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Reforma educacional: parcialidad que crea incertidumbre

por 10 noviembre, 2014

Hacer propio el sentido de la reforma educativa es un ideario que excede a los cambios regulatorios que han copado la agenda pública, si bien son indispensables, no pueden aparecer como únicos y aislados. Hoy es tiempo de construir una mayoría que se sienta parte de esta transformación cultural, ubicándose cada uno de nosotros como sujetos activos de cambio.
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Una tentación exculpatoria de algunos académicos, analistas políticos y tomadores de decisión ha sido instalar en la gente, esa gran “masa” sin nombre ni rostro, la responsabilidad de la implementación de las malas políticas públicas. De esa manera, y de otras más o menos elegantes, los poderes legítimos y los fácticos, no asumen que son los principales administradores del cambio cultural que se pensó y ejecutó en dictadura y se profundizó en democracia: pasar de ser un sujeto social, para el que “su problema es mi problema”, a ser una persona concentrada en el bienestar individual.

A propósito de la reforma educativa y las diversas encuestas que circulan semanalmente en los medios de comunicación, en las que, a juzgar por esos instrumentos, la ciudadanía estaría dividida entre apoyar la reforma educacional o rechazarla, han surgido voces que interpretan este dato como la posición mezquina de un sector de la población que tendría las condiciones para resolver su vida “rascándosela con sus propias uñas”.

Este comentario parte de una premisa que pone el acento en la conducta de la gente. Algunos ejemplos son: los padres y apoderados de los sectores medios defienden sus escasos privilegios, haciendo primar sus intereses individuales por sobre los colectivos; la sociedad no practica el concepto de solidaridad; los estudiantes “meritocráticos” de los colegios públicos con privilegios no desean mezclarse con los niños/as y jóvenes desfavorecidos cultural y materialmente, entre otras afirmaciones… estas constituyen verdades aparentes.

Hacer propio el sentido de la reforma educativa es un ideario que excede a los cambios regulatorios que han copado la agenda pública, si bien son indispensables, no pueden aparecer como únicos y aislados. Hoy es tiempo de construir una mayoría que se sienta parte de esta transformación cultural, ubicándose cada uno de nosotros como sujetos activos de cambio.

En esa misma línea, otra verdad artificial es creer que la ciudadanía quiere cambios en la selección, el lucro y el copago. Si bien ética y educativamente los cambios impulsados por el gobierno van en la dirección correcta, aquello no significa que un sector de la población comparta o entienda las transformaciones que se le proponen. ¿Culpa de la gente?, tiendo a pensar que la globalidad del cambio cultural que se pretende promover no ha sido bien comunicada y que las primeras medidas no han sido acompañadas de iniciativas que permitan dimensionar la necesidad y urgencia de la transformación.

Sumado a la incógnita del contenido que tendrán otros proyectos de ley, tales como la nueva institucionalidad de la educación pública, la reforma a la educación superior y el estatuto docente, se desconoce si existirán propuestas que involucren ámbitos fundamentales para promover el cambio cultural que se requiere: televisión pública de calidad, amplia, diversa, inclusiva, vinculada a las culturas nacionales y locales, que refuerce los contenidos y sentidos que presenta la escuela; una reforma curricular que incorpore a las artes y a las culturas de manera transversal con una valoración similar a las de disciplinas escolares tradicionales; apertura de la escuela a su entorno, resituarla como un espacio de encuentro de la comunidad en la que se emplaza, entre otras iniciativas que van en directa relación con los objetivos de la reforma y en consonancia con el tipo de niños/as y jóvenes que se quiere educar.

Hacer propio el sentido de la reforma educativa es un ideario que excede a los cambios regulatorios que han copado la agenda pública, si bien son indispensables, no pueden aparecer como únicos y aislados. Hoy es tiempo de construir una mayoría que se sienta parte de esta transformación cultural, ubicándose cada uno de nosotros como sujetos activos de cambio.

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