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De la gran recesión a la crisis de la democracia occidental

por 18 noviembre, 2014

De la gran recesión a la crisis de la democracia occidental
Lograron doblarle la mano a Obama respecto del cambio climático y el control de armas en manos privadas, la mayor cantidad en el mundo. Con todo, el Presidente finalmente obtuvo una reforma sanitaria, que ha beneficiado a más de ocho millones de norteamericanos con seguro médico, sin perjudicar a los que ya lo tenían, como hasta hoy alegan los republicanos. Empero quedó con el sambenito de socialista y, por tanto, de que quiere cambiar la cultura y no hacer lo que la mayoría espera, muy similar al argumento de Carlos Peña en contra de la reforma educacional de la Presidenta Bachelet.
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La caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética convencieron a los círculos gobernantes de Occidente de que el economicismo de la revolución conservadora de Thatcher y Reagan, el fundamentalismo de mercado, según el multimillonario filántropo George Soros, era el único modelo de sociedad eficiente y viable. Y la política, al pasar a la cocina, perdió relevancia. La excepción fue la política exterior de EE.UU., que se embarcó en dos largas y costosas guerras, Irak y Afganistán, mientras la política exterior de la mayor parte del resto del mundo se comercializaba y desmilitarizaba.

Los demócratas con Clinton y la socialdemocracia europea se convirtieron con la tercera vía de Blair, la mejor obra de Thatcher según algunos. La Internacional Demócrata Cristiana fue rebautizada como los Demócratas Centristas, y su Partido Popular Europeo se abrió a la derecha, como al partido Fuerza Italia de Berlusconi, mientras la DC y el PC italianos se fusionaban en el Partido Democrático, hoy, en el gobierno.

La economía financiera se expandió vigorosamente, apoyada en las matemáticas y la informática, pero mediante la martingala de los instrumentos de inversión derivados, que llegaron a valer 10 veces la economía mundial de un año, una gigantesca burbuja.

Se impuso la teoría de las expectativas racionales del ser económico. Se olvidó la explicación de Keynes de la depresión de 1929, los muy humanos espíritus animales. Y nadie recordó que la diferencia entre el afán de lucro del capitalismo, con precios justos según los suizos, y la avaricia y la codicia, condenadas por todas las religiones, es muy sutil. Depende del puritanismo social, como predicaba el filósofo moral presbiteriano Adam Smith, o de un gobierno regulador, supervisor, responsable e interventor, como lo son hoy en varios países del Asia del Pacífico.

Cuando los círculos gobernantes no escuchan el clamor popular, como ocurre en la mayor parte de Europa, o la oposición obstruye casi a los niveles del sabotaje, como pasa en EE.UU., el resultado es el nacimiento de la antipolítica, una deconstrucción de la institucionalidad democrática, con efectos impredecibles. Chile también estaría cerca, si no fuera por la popularidad de la Presidenta.

Un nuevo personaje en el escenario del capitalismo patrimonial, el supergerente, se incorporó a la fiesta. El patrón por los últimos 14 años de Lehman Brothers, el banco de negocios cuya quiebra provocó la crisis, tuvo una remuneración total de 480 millones de dólares, es decir, de 1.600 millones de pesos mensuales, por transformar un dólar en 31 gracias a los instrumentos derivados. Pero al estallar la burbuja se descubrió que se trataba de dinero virtual, o sea, que tenía existencia aparente y no real.

La crisis de la democracia europea

La gran recesión, a la que se sumó una mediocre recuperación, en palabras de la Directora Ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, y una creciente desigualdad, que preocupa a medio mundo –desde dicho Fondo a la OCDE, al Papa Francisco y al Presidente Obama, e incluso al Foro Económico Mundial de Davos–, transformaron a la recesión económica también en una crisis de la democracia occidental. La política recuperó su sitial, pero en la forma de la antipolítica.

