hacer un esfuerzo en tomar espacios de poder que no se han atrevido a tomar para que su voz sea escuchada y pasar de simples receptores o buzones a protagonistas de la historia, así como lo fueron los movimientos sociales y los partidos comunales en la recuperación de la democracia.

Existen liderazgos locales dignos de destacar, Iván Fuentes es un ejemplo de ello, los dirigentes estudiantiles también lo son, las elites políticas ya están desgastadas y sin fuerza, es el momento, es el minuto de actuar, atreverse, levantar la voz, hacerse escuchar.

Si es así, otro tipo de país estaremos construyendo.

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