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La cueva del Simce y los 40 asesores

por 20 noviembre, 2014

La cueva del Simce y los 40 asesores
Muy a pesar del ministro, la vida escolar se yergue maciza todos los días, y ese malestar que había ayer contra el Simce, sigue en pie. Nada ha cambiado. Las movilizaciones de estudiantes, profesores y padres en contra del Simce, esta semana, han vuelto a hacer sentir su voz. De hecho, no callarán mientras siga el Simce con esa lógica neoliberal, tan suya.
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En medio del laberíntico embrollo reformista en que nos metió Eyzaguirre y sus asesores hipsters, en medio de la arremetida conservadora de viejos vinagres en defensa del boliche educacional, y en medio del “jaulazo WWF” que se viene entre el ministro y la diputada Hoffmann, se yergue maciza la vida en el sistema escolar, inmaculada, tal cual la hemos conocido desde siempre. Es que todo sigue igual. Las condiciones tanto objetivas como subjetivas del sistema siguen su tránsito (neoliberal) de costumbre.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos –y déjenme decirlo así– que este es el ministro “menos de Educación” que hemos tenido. Como si fuera una inteligencia artificial de primera generación, sólo sabe decir y hacer una cosa (dígase robóticamente): “Reforma”, “reforma”, “reforma”…

No sabe y no quiere saber nada más, de nada. Con lo que tiene, le sobra. Ya es mucho para él.

Y es que, si lo miramos bien, mal no lo debe estar pasando después de lo que ha hecho con el cargo y con la institución en su conjunto.

El todo del Ministerio de Educación se redujo a ser una vertiginosa “trade office”; y el todo de los roles y funciones que debiera seguir un ministro de Educación se redujo a ser una lista adrenalínica de las tareas de un “trade master” que, junto a sus “traders”, especula, transa, oferta, analiza ventajas, prevé riesgos y compra acciones baratas para venderlas a buen precio en el mercado de la educación chilena… cansador… pero entretenido debe ser para el ministro vivir así, especulando en la bolsa de valores de la educación.

En consecuencia, como está tan enfocado en eso, que además es su entretención, por su formación de economista muy de gusto del FMI, el resto le molesta, le irrita.

El tema de la evaluación de los aprendizajes es una cosa muy distinta al Simce, que como dispositivo normativo institucional caló hondo en la vida escolar: neurotizando y estresando el rol docente, reduciendo el aprender al responder estandarizado, y acabando con la función propiamente educativa que debieran tener quienes dirigen un establecimiento escolar.

La prueba más explícita de ello fue cuando, al ser consultado por el Simce, el ministro (que al parecer se enoja en inglés) afirmó que ya con lo que tenía en el plato estaba bueno, es decir, “reforma”, “reforma”, “reforma” (dígase robóticamente, de nuevo). Aludiendo al conocido “too many cooks spoil the broth”, el ministro fue bastante explícito, más que ministro de Educación, estaba aquí para ser el funcionario de la reforma, nada más.

Envió a sus asesores a organizar una comisión para el Simce, pero como se nos informó, esa comisión nació contrahecha al colocar en su cabeza y en su seno a los dos más conspicuos defensores del negocio del Simce, cabezas del MIDE UC. Esta semana, a propósito, se nos informó que MIDE UC ya tiene una nueva prueba para medir aprendizajes a un módico precio. La pregunta es evidente: ¿es un descuido del ministro y sus asesores esta comisión Simce o es un mensaje directo para decirnos que uno de los enclaves del neoliberalismo educacional se mira pero no se toca? En primera instancia, todos quedamos ¡Plop!, es cierto, pero viendo cómo ha seguido el derrotero de este ministro, es de suyo preocupante.

En fin. Muy a pesar del ministro, la vida escolar se yergue maciza todos los días y ese malestar que había ayer contra el Simce, sigue en pie. Nada ha cambiado. Las movilizaciones de estudiantes, profesores y padres en contra del Simce, esta semana, han vuelto a hacer sentir su voz. De hecho, no callarán mientras siga el Simce con esa lógica neoliberal, tan suya.

El tema de la evaluación de los aprendizajes es una cosa muy distinta al Simce, que como mecanismo de mercado obliga a competir a los estudiantes unos contra otros en pro de un benchmarking que justamente se quiere erradicar del sistema.

El tema de la evaluación de los aprendizajes es una cosa muy distinta al Simce, que como dispositivo normativo institucional caló hondo en la vida escolar: neurotizando y estresando el rol docente, reduciendo el aprender al responder estandarizado, y acabando con la función propiamente educativa que debieran tener quienes dirigen un establecimiento escolar.

El tema de la evaluación de los aprendizajes es una cosa muy distinta al Simce. Razones sobran.

Lamentablemente, parece ser que este nuevo boicot al Simce ni siquiera calificará para “pelo en la sopa” en el plato de Eyzaguirre. Ni el Simce, ni la reforma tan esperada a la educación pública, ni una nueva carrera docente, ni nada.

Está muy ocupado con su “trade center”. Para él, todo es “reforma”, “reforma”, “reforma”, “reforma”, “reforma”…

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