En Europa salió gente al camino. En Francia, el ultraderechista Frente Nacional. En España, Podemos, el partido de los indignados. En Italia, el movimiento anarquista Cinco Estrellas. En Alemania dos sorpresas: un partido fascistoide, Alternativa, con 7% de los votos, y un gobierno de La Izquierda en el estado de Turingia, que fue parte de la RDA, un partido formado por el PC y disidentes socialdemócratas, en alianza con los Verdes y la Socialdemocracia.

Incluso en la admirada Suecia la política de austeridad de un gobierno conservador frustró la recuperación, y perdió las elecciones, en las que un partido de ultraderecha logró el 13% del electorado. Uno de los diputados de ese gobierno de derechas fue un refugiado mirista chileno, ahora relacionado con Piñera, y nos visita para aconsejarnos esa desastrosa política.

Para rematar, se acaba de descubrir que Luxemburgo, el pequeño país del flamante presidente del Consejo de la Unión Europea, el democristiano Juncker, es un centro de fuga de impuestos para las grandes transnacionales. Los chilenos son también aficionados a esas maniobras. En Croacia, durante las guerras yugoslavas, supe que los Luksic compraron la cervecería de ese país con una sociedad de Liechtenstein. La explicación que me dio el embajador fue que era para evitar pagar doble impuesto.

Obama: un gobierno de dulce y agraz

En contraste, semanas después de la explosión de la gran recesión en Wall Street, EE.UU. eligió a su primer presidente afroamericano, Obama, quien despertó grandes esperanzas. Desde un comienzo, el obstruccionismo al borde del sabotaje, caracterizó a la oposición republicana. Se culpaba al Presidente de todos los problemas. Y utilizaron campañas del terror. Este año, por ser débil frente al terrorismo del Estado Islámico, en la protección del país de la epidemia de Ébola y ante la invasión de inmigrantes ilegales, incluso de niños.

Lograron doblarle la mano a Obama respecto del cambio climático y el control de armas en manos privadas, la mayor cantidad en el mundo. Con todo, el Presidente finalmente obtuvo una reforma sanitaria, que ha beneficiado a más de ocho millones de norteamericanos con seguro médico, sin perjudicar a los que ya lo tenían, como hasta hoy alegan los republicanos. Empero quedó con el sambenito de socialista y, por tanto, de que quiere cambiar la cultura y no hacer lo que la mayoría espera, muy similar al argumento de Carlos Peña en contra de la reforma educacional de la Presidenta Bachelet.

También obtuvo la recuperación más rápida de la recesión entre las economías avanzadas, pero el 1% más rico se llevó la parte del león. Los salarios tienen el mismo nivel del 2007, mientras los índices bursátiles baten récords.

Retiró las tropas de las largas guerras de Irak y Afganistán, pero sigue en actividades bélicas desde el aire, no cerró el campo de concentración de Guantánamo y autorizó a la Agencia Nacional de Seguridad para interceptar millones de comunicaciones electrónicas.

Una lección de lo que no deben hacer los políticos

En estas elecciones de medio mandato presidencial en EE.UU. (el presidente se elige cada cuatro años y el Congreso cada dos) los demócratas sufrieron una gran derrota, pero los republicanos solo obtuvieron una oportunidad, demostrar desde sus mayorías en el Congreso que tienen un proyecto y que pueden gobernar, después de dedicarse a obstruir por seis años, como lo dicen hasta observadores conservadores.

La razón es que el supuesto tsunami derechista se logró con una caja electoral enorme, el gasto total fue el más alto en votaciones de este tipo, 4 mil millones de dólares, la movilización republicana y la abstención demócrata, con una participación electoral bajísima, la menor desde 1942, 36,6%.

Cuando los círculos gobernantes no escuchan el clamor popular, como ocurre en la mayor parte de Europa, o la oposición obstruye casi a los niveles del sabotaje, como pasa en EE.UU., el resultado es el nacimiento de la antipolítica, una deconstrucción de la institucionalidad democrática, con efectos impredecibles.

Chile también estaría cerca, si no fuera por la popularidad de la Presidenta. Cuidado.

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