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Arcis: lo que ya no podrá ser

por 8 noviembre, 2014

Arcis, como comunidad política que albergó a estudiantes, académicos connotados, trabajadores-funcionarios que hacían de ella un lugar ameno, ya no será lo que fue, a pesar de todas las figuras que puedan aparecer en el camino para solucionar esa crónica de muerte anunciada. Sin embargo, a pesar de lo señalado anteriormente, no dejaré de soñar que algún día se volverá a reivindicar el rol “crítico” que algún día tuvo, sea en el lugar que sea, con las personas que sea y a la hora que fuera.
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Hoy huelo con nostalgia los recuerdos que deambulan por los solitarios pasillos que recorren estudiantes, funcionarios y académicos de la Universidad Arcis, una institución marcada históricamente por la batalla incesante (intelectual y política) contra una cruenta dictadura militar en los años 80.

Arcis, la comunidad que recibió a los mejores intelectuales tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Yo me pregunto, con gran frustración, qué le sucedió a ese majestuoso estandarte que llevaba, con la frente en alto y alevosía, del saber crítico y la intelectualidad de izquierda. ¿Qué dirían Jacques Rancière, Alain Touraine, Slavoj Žižek, Tomás Moulian, Manuel Antonio Garretón, Gabriel Salazar, Norbert Lechner y otros tan conspicuos personajes que pasaron por ella?

Hoy, ya no con la frente en alto, sino que cabizbaja, la universidad Arcis atraviesa una crisis crítica que poco a poco está eliminando a esos grandes bastiones de saberes sociológicos, filosóficos, politológicos y artísticos sobre la sociedad, desviando la atención hacia otra parte, utilizando estrategias evasivas comunicacionalmente (malabarismo conceptual) y aparentando funcionar en la más y absoluta normalidad.

Arcis, como comunidad política que albergó a estudiantes, académicos connotados, trabajadores-funcionarios que hacían de ella un lugar ameno, ya no será lo que fue, a pesar de todas las figuras que puedan aparecer en el camino para solucionar esa crónica de muerte anunciada. Sin embargo, a pesar de lo señalado anteriormente, no dejaré de soñar que algún día se volverá a reivindicar el rol “crítico” que algún día tuvo, sea en el lugar que sea, con las personas que sea y a la hora que fuera.

Todo aquel que haya pasado por Arcis sabe que se respiran constantemente “lenguajes críticos” que van desde posturas marxistas hasta enfoques que podrían ser considerados posmodernos. Esos lenguajes críticos estaban insertos en el convivir diario de todos(as) los que reflexionaban, cavilaban, analizaban o diagnosticaban sobre algo. He ahí la peculiaridad de ARCIS, algo que se diferenciaba abruptamente de otras universidades: la convivencia de diferentes escuelas de análisis, permitiendo pluralidad y tolerancia.

Sin embargo, a raíz de eso, no puedo dejar de pensar en dos dimensiones. La primera es que Arcis, como la “universidad más pública de las privadas”, no fue capaz de lidiar con aquello que ella misma criticaba. Vale decir, el propio funcionamiento del ethos mercantil de la educación, donde prima la lógica de la maximización de utilidades y el estereotipo clásico brindado por Weber sobre el principio de racionalidad. En efecto, Arcis ha caído en el peso de su propia trampa, cometiendo irregularidades administrativas y financieras que se tradujeron en lo que todos(as) ya conocen.

La segunda dimensión es la más problemática, teniendo directa relación con la contradicción en la cual se ve inserto el discurso institucional de la universidad. ¿Cómo es posible que una universidad de izquierda no sea capaz de responder adecuadamente a los planteamientos de los trabajadores y académicos? Si bien la crisis de Arcis también es expresión de una crisis mayor (vinculada a un modo de hacer educación basado en Friedman y Von Hayek), no se pueden eludir audazmente las responsabilidades particulares de algunas personas.

En consecuencia, Arcis, como comunidad política que albergó a estudiantes, académicos connotados, trabajadores-funcionarios que hacían de ella un lugar ameno, ya no será lo que fue, a pesar de todas las figuras que puedan aparecer en el camino para solucionar esa crónica de muerte anunciada. Sin embargo, a pesar de lo señalado anteriormente, no dejaré de soñar que algún día se volverá a reivindicar el rol “crítico” que algún día tuvo, sea en el lugar que sea, con las personas que sea y a la hora que fuera.

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